El arzobispo de San Francisco, EE.UU. Mons. Salvatore J. Cordileone, ofreció el pasado 9 de agosto una homilía con motivo del XI Domingo después de Pentecostés.

Mons. Cordileone – Foto: fssp.com
Redacción (11/08/2026 16:14, Gaudium Press) El arzobispo de San Francisco, EE.UU. Mons. Salvatore J. Cordileone, ofreció el pasado 9 de agosto una homilía con motivo del XI Domingo después de Pentecostés, en la misa celebrada en la parroquia de Santa Mónica, durante la cual reflexionó sobre el sentido espiritual de la curación del sordomudo narrada en el Evangelio de san Marcos y su vínculo con la recepción fiel de la fe transmitida por la Iglesia.
El prelado partió de la fórmula que el sacerdote pronuncia en el rito bautismal, cuando pide a Dios que abra los oídos y la boca del niño para que reciba y proclame la palabra divina, tal como Cristo hizo con el sordomudo del Evangelio. Según explicó, la sordera física funciona en la Escritura como metáfora de la sordera espiritual de quienes se resisten a escuchar a Dios.
Mons. Cordileone destacó que este milagro solo aparece en el Evangelio de San Marcos, y subrayó que el itinerario descrito —Jesús atravesando territorio pagano de camino a Jerusalén— revela una intención más amplia: mostrar la apertura del plan de salvación de Dios más allá de los límites del pueblo elegido. A su juicio, San Marcos presenta así a Jesús como modelo de una Iglesia en misión, llamada a confrontar y aliviar el sufrimiento humano dondequiera que se encuentre.
El arzobispo trasladó esta reflexión a la realidad actual de su jurisdicción, formada históricamente por inmigrantes de numerosos países. Recordó que la Iglesia católica, aunque universal, no es una simple organización internacional, sino una comunidad que respeta las culturas particulares mientras las une através de un fondo cultural común, que tiene raíces en la lengua latina —conservada por el Concilio Vaticano II para la liturgia—, el canto gregoriano y la polifonía, y un lenguaje sacramental que reconoce en la realidad física signos de la realidad espiritual.
Citando a San Pablo en su Primera Carta a los Corintios, el prelado insistió en que el Evangelio no es una construcción humana, sino algo recibido y transmitido fielmente de generación en generación desde los apóstoles. Puso como ejemplo la conversión del apóstol de los gentiles, quien tras perseguir a la Iglesia experimentó un arrepentimiento que lo llenó de paz, esperanza y confianza, a pesar de las persecuciones y el martirio que después padecería.
Mons. Cordileone advirtió que, en un tiempo como este marcado por la incertidumbre y el temor por el futuro, el mayor riesgo es “volverle la espalda al Señor” y vivir como si Dios estuviera conforme con una vida ajena a su enseñanza. Frente a ello, propuso acoger con corazón fiel el Evangelio recibido, junto con el patrimonio de doctrina, culto y servicio a los pobres que la Iglesia ha custodiado a lo largo de los siglos.
El arzobispo concluyó su homilía señalando que recibir el Evangelio con fidelidad da la certeza de pertenecer a una familia mayor —la Iglesia universal— y de estar ya en comunión con los santos que contemplan a Dios cara a cara, a quienes pidió intercedan para que los fieles vivan el amor cristiano especialmente hacia quienes más lo necesitan.





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