martes, 11 de agosto de 2026
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La sutil y radical diferencia entre generación del anticristo o raza base del Reino de María

“Llevaba al aeropuerto a una hermana que hace tiempo vive en EE.UU. y que por ello ha perdido un tanto ciertas percepciones latinas…”

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Redacción (10/08/2026 17:31, Gaudium Press) Llevaba al aeropuerto a una hermana que hace tiempo vive en EE.UU. y que por ello ha perdido un tanto algunas percepciones latinas, o más bien se ha acostumbrado a cierta bonhomía tranquila, ordenada, recta y felizmente simple americana, muy propia del lugar donde mora que es bastante al norte, harto anglosajón, casi en la frontera de Canadá.

Íbamos con tiempo suficiente por una de esas avenidas principales congestionadas, típicas de las urbes no muy planificadas de la parte sur del Río Bravo, sin nada de belleza, solo gris, smog y mala funcionalidad, elementos que ya predisponían para ver el corto ‘espectáculo’ que pudimos contemplar.

En uno de los trancones, giré mi cabeza hacia la derecha, para impresionarme (yo, que ya cada vez me impresiono menos, serán los años…) con el rostro de un joven pero avejentado taxista, de tatuajes en rostro, pómulos hundidos probablemente por larga acción de estupefacientes, y hablando fuerte pero lento y lleno de modismos y jerga baja, como quien estuviera dando instrucciones para una fechoría, o contando cosas no buenas

Queriendo que mi hermana recordara un poco ciertos ‘sabores’ de la tierra, y sobretodo para que no olvidara que la maldad humana existe, le dije decidido:

—Mira discretamente a la derecha y observa el personaje del lado, le solté de sopetón, mientras observaba atento el gesto que haría. Ella ingenuamente volteó, y apenas vislumbró de qué se trataba, volteó con rapidez su cabeza hacia el frente, como quien hubiese visto el horror.

El personaje infundía cierto temor sería alguien que no gustaría nunca de encontrarme en una calle solitaria, o tener desentendidos con él pero sentí también una cierta compasión, pues era evidente que era prisionero del vicio y el pecado, y su rostro era solo el espejo de la esclavitud de su alma.

Recordé poco después una frase de un pensador católico, que decía que estos tiempos bien podían titularse como los de la generación del anticristo.

¿Por qué, si hombres malos y hasta muy malos han existido en todos los tiempos?

Sí, pero estas generaciones tienen unas características muy particulares, que las hacen muy influenciables por el maligno.

Primero, lo que se percibe es una maldad que en las generaciones jóvenes se va generalizando, vehiculada potentemente por la contracultura dominante de hiperconexión, esa que abunda en reggaetones y congéneres que ensalzan las drogas, la materialización de la mujer, y un gozo hedonista de la vida que va corroyendo las costumbres. Eso va tomando proporciones ciclópicas.

Además las nuevas generaciones son cada vez más manipulables vía emoción.

Son muchas las campañas políticas que cada vez más apelan al estilo comic emoción, de superhéroes, para ensalzar a su candidato, en lugar de exponer a los electores un análisis metódico y racinal de las propuestas que trae. Los expertos en marketing saben que hoy la razón está eclipsada, atrofiada, y que es más útil generar buenas emociones y sentimientos, en la línea de ‘este producto te hará sentir alegre, bien, feliz’, que mostrar de forma científica que ese mismo producto es bueno para la salud o el consumo. Y siendo estas generaciones en ese sentido más manipulables, pueden serlo por los poderosos, por un poderoso, por un ‘anticristo’.

Entonces, tenemos a generaciones con menos estructura psíquica, y lamentablemente con más facilidad hacia el mal.

Pero ocurre que la Virgen dijo en Fátima: “… por fin mi Inmaculado Corazón triunfará”, y dice el sentido común que ese triunfo no es para las calendas griegas, para el año 3000, sino para nuestros tiempos, con generaciones quebradas como estas, o peor. ¿Cómo será eso posible?

Solo hay una manera: una entrega total a la Virgen, a lo sobrenatural, desde la conciencia sincera de la debilidad y la confianza.

Como que se va armando el puzzle, el rompecabezas del ‘Reino de María’.

Dice San Luis María de Montfort, al anunciar esa nueva devoción que vino a promocionar como profeta del Reino de la Virgen que fue, que el devoto más que ser la piedra donde la gracia esculpiría la figura de la santidad, debía ser simplemente el yeso líquido que debería verterse en el molde de María. Y eso, el verterse, en muchos aspectos es más fácil para estas generaciones líquidas de hoy, que para las anteriores que todavía tenían cierta estructura psíquica.

Entonces, estas ‘generaciones del anticristo’, si reconocen su miseria y se entregan sin reservas y confiantes a la acción de la gracia, son también las ‘generaciones del Reino de María’.

La diferencia entre unas y otras, no la hace propiamente la estructura psicológica, que es miserable, sino la rapidez, asiduidad y confianza con que juntan las manos para rezar, mejor si es por medio de María Santísima, y mejor como miserables esclavos de la Madre de Dios. El problema es que, y también por la falta de sentido común de estas generaciones de cristal, algunos de sus especímenes a veces se creen de acero, o creen que pueden hacerse naturalmente de acero, algo desmentido más temprano que tarde.

Es mejor ser el yeso líquido de María. Para ser de la generación de María, de esa que ella cuida como la niña de sus ojos.

Por Saúl Castiblanco

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