jueves, 06 de agosto de 2026
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El Papa con los jóvenes en Asís: ver la Iglesia como Madre, seguir el ejemplo de San Francisco

El Papa hoy tuvo un especial encuentro con los jóvenes, en la Plaza Santa María de los Ángeles de Asís. Respondió preguntas de tres jóvenes.

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Foto: Screenshot Youtube / Vatican Media

Redacción (06/08/2026 12:40, Gaudium Press) El Papa hoy tuvo un especial encuentro con los jóvenes, en la Plaza Santa María de los Ángeles de Asís, https://press.vatican.va/content/salastampa/it/bollettino/pubblico/2026/08/06/0622/01157.html el en el marco del Go! Franciscan Youth Meeting 2026!, evento que como su nombre lo indica, tenía como esencia la atención a los jóvenes. El Pontífice fue acogido por los ministros generales de las órdenes franciscanas, Fray Massimo Fusarelli, O.F.M.; Fray Carlos Alberto Trovarelli, O.F.M. Conv.; y Fray Roberto Genuin, O.F.M. Cap.

Como eje de ese encuentro, León XIV respondió dos preguntas de jóvenes, la de Carolina de Croacia, que indagó sobre como ser testigos creíbles de Cristo en un mundo cambiante sin perder la alegría y la cercanía franciscana, y la pregunta de Giovanni de Bolonia, quien indagó junto al Pontífice sobre cómo dar un “sí” definitivo a la vocación, en medio de una “cultura de lo provisional”. También habló con Luigi, de Sicilia, sobre cómo posicionarse ante las incoherencias que pueden verse en la Iglesia, y cómo verla como Madre y mantener un “amor reparador”.

Las respuestas del Pontífice no tardaron en conectar la frescura del carisma franciscano con las heridas del tiempo presente. Dirigiéndose a Carolina, el Papa subrayó el valor del testimonio que surge de regiones marcadas por la historia reciente. Recordó que la joven provenía de una tierra que, tres décadas atrás, vivió el drama de la guerra y la trágica manipulación de la fe. “La presencia de los franciscanos había inspirado durante siglos el diálogo y ayudado a la convivencia pacífica entre católicos, ortodoxos y musulmanes”, señaló, destacando que hoy la fidelidad a esa tradición exige “ir contra corriente, trabajando en la purificación de la memoria y cultivando la reconciliación”.

En un análisis directo sobre los desafíos socio-culturales contemporáneos, el Santo Padre advirtió sobre la creciente tentación de instrumentalizar la religión dentro de las dinámicas de polarización. Ser testigo de Cristo, afirmó, supone romper con los esquemas de la confrontación: “A los cristianos se les pedirá cada vez más convertirse en trabajadores de paz dentro de sociedades tentadas de instrumentalizar la religión en la contraposición de identidades”. Explicó que la fe auténtica “ensancha la mente y el corazón más allá de las fronteras artificiales, es decir, más allá de miedos inducidos por la mala información y de los muros del prejuicio”.

Uno de los momentos más destacados de su intervención ocurrió al proponer el ejemplo de San Francisco: “De San Francisco aprendan la radicalidad evangélica, que es lo opuesto al fundamentalismo: no vuelve ciegos ni violentos, sino sensibles, atentos, siempre en el seguimiento de Jesús y por tanto humildes, acogedores hacia todos”.

Transportando a los presentes a los orígenes del movimiento franciscano, evocó las históricas reuniones en la campiña de Asís para hacer un contraste con la cultura contemporánea, a menudo dominada por la prisa y la virtualidad. Evocando la paz de los frailes que se reunían a dialogar sobre Dios en medio del silencio, instó a los jóvenes a rescatar el valor del encuentro real: “Testimonien este estilo en todas partes, especialmente en un tiempo en que la tecnología desacostumbra a estar juntos, entre personas en carne y hueso”.

El Papa concluyó recordando que la alegría que brota de la sencillez y de la vivencia sincera de la fe posee un poder de atracción infinitamente superior al de los discursos teóricos.

Respuesta a Giovanni

La respuesta del Papa a Giovanni abordó con agudeza la metamorfosis cultural que rodea la idea de la libertad. El Papa comenzó señalando una paradoja histórica: mientras que antaño la Iglesia insistía en recordar lo efímero del mundo para orientar la mirada hacia la eternidad, hoy la sociedad padece una inestabilidad estructural donde nada parece duradero. En este contexto de fluidez y cambio constante, el Santo Padre lanzó una afirmación de fuerte impacto pastoral: “El coraje de realizar una elección definitiva es, tal vez, el acto más revolucionario”.

Frente a la mentalidad contemporánea que percibe el compromiso definitivo como una prisión o una pérdida de posibilidades, el Pontífice ofreció una perspectiva renovada del amor y la vocación. “Decidir para siempre no nos encierra en una jaula, sino que nos abre a un dinamismo más grande”, afirmó, explicando que el verdadero amor es siempre un «éxodo» y un camino que se descubre caminando junto a Dios.

El Santo Padre advirtió con firmeza sobre los riesgos de la dispersión existencial y el refugio en el nomadismo afectivo o profesional. Señaló que la ilusión de mantener siempre las puertas abiertas acaba generando un profundo vacío interior: “Se pueden multiplicar experiencias, contactos y consumos, permaneciendo sin embargo siempre en el mismo punto. El costo humano es alto y el vacío interior es profundo”. Agregó que en esa dinámica es muy fácil caer en la tentación de “usar a las personas y ser usados por ellas”.

Respuesta a Luigi

El Pontífice no eludió la pregunta de Luigi, sobre las sombras que también hay en la Iglesia, sino que la acogió con marcada empatía, reconociendo abiertamente la realidad del dolor y el escándalo que las fallas humanas han provocado a lo largo de la historia. “Muchas personas no han podido hacer experiencia de la Iglesia como Jesucristo quiere que sea. Esto hace sufrir, deja heridas y decepciones, y para alguno puede convertirse incluso en un impedimento para creer”, admitió el Santo Padre, recordando las advertencias del propio Evangelio sobre el tropiezo que los dicípulos pueden causar a los más pequeños.

Sin embargo, el Papa invitó a redirigir la mirada hacia el proyecto original de Cristo y hacia el célebre mandato que transformó la vida del Il Poverello de Asís: “San Francisco, ve y repara mi iglesia”. El Pontífice explicó que el modo franciscano de reparar la Iglesia no pasa por la condena, el juicio demoledor ni la soberbia, sino por la conversión personal y el servicio humilde. Frente a las dinámicas del mundo —basadas en el poder y la dominación—, el Santo Padre subrayó el mandato de Jesús: “No dominar, sino servir; no agarrar, sino recibir; no retener, sino restituir: es la vida de Dios la que repara la Iglesia y la convierte en un pueblo libre”.

Para ilustrar cómo sanar la visión de la Iglesia como Madre, el Papa enfatizó que la comunidad eclesial no es un club de personas perfectas, sino un lugar de obra, en permanente construcción donde todos los bautizados tienen un papel activo: “Para compartir el deseo del Señor no sirve mostrarnos mejores de lo que somos. Es necesario reconocer y dejar actuar a Jesús Resucitado en nuestra vida”.

Concluyó animando a los jóvenes a asumir su responsabilidad en este proceso de restauración cotidiana, hablando de la Iglesia con la ternura con que se trata a una madre herida. Al asumir esta actitud, afirmó el Pontífice, la Iglesia deja de ser vista como una estructura burocrática y vuelve a revelarse como el espacio humano y divino donde Jesús sale al encuentro de cada persona, cumpliendo su promesa de permanecer con su pueblo “todos los días, hasta el fin del mundo”.

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