Mons. Hansen organiza un sínodo para conocer mejor la realidad de la diócesis y cómo organizarla con una visión común, pero siempre dentro de la doctrina de la Iglesia y no como reunión democrática.

Al centro Mons. Hansen – Foto: St Mary’s Seminary and University
Redacción (10/08/2026 09:30, Gaudium Press) El obispo de Oslo, Mons. Fredrik Hansen, converso del luteranismo, lleva solo un año al frente de su diócesis noruega, pero ya se ha distinguido en varias ocasiones como un pastor excelente y lleno de celo. En poco más de doce meses y entre otras cosas, ha reactivado la marcha por la vida después de cuatro décadas de interrupción, ha creado un lugar permanente de oración por los cristianos perseguidos dedicado a la Virgen, ha pedido a los fieles que le escriban directamente si encuentran dificultades para confesarse y ha facilitado la celebración con la liturgia antigua para los que quieran acudir a ella.
Ahora, va a iniciar un sínodo diocesano, unas palabras que suscitan cierta intranquilidad en tantos fieles que han visto la experiencia del interminable sínodo de la sinodalidad como una pérdida de tiempo y una forma de tener contentos a quienes desean encontrar una vía para cambiar la fe de la Iglesia. El sínodo de Oslo, sin embargo, parece algo muy distinto.
Muy lejos de los ambiciosos y dudosos intentos de cambiar la Iglesia desde abajo, el sínodo de Oslo será, en primer lugar, «una forma de recopilar información y datos que nos permitan conocer la realidad». En ese sentido, explica que, por ejemplo, «no basta con observar lo que sucede en la ciudad de Oslo y sus alrededores», sino que también hay que conocer la opinión de los fieles del resto de la diócesis.
Mons. Hansen explica, en una entrevista concedida al portal katolsk.no, que la diócesis de Oslo, «como todas las diócesis, presentará una evaluación del Sínodo sobre la Sinodalidad, que impulsó el Papa Francisco», de modo que hay que recabar las opiniones de los fieles y clérigos de la diócesis.
¿La gran diferencia con otros procesos sinodales más dudosos? «Un sínodo diocesano no es una reunión democrática», señala categóricamente Mons. Hansen, en referencia indirecta al proceso sinodal alemán, que ha terminado por convertirse en un asamblearismo revolucionario, donde nada es sagrado y todo puede cambiarse con un número suficiente de votos.
“Tengo la obligación de excluir lo que se oponga a la doctrina de la Iglesia”
En el sínodo de Oslo, no se admitirán llamamientos a cambiar la doctrina de la Iglesia, como ha sucedido tantas veces en los sínodos de la última década. «Como obispo, también tengo la obligación de excluir del sínodo aquello que se oponga a la doctrina de la Iglesia o la ponga en duda», explica Mons. Hansen. «No nos corresponde decidir sobre fe y moral».
Con una visión tradicional de lo que es un sínodo diocesano, el obispo de Oslo apela al ejemplo de «los sínodos que convocó San Carlos Borromeo, el gran obispo reformador de Milán, siguiendo las directrices del Concilio de Trento». Así, el sínodo servirá para contar con «una visión común y bien definida para la vida de la iglesia local: qué buscamos, hacia dónde queremos ir», porque la «construcción de la Iglesia aquí, en nuestro país y en nuestra diócesis, no es algo que se terminó con San Olaf».
Los dos puntos fundamentales del sínodo «serán la catequesis y la atención pastoral en diferentes idiomas», por la sencilla razón de que son esenciales para el trabajo que se realiza en las parroquias. Debido a que el luteranismo es la religión oficial de Noruega, gran parte de los católicos son inmigrantes y se requieren numerosas catequesis y misas en idiomas distintos del noruego.
Con información de Infocatólica.





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