La visita del papa León XIV a la tumba de San Charbel reafirma la vigencia de una devoción que sigue creciendo gracias a los numerosos testimonios de curaciones y favores atribuidos a su intercesión.
Redacción (25/07/2026 16:22, Gaudium Press) La visita del papa León XIV a la tumba de San Charbel Makluf, en el monasterio de San Marón de Annaya, constituye uno de los momentos más significativos de su reciente viaje al Líbano. Más que un gesto protocolario, representa el reconocimiento a la extraordinaria expansión de la devoción hacia este santo maronita, cuya fama de santidad continúa fortaleciéndose en todo el mundo por los abundantes milagros atribuidos a su intercesión.
Aunque San Marón, fundador espiritual de la Iglesia maronita, vivió en el siglo IV y dio nombre a una de las 24 Iglesias sui iuris de la Iglesia católica, es San Charbel quien hoy se ha convertido en uno de los santos más venerados del cristianismo oriental y occidental.
Nacido en 1828, San Charbel fue ordenado sacerdote en 1859 y pasó dieciséis años en el monasterio de Annaya antes de retirarse como ermitaño durante los últimos veintitrés años de su vida. Su existencia estuvo marcada por una vida de oración, penitencia y silencio. Cada día dedicaba largas horas a prepararse para la celebración de la Eucaristía y prolongaba su acción de gracias después de la misa.
Su muerte ocurrió en la Nochebuena de 1898 mientras celebraba la Santa Misa. Una parálisis lo sorprendió en el momento de la consagración. Posteriormente, durante el proceso para su beatificación, se comprobó que su cuerpo permanecía incorrupto, un hecho que fortaleció aún más la devoción hacia él.
Beatificado por san Pablo VI en 1965 y canonizado en 1977, San Charbel trascendió rápidamente las fronteras del Líbano. La emigración de miles de libaneses permitió que la espiritualidad maronita se extendiera especialmente en Estados Unidos, donde hoy existen numerosas comunidades dedicadas a difundir su testimonio de santidad.
En el monasterio de Annaya, donde descansan sus restos, los monjes de la Orden Libanesa Maronita conservan más de 30.000 milagros y favores documentados atribuidos a su intercesión. Sin embargo, para quienes viven esta devoción de cerca, esa cifra apenas refleja una pequeña parte de lo que ocurre.
“Pero eso es solo una gota en el océano. Hay mucho más que eso”, asegura el obispo Gregory Mansour, responsable de la eparquía maronita de San Marón en Brooklyn. El prelado reconoce que presencia continuamente testimonios de gracias recibidas, aunque no intenta registrarlas todas. “No las documento porque no me dedicaría a otra cosa. Simplemente digo: ‘Gracias, Señor; gracias, Charbel’. Y sigo”, afirma.
Uno de los primeros milagros oficialmente reconocidos fue la curación del herrero Eskandar Obeid, quien había perdido la visión de un ojo en 1937. Según el testimonio presentado durante la causa de beatificación, San Charbel se le apareció dos veces en sueños, primero para invitarlo a peregrinar al monasterio y luego para anunciarle que recuperaría la vista, hecho que finalmente ocurrió.
También forma parte de la historia de esta devoción una fotografía tomada en 1950 por unos monjes maronitas de Scranton, en Pensilvania. Al revelar la imagen apareció la figura de un monje barbado que nadie recordaba haber visto durante la peregrinación. Religiosos ancianos del monasterio identificaron posteriormente al misterioso personaje como San Charbel.
Entre los testimonios más conocidos de los últimos años sobresale el de Dafne Gutiérrez, madre de cinco hijos, quien había sido declarada legalmente ciega en 2014. Animada por un familiar, acudió a la iglesia maronita de San José, en Phoenix, donde rezó ante las reliquias del santo, recibió el sacramento de la reconciliación y fue ungida con óleo bendecido.
Dos días después comenzó a recuperar completamente la visión.
La doctora Anne Borik, especialista en medicina interna y directora del Centro de Vida Espiritual San Charbel, investigó personalmente el caso. “La llevé a otros tres neurooftalmólogos y no me dieron ninguna explicación”, relata la médica, quien asegura que ninguno de los especialistas encontró una causa científica que justificara la recuperación.
Otro de los milagros más difundidos ocurrió en 1993 con Nohad El Shami, madre de doce hijos, quien padecía una parálisis parcial tras sufrir un derrame cerebral. Después de pedir la intercesión de San Charbel, recuperó la salud y aseguró haber recibido en sueños el encargo de asistir cada día 22 de mes al monasterio para participar en una misa de acción de gracias. Desde entonces, esa fecha se ha convertido en un día especial de oración para miles de devotos alrededor del mundo.
La devoción continúa expandiéndose especialmente en Estados Unidos, donde se han creado centros espirituales, nuevas capillas y espacios dedicados al santo, incluso una capilla en la catedral de San Patricio de Nueva York. Para el obispo Elias Zaidan, responsable de la eparquía maronita de Nuestra Señora del Líbano en Los Ángeles, el alcance espiritual de San Charbel trasciende incluso las fronteras del cristianismo. “No se trata solo del Líbano, ni solo de los cristianos; también de los musulmanes”, afirma el prelado, quien sostiene que numerosas personas han llegado a Cristo después de experimentar sueños relacionados con el santo libanés.
Finalmente, resume el mensaje que, a su juicio, sigue transmitiendo San Charbel al mundo de hoy: “Creo que San Charbel nos llama a encontrarnos con Dios a través de la oración. Creo que ese es el mensaje de San Charbel: creer y vivir esa fe en profunda oración con el Señor”.
Con información de Religión en Libertad






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