La Orden Teutónica, antiguamente militar y hoy puramente religiosa, sigue activa en Centroeuropa. Recientemente, el Gran Maestre ha bendecido los estandartes de un batallón austriaco y ha señalado a Nuestra Señora como un ejemplo de la disciplina, lealtad y obediencia que deben practicar los militares.

Al centro, el gran maestre de la Orden Teutónica, P. Frank Bayard, con su consejo general – Foto: usgroma.org
Redacción (13/08/2026 09:17, Gaudium Press) La Orden de los Caballeros Teutones es una de las órdenes religiosas de carácter militar más importantes de la historia, llegando a gobernar un territorio de unos 180.000 km2, conquistado a los pueblos paganos de lo que actualmente son Polonia, Letonia, Estonia, Lituania y Rusia. Fue el llamado Estado Teutónico.
Infelizmente, en 1525, el Gran Maestre Teutónico, Alberto de Brandenburgo, se convirtió al protestantismo para apropiarse personalmente de todas las posesiones de la Orden que pudo, fundando con ellas el Ducado de Prusia. Con ello, el resto de la Orden Teutónica perdió gran parte de su influencia. Las guerras napoleónicas le dieron el golpe de gracia y, puesto que ya solo conservaba posesiones en el Imperio Austrohúngaro, trasladó su sede a Viena.
Como las demás órdenes religioso-militares, abandonó su carácter militar a principios del siglo XX y se convirtió en una organización puramente religiosa, aunque sigue nombrando caballeros. En la actualidad, cuenta varias iglesias y unos quinientos sacerdotes, religiosos y religiosas. Desde 2018, dirige la Orden el Abad y Gran Maestre Frank Bayard, de nacionalidad alemana. Los caballeros llevan una capa blanca con una cruz negra, que inspiró la Cruz de Hierro prusiana y alemana.
Ha mantenido su relación con el mundo militar
A pesar de su carácter puramente religioso, la Orden ha mantenido su relación con el mundo militar y ostenta desde 1991 el patrocinio de un batallón austriaco, el Jägerbataillon Viena 1 «Hoch- und Deutschmeister». En ese contexto, el Gran Maestre ha bendecido los nuevos estandartes del batallón austriaco, en una solemne ceremonia.
El Gran Maestre Bayard subrayó durante la ceremonia que los soldados debían verse a sí mismos como una comunidad bajo estos estandartes y actuar juntos. Explicó que la cohesión y la lealtad dentro eran tan indispensables como el sentido de responsabilidad y disciplina. Al mismo tiempo, el Gran Maestre recordó que estas virtudes no eran un fin en sí mismas, sino que servían al servicio del prójimo, la paz y el bien común.
En su homilía, enfatizó que los soldados no se entrenaban simplemente para luchar en las guerras, sino ante todo para defender la paz y la seguridad de su patria. En ese sentido, siempre debían tener presente que los valores cristianos no debían quedar en segundo plano frente a la misión militar.
Asimismo, propuso a la Virgen como un modelo a seguir para los soldados en cuanto a disciplina, lealtad y obediencia. La obediencia de María no era ciega ni irracional, sino que se basaba en una profunda confianza en el plan de salvación de Dios. Ella se mantuvo fiel a su misión incluso en las pruebas más duras y demostró que la obediencia siempre debía estar unida a la conciencia, la responsabilidad y búsqueda del bien.
Con información de Infocatólica.





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