La abogada Laura Sgrò, representante de cinco denunciantes, advierte sobre la desolación y el sentimiento de abandono que genera para las víctimas un procedimiento sumido en el secretismo.

La abogada Sgrò – Foto: Instagram lliberevento
Redacción (28/07/2026 11:27, Gaudium Press) Tras el desmentido de la Sala Stampa vaticana, de que el caso Rupnik haya concluido con una absolución en el Dicasterio de la Doctrina de la Fe que lo juzga, la noticia no impide que exista una sensación generalizada de que la justicia vaticana no camina, y peor, desconoce el dolor de las víctimas.
Así lo resume Riccardo Cascioli, en su nota en La Nuova Bussola Quotidiana titulada “Víctimas ignoradas, el proceso de Rupnik es un otro escándalo” (Vittime ignorate, il processo a Rupnik è un altro scandalo).
Casciole recoge particularmente declaraciones de la abogada Laura Sgrò, representante de cinco denunciantes, quien advierte sobre la desolación y el sentimiento de abandono que genera un procedimiento sumido en el secretismo, donde ni siquiera se ha escuchado a las afectadas ni revelado los nombres de los jueces.
De hecho, el prolongado proceso canónico contra el sacerdote y artista Marko Ivan Rupnik, acusado por decenas de personas de abusos físicos, psicológicos y espirituales cometidos a lo largo de más de tres décadas, continúa generando momentos de profundo sufrimiento e incertidumbre para las víctimas. A la carga emocional y espiritual de las agresiones sufridas se suma ahora la desolación provocada por la falta de información, la desatención institucional y la opacidad que rodea las actuaciones al respecto en el tribunal del Dicasterio para la Doctrina de la Fe.
Así lo ha puesto de manifiesto Sgrò, que es representante legal de cinco de las ex-religiosas que han denunciado formalmente al antiguo sacerdote jesuita. En recientes declaraciones tras las filtraciones periodísticas sobre el curso de la causa y la falta de pronunciamientos claros del Vaticano, la jurista ha denunciado que la manera en que se está gestionando el procedimiento constituye una «ulterior violencia» hacia mujeres cuyas heridas continúan abiertas.
Un dolor que revictimiza por el silencio y el abandono
El núcleo del malestar radica en la absoluta falta de comunicación con las afectadas directas. A pesar de haber solicitado de manera reiterada formalizar la participación de las víctimas en el proceso como parte lesionada, la defensa denuncia no haber recibido respuesta alguna de los organismos competentes.
En carta dirigida al Cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, la abogada Sgrò expresó el estado de ánimo de las denunciantes:
«Mis representadas están profundamente desconcertadas y adoloridas. Nunca han sido informadas de nada, ni siquiera a través de mi mediación, sobre un proceso del cual se susurra de todo pero no se sabe nada con certeza. (…) Las víctimas se sienten abandonadas y traicionadas; víctimas una vez más de un sistema que nunca las ha acogido, protegido ni reconfortado».
Sgrò sostiene que ocultar información básica del proceso judicial termina revictimizando a quienes ya sufrieron abusos graves y abusos de conciencia en entornos eclesiales o comunitarios.
«Un proceso a ciegas»: Las declaraciones de Laura Sgrò
La abogada de las denunciantes aclaró enfáticamente que su reclamo no busca la espectacularización del caso ni la alteración del derecho canónico, sino el cumplimiento de las garantías procesales elementales en cualquier sistema de justicia, que aseguren un juicio justo y equitativo:
«Nunca he pedido un proceso público ni que la Santa Sede cambie su ordenamiento legal, sino solo que existan las informaciones mínimas que garanticen el derecho a la defensa y el principio de contradicción. Sin estas garantías, no puede haber justicia».
Sgrò calificó el desarrollo actual como un «proceso fantasma» o conducido en la total oscuridad, donde las víctimas no han sido citadas a declarar ni han podido conocer elementos esenciales de la causa, tales como la identidad de los magistrados asignados:
«¿Cómo se puede garantizar la credibilidad en un proceso en el que las víctimas ni siquiera conocen los nombres de los jueces? Podría existir una incompatibilidad vinculada a hechos del pasado o animadversiones ocultas que influyan en el fallo. ¿Cómo se puede tutelar a las partes —tanto a la acusación como a la defensa— en el marco de un proceso del que no se sabe absolutamente nada? Esto representa otra violencia ejercida contra estas mujeres».
La abogada reveló asimismo que las gestiones para entablar un diálogo directo con el prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe y con el secretario de la Sección Disciplinar, Mons. John Joseph Kennedy, han sido infructuosas.
Antecedentes y la exigencia de una verdad integral
El sufrimiento de las denunciantes se intensifica ante el contraste entre la reserva procesal actual y los hechos que ya han sido ampliamente constatados. En febrero de 2023, la propia Compañía de Jesús presentó las conclusiones de un equipo de investigación independiente (Team Referente) que recopiló testimonios de abusos cometidos entre mediados de los años 80 y 2018. En dicha oportunidad, la Compañía reconoció que el grado de credibilidad de las denuncias era «muy alto», dado que muchas de las víctimas no se conocían entre sí y describían patrones de conducta coincidentes.
Posteriormente, en marzo de 2023, los superiores jesuitas dirigieron una carta a las afectadas en la que expresaron la voluntad de iniciar un «camino de verdad, reconocimiento y sanación interior».
Sin embargo, el clima actual de incertidumbre, agravado por las filtraciones informativas y el hermetismo en los pasillos vaticanos, amenaza con entorpecer ese camino de reparación espiritual y humana. Para las víctimas y sus representantes legales, el restablecimiento de la justicia en el seno de la Iglesia no solo exige la determinación justa de las responsabilidades, sino también la consideración compasiva y el respeto por la dignidad de quienes han levantado la voz tras décadas de silencio.





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