miércoles, 17 de junio de 2026
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‘¿Tv or not Tv?’: tips para padres, que no quieran morir en el intento

Un amable lector nos pidió recientemente y de forma pública…”

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Foto: Unplash

Redacción (17/06/2026 18:00, Gaudium Press) Un amable lector nos pidió recientemente y de forma pública una opinión sobre qué contenidos televisivos se le pueden mostrar a los niños pequeños, en vista a su formación. Sabe el consultante que no es lo ideal, pero que a veces ‘toca’, y entonces pedía una opinión al respecto.

Decimos entonces, que aunque entendemos la situación de muchos padres, nuestra política siempre será buscar y decir la verdad. Por lo que vamos a eso.

Sabemos que la situación hoy de muchos padres no es fácil: si no trabajan los dos sencillamente no se alcanza a llegar a fin de mes, no se tiene con qué pagar la renta, las escuelas, o a veces puede hasta faltar el pan; y sabemos que después de duras jornadas y horas de trabajo lo que se quiere es descansar, y fácilmente, el recurso a la mano es prender la tv o colocar algún programa en youtube, para que los chicos no absorban las pocas energías ya casi no existen.

Sin embargo…

Y para dar una respuesta más cabal, digamos rápidamente, según lo permite un formato de estos de nota de opinión, que es educación.

Educar a un niño es colaborar y ayudar al correcto funcionamiento de las tres potencias del alma, inteligencia, voluntad y sensibilidad, de tal manera que cada vez más sea una persona que piense de acuerdo a la realidad, que extraiga el mejor jugo de la realidad; que decida y actúe en función de lo que piensa; y que tenga una capacidad de sentir rica y ordenada junto a las otras dos potencias del alma, de acuerdo a la vocación que Dios puso en cada cual.

Esta relación armónica es la que tenía el hombre antes de la caída original, y su restauración es fundamentalmente la labor de la gracia: por eso, a los niños hay que desde pequeños hablarles de la gracia de Dios, de los canales de esa gracia, y de las verdades fundamentales de la fe cristiana. Esa es la principal labor educativa, pues como bien enseña la teología, la gracia ilumina la inteligencia, tiempla la voluntad y modera la sensibilidad, en un proceso por encima y más poderoso que el de la mera educación natural. En este sentido, la oración en familia es súper importante, y normalmente los chicos están tranquilos y recogidos en los momentos en que por ejemplo se reza el rosario, lo que convierte esos espacios en instantes de restauración, tanto espiritual como hasta física. Y claro, es fundamental el ejemplo piadoso de los padres: hay gente que dice que no hay otro maestro que el ejemplo.

Dicho esto, la educación, en la escuela y en la casa, también debe atender a las tres potencias del alma: debe proporcionar a la inteligencia buenos objetos, buscando atender las buenas inclinaciones del niño; debe ayudar a formar la voluntad, resaltando la diferencia entre bien y mal, haciendo que esta diferencia sea interiorizada por el niño, evidentemente favoreciendo las buenas conductas y constriñendo las malas, encausando bien las energías infantiles; y debe darle el justo espacio a la sensibilidad, sabiendo que esta es la potencia que más fue atacada por la culpa original, pero que bien usada es parte distintiva del hombre y riqueza con la que se alimentan las otras dos potencias: es cierto que Mozart tenía un don originario espectacular, pero este don tuvo que ser también educado, en un proceso de talento + esfuerzo. Mozart ya era un diamante gigante, pero en bruto, que requería pulimiento. Todos los niños son diamantes, o esmeraldas, o topacios, en bruto, listos para que con un correcto pulimiento (gracia y educación) vayan encaminandose hacia la bondad, la verdad y la belleza, también las de ellos mismos.

Esto es verdaderamente educar para la autonomía, y para la libertad: educar un hombre cuya sensibilidad no lo esclavice sino que la use como excelente instrumento; con fuerza de voluntad para alcanzar sus metas, y con capacidad de análisis y síntesis para que su inteligencia extraiga lo mejor de la realidad, y establezca buenos objetivos, de acuerdo a la luz primordial que Dios haya puesto en esa persona.

Infelizmente, la civilización actual es caldo de cultivo para la hipertrofia de la sensibilidad, y la atrofia de la inteligencia y la voluntad: los ambientes, incluso hasta en la escuela, son muchas veces una invitación constante a que el niño dé rienda suelta a todos sus deseos de placer. Entretanto, el hombre (o niño) que hace ‘lo que el cuerpo le pide’, termina siendo un desdichado, pues no alcanza su fin ni siquiera humano, que incluye el buen desarrollo de la inteligencia y la voluntad: ¿quién es más feliz, un niño que después de esfuerzo consigue ganar una competencia, llámese de matemáticas, oratoria o ciclismo, o el niño que goza todo lo que quiere, que hace lo que quiere, en una cierta inmovilidad estática y animalesca de su ser, medio parecida a la de los chanchitos prontos al sacrificio? Evidentemente el primero, aunque para llegar a la meta haya empleado esfuerzo y haya tenido que padecer proporcionales sacrificios.

Es decir, rápido al chico se le debe enseñar, y en contravía de los dogmas actuales, que cuando perdices, perdices, pero cuando penitencia, penitencia, pues la penitencia es el camino de la cruz que lleva a la luz, incluso en el plano meramente humano. El chico debe aprender, y más en estas sociedades del facilismo y del clic, que el esfuerzo y el sacrificio son algo bueno, lindo, y que produce bellos y ricos frutos, que aunque cuestan, traen felicidad al alma.

Miren que esto ya va mostrando algo que da alivio a los padres.

Respetando las edades y los procesos, un niño que vaya transitando por este camino va dejando de ser ‘carga’ para los padres, y se va volviendo motor de su propio desarrollo.

Entonces, educar puede resumirse en ir ilustrando bien la inteligencia, ir fortaleciendo la voluntad en la búsqueda de buenos objetivos, y en ir enriqueciendo la sensibilidad para que perciba con más sutileza y riqueza las cualidades de los dones que Dios puso en el universo, impidiendo que esta sensibilidad nos haga sus esclavos. Todo eso también con el recurso insustituible de la gracia de Dios.

Déjenme hacer una infidencia:

Desde año y medio trabajo con una persona aún joven, de alrededor de la treintena, director operativo de un mediano emprendimiento. Resulta que yo lo había conocido cuando tenía unos quince años, y lo había dejado de ver a los 16, y por un proceso normal de la psique, él se me había ‘quedado con sus 16’ en la memoria.

Oh sorpresa, buena sorpresa, cuando lo vi dirigiendo reuniones, solucionando problemas, tratando personas, en el despliegue de una ya rica personalidad. Comenté mi buen sorpresa con otro que sí había seguido toda su evolución, y este sabiamente me dijo: ‘los niños también crecen…’. Claro, este creció bien porque tuvo una buena educación. Evidentemente él sigue su crecimiento, aún tendrá muchas cosas por aprender, porque seguimos aprendiendo hasta que nos muramos, pero va muy bien, todo fruto de una buena educación.

Entonces, descendiendo del mundo de las ideas al plano concreto.

El problema de la televisión, nos explicaba un día el Dr. Plinio Corrêa de Oliveira, ni siquiera es solo el contenido sino los ritmos con que son emitidas las imágenes, ritmos diseñados para mantener cautivo al televidente con imágenes impactantes, en rápida sucesión. Pero ritmos que no permiten la reflexión justamente por su velocidad. Esto ya atrofia la inteligencia, por ende la voluntad (porque no se busca con autonomía sino aquello que bien se ha pensado), y tiende a hipertrofiar sensibilidad. En un video, la psique humana tiende a tomar una actitud ‘pasiva’, mientras que en una lectura la psique está más activa, ella misma debe crear las imágenes. Dr. Plinio decía que la Tv más parecía un medio para ángeles, de inteligencia instantánea, que para hombres, de inteligencia racional procesiva.

En estos días estoy realizando un curso especializado ofrecido por la Universidad de Cambridge sobre neuropsicología: algunas lecciones son videos, simplemente grabaciones de las palabras de un expositor, en un ritmo más bien lento. Entretanto, ni siquiera este ritmo más humano me permite cierta reflexión que sí se facilita con la lectura, con el parar, devolverme, buscar en el diccionario, etc. El curso tiene el excelente recurso de ofrecer fichas de memorización al finalizar cada video: es como si ellos supieran la verdad de lo que estoy diciendo.

Entonces, sobre programas de televisión: los padres juzgarán, pero más bien poco, digo yo, mejor si es sesión comentada, e ir favoreciendo más bien la lectura con lecturas entretenidas, los juegos didácticos, manualidades, siempre de acuerdo a la etapa evolutiva, teniendo en vista lo hablado enteramente, de ayudar en la formación de una persona que vaya desplegando todas sus capacidades, particularmente inteligencia y voluntad, una persona que vaya creando buenos hábitos, para mejor servir a Dios, al prójimo, y lograr llegar al cielo.

Por Saúl Castiblanco

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