Si la falta de fe constituye un obstáculo para los milagros, ¿por qué Jesús realizó semejante prodigio?
Redacción (02/08/2026 11:16, Gaudium Press) El Evangelio de este 18.º domingo del Tiempo Ordinario [el de la multiplicación de los panes] divide a la humanidad en dos grandes grupos: los que tienen fe y los que no. Cuando se acabó el vino en las bodas de Caná, la Santísima Virgen intercedió por el milagro; ante la falta de pan a orillas del lago, los discípulos pidieron a la multitud que se dispersara. ¿Podría el Señor abandonar a esas personas a su suerte?
La fe, condición para el milagro
San Mateo relata que, tras enterarse de la muerte de San Juan Bautista, Nuestro Señor fue en barca a un lugar desierto. La multitud, ansiosa por estar con Él, siguió la travesía marítima a pie, despertando así la compasión del Salvador, quien se ofreció de inmediato a satisfacer sus necesidades.
Jesús es dueño del tiempo; no le correspondía a Él limitar sus bendiciones al curso del sol. Pero, lamentablemente, no todos lo entendieron. Fue entonces cuando los discípulos, movidos por la mera prudencia humana y, quizás, por el temor a recibir una tarea complicada, le pidieron a Jesús que dispersara a la multitud para que cada uno pudiera proveerse de su propio alimento.
Ahora bien, se presentaba una excelente oportunidad para un milagro. ¿Por qué no lo pidieron? ¡Porque tenían poca fe!
Unos versículos antes, el mismo evangelista relata que, durante su estancia en su tierra natal, Jesús realizó pocos milagros debido a la incredulidad de aquellos entre quienes se había criado.
El caso en cuestión no es muy diferente… Sin embargo, incluso ante la falta de fe de los apóstoles, Nuestro Señor realiza el maravilloso milagro de la multiplicación de los panes y los peces, con tal abundancia que se recogieron doce canastas llenas de sobras.
Pero, ¿cuál es la lógica detrás de estos dos hechos? Si la falta de fe constituye un obstáculo para la acción milagrosa, ¿por qué Jesús realizó semejante prodigio?
¡Porque Dios no abandona a quienes lo siguen con entusiasmo!
Seguir con entusiasmo significa abandonarse en las manos de Dios
¿Quiénes son estos?
Son aquellos que superan las críticas de los incrédulos y no se dejan vencer por el desaliento ni se desaniman ante las dificultades. Llenos de fe, ven lo que los ojos no alcanzan y comprenden lo que trasciende la razón humana. Saben que Dios está presente en sus vidas y que todo lo que sucede obra para el bien de quienes lo aman. Ya sea en la salud o en la enfermedad, en la abundancia o en la necesidad, en la alegría o en la aflicción, están seguros de que cada paso de sus vidas es guiado por el Creador, y acuden a Él con confianza, comprendiendo que es en los momentos más difíciles cuando se obran los mayores milagros.
Por lo tanto, a aquella multitud le importaba poco lo que les sucediera. Estaban tan fascinados por el Maestro que solo les interesaba una cosa: estar con Jesús.
La prueba del abandono
Sin embargo, por contradictorio que parezca, una de las mayores manifestaciones del amor de Dios por alguien es la prueba del abandono.
Cuando la sensibilidad interior a la presencia de Dios, a su apoyo y a su afecto cesa, el alma se hunde en un valle oscuro, donde surgen la amargura, la angustia y, a veces, un sufrimiento muy duro. ¿Qué hacer?
Seguir adelante. Juntar las manos y arrodillarse, implorando ayuda a Aquella que nunca se rindió, ni siquiera cuando vio a su Divino Hijo sin vida en sus brazos. Ella, en cuya alma la fe siempre ha ardido como una antorcha, obtendrá tantos milagros como sean necesarios para proteger a quienes se abandonan a Ella con entusiasmo.
Por Rodrigo Siqueira






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