Mientras continúan las labores de rescate tras los devastadores terremotos en Venezuela, sacerdotes recorren las zonas afectadas para acompañar a las víctimas, bendecir a los rescatistas y recordar que, incluso en medio del dolor, la fe nos sostiene.

Foto: Instagram
Redacción (04/07/2026 08:26, Gaudium Press) Mientras los equipos de emergencia continúan removiendo escombros y buscando sobrevivientes tras los devastadores terremotos que han golpeado a Venezuela, la Iglesia Católica también ha respondido a la emergencia con una misión que va más allá de la ayuda material. Sacerdotes y religiosos se han hecho presentes en las zonas afectadas para ofrecer consuelo espiritual, rezar con las familias, acompañar a los rescatistas y fortalecer la esperanza de quienes han perdido todo.
Entre ellos se encuentra el padre Ignacio Porras, sacerdote español que lleva 22 años de misión en Venezuela y que ha recorrido las calles del estado de La Guaira para compartir la cercanía de la Iglesia con las víctimas de la tragedia.
Uno de los momentos más significativos de su labor ocurrió cuando descendió hasta el lugar donde los equipos de rescate trabajaban para liberar a Hernán Gil Flores, quien permanecía atrapado en el sótano de un centro comercial. Allí rezó junto a socorristas y voluntarios, bendijo las labores de búsqueda y se mostró la entrega de quienes arriesgan su vida para salvar a otros.
La fe no reemplaza el esfuerzo humano
En ese contexto, el sacerdote recordó que la oración no sustituye el esfuerzo humano, pero sí fortalece el corazón de quienes luchan contra el tiempo para encontrar sobrevivientes. “Hay un salmo que dice: ‘Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles; si el Señor no guarda la ciudad, en vano vigilan los centinelas. Es inútil que madruguéis, que veléis hasta muy tarde’. Sí, Dios es el que hace los milagros y, por eso, vamos a seguir pidiendo”. El padre Porras insistió en que la respuesta frente a esta tragedia debe combinar la confianza en Dios con un compromiso concreto de solidaridad hacia los damnificados. “Es necesario rezar y también la acción. Esta es una catástrofe que va a necesitar meses de ayuda. Ojalá continuemos todos con este esfuerzo, con esta ilusión y, sobre todo, con esta confianza en Dios”.
Además, hizo un llamado para que el sufrimiento vivido por miles de familias se convierta en una oportunidad para fortalecer la unidad del país. “Creo que es una oportunidad para Venezuela para unirnos como pueblo. No importa la creencia religiosa que uno tenga, no importa la parte política. Aquí es donde uno puede sacar lo mejor del corazón de las personas, y eso es lo que estamos pidiendo”.
El acompañamiento espiritual también ha llegado de la mano de sacerdotes y religiosos de los Legionarios de Cristo, quienes se trasladaron hasta las comunidades afectadas para distribuir ayuda, celebrar la Santa Misa y permanecer cerca de quienes enfrentan la pérdida de familiares, viviendas y bienes materiales.
En medio de edificios colapsados y barrios enteros intentando recuperarse, el diácono Jordan Sánchez Bañuelos compartió uno de los testimonios que mejor refleja el ánimo de las comunidades afectadas. “Hoy también Dios llegó a La Guaira. La gente preguntaba si iba a haber misa; quieren agradecer, pedir y recibir a Cristo. Los edificios han caído, muchos han perdido sus casas y familias, pero la fe sigue ahí, aún hay esperanza”.
La presencia de estos sacerdotes recuerda que, junto a las excavadoras, ambulancias y brigadas de rescate, también hay quienes dedican sus esfuerzos a sanar las heridas invisibles. Con una oración, una bendición o simplemente escuchando a quienes sufren, acompañan a un pueblo que, pese a la devastación, continúa aferrándose a la esperanza y a la solidaridad como camino para reconstruir sus vidas.
Con información de ChurchPop





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