El purpurado advirtió contra la confusión conceptual respecto a los sacramentos y la jerarquía, refiriéndose al caso de la Iglesia alemana.
Redacción (28/07/2026 10:00, Gaudium Press) El Cardenal Antonio María Rouco Varela, arzobispo emérito de Madrid, ha señalado que la Iglesia no puede ceder ni hacer compromisos en materia de autoridad sacramental ante las tensiones existentes entre Roma y el llamado Camino Sinodal Alemán. En entrevista con El Debate, el purpurado, Arzobispo emérito de Madrid, ofreció un diagnóstico de la situación actual de la Iglesia en Europa, la crisis de fe, los abusos litúrgicos del período posconciliar y la verdadera naturaleza de la autoridad eclesial.
La constitución divina de la Iglesia y el «Camino Sinodal Alemán»
Al referirse a la pretensión de adoptar modelos de decisión parlamentarios —asunto en el centro del debate sobre la Iglesia en Alemania—, el Cardenal Rouco Varela subrayó la naturaleza sacramental de la autoridad en el Cuerpo Místico de Cristo:
«Tratar de interpretar con categorías políticas el organismo que ejerce la autoridad en la Iglesia no es acertado, porque no se debe plegar, en su finura sacramental, a las exigencias de una comunidad humana que se organiza jurídicamente».
«El Colegio Episcopal —sucesor del Colegio Apostólico— no es una especie de parlamento, de Senado que controla a la cabeza —al Rey o al jefe del Estado—. Las categorías naturales mejores para comprender la constitución divina de la Iglesia serían más bien la familia, la paternidad, la fraternidad», afirmó.
Asimismo, el purpurado advirtió contra la confusión conceptual respecto a los sacramentos y la jerarquía:
«Corre por ahí una definición de que el bautismo es la fuente de toda ministerialidad. Eso es una proposición falsa en sí misma. El bautismo es condición indispensable para recibir un ministerio, pero no es la fuente. El ministerio principal y decisivo en la constitución de la Iglesia es el sacramento del orden».
La crisis litúrgica y los excesos de los años 70
Abordando la cuestión de las tensiones litúrgicas y la atracción hacia el rito antiguo por parte de sectores de fieles, el Cardenal explicó que la causa principal radica en los desvíos y la falta de reverencia que siguieron al Concilio Vaticano II:
«Se hizo una reforma litúrgica en el Vaticano II que, en muchísimos y muy extendidos casos, se convirtió en una parodia de la liturgia. Y, claro, cuando la parodia llega hasta tal grado de profundidad que afecta a la verdad misma de lo sacramental… influyó en que grupos de fieles volvieran otra vez a la tradición anterior a la reforma».
«Casos como ese se dieron a lo largo de los años 70. Hubo de todo y, lo que era peor, en las casas de formación, de religiosos, de religiosas, seminarios… Celebrar la Eucaristía en la sala de estar con una mesa baja. Sentados, en cuclillas, traer el vino de la nevera, el pan de no sé qué y luego hablar cada uno lo que le parecía… Casi lo único reductible a verdad teológica eran las palabras de la consagración».
«Se pasó de la celebración de la Eucaristía instituida por el Señor —sacramento de su presencia sacrificial y sacrificada en la cruz que alimenta nuestras almas; su carne y su sangre; la presencia de lo Divino en medio de tu vida y de tu historia— a una especie de juego de amigotes o de amigos, sin más. Hay una distancia infinita».
Diagnóstico de la fe en Europa y fidelidad al Concilio Vaticano II
Sobre la pérdida de arraigo del cristianismo en el continente europeo, el purpurado precisó que el problema de fondo no es meramente estructural u organizacional, sino profundamente teológico:
«La preocupación no es solo de la Santa Sede y de los Papas… Hay una crisis de fe anterior a una crisis de la Iglesia, algo que se está dando en toda Europa de una manera más grave o menos grave», dijo.
«Si la fe en Dios falla, si la fe en Jesucristo falla, no entiendes a la Iglesia. Si la Iglesia no se concibe como la define el Vaticano II —el sacramento universal de la salvación en Cristo donde Él se hace presente—, se diluye en una especie de realidad social que se dedica a lo religioso».
Finalmente, el Cardenal Rouco Varela insistió en la necesidad de retornar a los textos auténticos del último concilio ecuménico para guiar el camino de la Iglesia:
«Hay que volver al Concilio Vaticano II, ya que es la fuente inmediata, clara, evidente, inequívoca de lo que se le pide a la Iglesia por mucho tiempo. Todavía tenemos mucho espacio de aplicación del Vaticano II por delante».
Las observaciones del purpurado español se dieron a conocer mientras un nuevo movimiento laico en Alemania solicitaba al Santo Padre detener la formación de una Conferencia Sinodal permanente. Dicho órgano pretende reunir a un número igual de obispos y laicos para decidir sobre asuntos eclesiales.
En declaraciones concedidas al medio español El Debate, el Cardenal Rouco Varela advirtió contra la intención de extrapolar esquemas civiles y parlamentarios al gobierno de la Iglesia. Para ejemplificar la verdadera naturaleza del orden y la autoridad eclesial, el purpurado remarcó:
Explicó que intentar interpretar la autoridad dentro de la Iglesia bajo categorías políticas «no es correcto».
Enfatizó expresamente que el Colegio Episcopal «no es una especie de parlamento».






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