lunes, 27 de julio de 2026
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Cardenal Müller dice que consistorios deben recuperar las intervenciones libres en plenarias

En entrevista con The Catholic Herald el purpurado alemán habla sobre las consagraciones ilícitas de la FSSPX, y también de cierta connivencia en el caso alemán.

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Redacción (27/07/2026 10:03, Gaudium Press) El cardenal Gerhard Müller, prefecto emérito del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, sostiene que los consistorios convocados por León XIV han recuperado la periodicidad perdida, pero aún no la conversación. En entrevista concedida a The Catholic Herald, el purpurado alemán defiende el retorno de las intervenciones libres en sesión plenaria, no duda en calificar de «acto cismático» las consagraciones episcopales de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X y cuestiona la disparidad con que la Santa Sede trata a la Fraternidad y al catolicismo alemán.

Consistorios recuperados, método sinodal implantado

Cuando el Colegio Cardenalicio se reunió para el cónclave de 2025, muchos de sus miembros se veían por primera vez. La ausencia de consistorios durante el pontificado de Francisco había privado a los cardenales de las ocasiones ordinarias de encuentro e intercambio, hasta el punto de que fue necesario distribuir tarjetas identificativas con el nombre de cada elector.

La petición de recuperar esas reuniones se planteó durante el propio cónclave, y León XIV la asumió como uno de los rasgos de su primer año de pontificado. El primer consistorio se celebró en enero y, al comprobarse que los dos días previstos resultaban escasos, se convocó un segundo en junio. El Papa ha anunciado que pasarán a ser anuales y de mayor duración que los celebrados hasta ahora.

El retorno ha sido acogido favorablemente por el conjunto del Colegio, aunque algunos cardenales bromearon en junio con la conveniencia de escoger una época del año menos calurosa. La discrepancia se sitúa en otro punto: el formato. Han desaparecido las intervenciones libres, la llamada sesión plenaria, sustituidas por la metodología del Sínodo sobre la sinodalidad, que León XIV confirmó en junio como el nuevo modo habitual de trabajo.

Según recoge The Catholic Herald, algunos cardenales con memoria del formato tradicional han manifestado reparos: el método de grupos reducidos no favorecería la discusión sustantiva y dificultaría plantear preocupaciones reales. A ello se añade que el informe de cada mesa debe ser aprobado por todos sus integrantes, de modo que las objeciones minoritarias pueden no llegar al acta oficial.

«Más una lluvia de ideas que una conversación reflexionada»

Müller es uno de los prelados que ha pedido el regreso al formato anterior. En la entrevista subraya la «armonía» existente entre el Papa y los cardenales, y recuerda que el Colegio «no es una asamblea de individuos». Los católicos, precisa, no necesitan al Papa «por falta de inteligencia ni por razones sentimentales», ni buscan «una figura con la que identificarse, como una estrella del pop», sino al sucesor de San Pedro, en cuya persona se articula la colegialidad de los sucesores de los apóstoles.

Preguntado por los asuntos ausentes del programa oficial, el cardenal enumera los temas efectivamente tratados: la reflexión sobre la encíclica, la cuestión de la paz, la inteligencia artificial y la dignidad humana, con la constatación de que hoy se deposita poca esperanza en los políticos, los grandes patrimonios o la economía. La Iglesia, señala, no aspira a ser la mayor de nada, sino a ser «sacramento de la unidad del género humano con Dios y de la unidad de todos los hombres».

El problema, a su juicio, está en el procedimiento. Las preguntas preparadas de antemano condicionaron las respuestas: «Todos estaban tan fijados en esas preguntas que respondían de forma general, no con afirmaciones reflexionadas, sino con comentarios improvisados. Fue más una lluvia de ideas que una conversación reflexionada». De ahí su preferencia por la plenaria, con subcomisiones laterales para temas específicos, al modo de los antiguos sínodos y de los concilios, «donde todos los obispos estaban juntos y podían formular afirmaciones claras».

Müller ilustra el contraste con un episodio del Concilio de Nicea: la discusión alcanzó tal intensidad que San Nicolás llegó a abofetear a Arrio por negar la naturaleza divina de Jesús. «No deberíamos imitar esto», matiza, «pero, por otro lado, debemos hacer afirmaciones muy claras».

Banderas arcoíris e ideología woke

Entre esas afirmaciones que considera pendientes, el cardenal sitúa la imposibilidad de que obispos o cardenales celebren misas con banderas arcoíris, «esos símbolos de una ideología atea», y el rechazo de los «llamados compromisos pastorales». Distingue entre el acompañamiento de las personas que se cuestionan su identidad y la connivencia con lo que denomina «los llamados lobbies gais».

En el mismo pasaje, el Cardenal Müller rechaza la búsqueda de aprobación mediática: «No es nuestro objetivo ser aceptados o elogiados por la prensa moderna o por la izquierda. Si nos elogian, vamos por mal camino». Sobre la ideología woke, a la que califica de «horrible enemiga de la humanidad», afirma que facilitar a los jóvenes la modificación de sus órganos sexuales es «absolutamente erróneo y una idea criminal», por inculcarles la convicción de habitar «un cuerpo equivocado». Lo describe como «un crimen contra la identidad corporal de todos».

El Cardenal advierte igualmente contra la tentación de reducir el magisterio episcopal a la retórica pacifista o a las observaciones críticas hacia Donald Trump. En el terreno político, sostiene, corresponde a los obispos ofrecer criterios morales, no tomar partido por una u otra formación: «Debemos ser siempre independientes de las autoridades políticas y decir la verdad, sea oportuno o no». Y recuerda que la paz cristiana tiene otro origen, con la cita evangélica: «Os doy, no la paz que el mundo os da, sino mi paz, la paz divina». Como describió San Agustín, concluye, subsiste el combate entre la Ciudad de Dios y la Ciudad del Hombre, también en el corazón de cada uno.

Las consagraciones de la FSSPX, «un acto cismático»

La entrevista se realizó pocos días antes de las consagraciones episcopales celebradas por la Fraternidad Sacerdotal San Pío X el 1 de julio, un asunto que el consistorio de junio no abordó pese a que el propio Cardenal Müller lo planteó desde el micrófono pidiendo una respuesta colegial.

Sobre una eventual salida negociada, el purpurado se mostraba escéptico: los llamamientos del Papa y de los cardenales han sido suficientes y parece haberse perdido la esperanza de un cambio de posición. «De ningún modo puede justificarse», afirma. «La ordenación de un obispo sin la comunión con el Papa es en sí misma un acto cismático. Ninguna comunidad puede ordenar a su propio obispo».

El Cardenal alemán resume así la lógica que atribuye a la Fraternidad: «Somos los mejores católicos y por tanto tenemos derecho a defendernos del Papa», planteamiento que considera «la destrucción más profunda del principio de catolicidad» y que equipara a la actitud de Lutero, quien también reivindicó para sí la última interpretación del Evangelio. Recuerda además que la Santa Sede fue tolerante durante largo tiempo y que los Papas y el entonces cardenal Ratzinger sostuvieron numerosas conversaciones sobre la recta interpretación del Concilio Vaticano II. Rechaza como «absurda» la tesis de que solo la misa en forma tradicional sea válida: «La nueva forma no es inválida».

Alemania y el «abuso» del desarrollo dogmático

El contrapunto llega al comparar esa firmeza con el trato dispensado a la Iglesia en Alemania. Müller reconoce el valor de las soluciones diplomáticas «hasta cierto punto», pero sitúa el núcleo del problema en otro lugar: «La cuestión decisiva es la cuestión de la verdad».

A su juicio, se evita declarar heréticos a los obispos alemanes mediante explicaciones que presentan lo ocurrido como «solo una cierta adaptación y modernización», cuando un examen más atento revela una contradicción. Lo califica de «abuso del término desarrollo del dogma», puesto que ese desarrollo «no es un cambio de la sustancia». La doctrina, recuerda, se funda en la autorrevelación de Dios en Jesucristo, «la verdad en persona».

El Cardenal apunta directamente al Comité Central de los Católicos Alemanes, al que describe como «un grupo de ideólogos», con la salvedad de que no todos sus miembros lo son, aunque sí sus dirigentes. Quieren, sostiene, «otra Iglesia según sus ideas, surgidas de la ideología woke y del feminismo», y reclaman mujeres sacerdote no por la predicación del Evangelio ni por una visión de la Iglesia, sino por «una posición de prestigio personal».

Con información de Infocatólica.

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