miércoles, 22 de julio de 2026
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Mons. Mutsaerts: los cuatro riesgos graves de la “sinodalidad”

El obispo auxiliar de la diócesis de ‘s-Hertogenbosch (Den Bosch), en los Países Bajos, ha publicado una fuerte opinión en su blog.

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Redacción (22/07/2026 10:58, Gaudium Press) Mons. Robert Mutsaerts, obispo auxiliar de la diócesis de ‘s-Hertogenbosch (Den Bosch), en los Países Bajos, ha publicado una fuerte opinión en su blog bajo el título «Synodaal proces: een doodlopende weg» («El proceso sinodal: un callejón sin salida»), en la que realiza una crítica teológica y pastoral sobre el desarrollo y las premisas de la llamada “Sinodalidad”.

El prelado holandés sostiene que la ambición de convertir la sinodalidad en una «dimensión constitutiva» de toda la vida eclesial entraña un grave peligro, principalmente porque el propio concepto carece de una definición precisa y corre el riesgo de alterar la estructura misma de la Iglesia.

Los cuatro riesgos clave señalados por Mons. Mutsaerts

En su escrito, el obispo auxiliar de ‘s-Hertogenbosch detalla cuatro puntos críticos que convierten este camino en una vía sin salida:

-De la constitución divina a un «proceso permanente»:

Mons. Mutsaerts recuerda que la Iglesia recibe su fe, sacramentos y ministerios directamente de Cristo y no es una comunidad que se reinventa a sí misma. Advierte que hablar constantemente de «estar juntos en camino» o de «procesos abiertos» amenaza con transformar la autoridad apostólica en un deber de rendición de cuentas ante mayorías sociológicas: «Los obispos no son delegados de un electorado eclesial, sino sucesores de los apóstoles», afirma.

-Confusión entre el sensus fidei y la opinión pública:

El prelado aclara que el instinto sobrenatural de fe de los bautizados, el llamado sensus fidei , no es algo así como la constitución de una opinión pública autónoma que siempre debe ser respetada o que configura ‘dogma’, sino que debe operar en comunión con la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio, y no mediante la simple recogida de deseos o frustraciones: «El Pueblo de Dios recibe la Palabra bajo la guía del Magisterio; no produce una nueva revelación a través de la deliberación», dice.

El obispo holandés, apoyándose en reflexiones del cardenal Robert Sarah, añade que confundir informes sinodales con la voz del Espíritu Santo genera un cortocircuito teológico: «El Espíritu no habla en contra de la Escritura inspirada por Él ni contra la doctrina de la fe transmitida».

Cambio doctrinal a través del lenguaje pastoral:

Aunque los documentos sinodales afirmen que no se busca alterar la doctrina ni tomar decisiones parlamentarias, la insistencia en introducir temas controvertidos (sexualidad, ordenación de mujeres, descentralización de la autoridad) termina por afectar la sustancia: «Lo que no se propone directamente como un cambio doctrinal puede, no obstante, volverse normativo a través de prácticas pastorales modificadas, terminología y experimentos locales».

En este punto, Mons. Mutsaerts rescata la advertencia del cardenal Raymond Burke, subrayando que «los métodos pastorales nunca deben volverse tan independientes que, de hecho, comiencen a corregir la doctrina de la fe».

Incertidumbre institucional permanente:

El obispo alerta que un estado de consulta y evaluación perpetuas sustituye la acción decidida por procedimientos burocráticos, donde grupos de presión organizados y élites teológicas adquieren mayor influencia que los fieles sencillos que desean mantenerse fieles a la doctrina y a la moral.

«Es hora de poner punto final a esta calamidad»

Como conclusión, Mons. Mutsaerts sostiene que la única corrección posible pasa por restablecer el orden de prioridades católico: «Cristo viene antes que el proceso; la revelación antes que la experiencia; la fe antes que la opinión; el ministerio apostólico antes que la participación administrativa; la santidad y la conversión antes que la representatividad institucional».

El prelado holandés concluye su escrito de manera categórica manifestando que «la fe no se determina por votación» y rematando con la expresión literal: «Het is tijd om een punt te zetten achter deze malheur» («Es hora de poner un punto final a esta calamidad»).

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