Nuria del Canal, una mujer de Barcelona que fue educada en un colegio del Opus Dei, se alejó de la fe durante décadas, practicó ouija, tarot y Umbanda y llegó a negar la existencia de Dios. Tres experiencias con Dios hizo que regresara a la Iglesia Católica.

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Redacción (25/08/2026 15:54, Gaudium Press) Nuria del Canal, Española, nacida en Barcelona, tiene 51 años y durante buena parte de su vida estuvo lejos de la Iglesia Católica. Aunque recibió formación religiosa desde niña en un colegio del Opus Dei, durante su adolescencia comenzó a distanciarse de la fe y se adentró progresivamente en prácticas esotéricas, espirituales y religiosas ajenas al cristianismo.
Su historia, la cual buscaba respuestas en la práctica de la brujería y la santería, pero finalmente encontró en la Iglesia la solución, fue compartida por ella misma en el programa El Rosario de las 11 pm. “Ahora estoy donde estoy, pero todo fue un largo caminar, de muchas caídas y muchos golpes”, explica al comenzar su testimonio.
Nuria recuerda haber crecido en una familia católica, aunque poco practicante. Era la menor de tres hermanas y describe su infancia como una etapa marcada por dificultades familiares. “Fui educada en una familia católica, pero de nombre, no éramos practicantes para nada”, cuenta. “Ha sido una infancia muy difícil”.
Durante su etapa escolar recibió una formación que, según reconoce, le permitió conocer la doctrina y la fe católica. Sin embargo, al llegar a la adolescencia comenzó a experimentar un fuerte rechazo hacia todo lo relacionado con la Iglesia. “Yo me eduqué en un colegio del Opus Dei, y puedo decir que he recibido una buena formación en cuanto a la fe, a la doctrina y al conocimiento de Dios”, afirma. Pero esa formación no impidió que, años después, se alejara de la práctica religiosa. Al terminar el colegio, Nuria vivió lo que describe como una etapa de libertad y exploración en la que comenzó a experimentar con diferentes prácticas espirituales.
De la ouija al esoterismo
A los 15 años aproximadamente comenzó a practicar la ouija junto a una amiga. Lo que inicialmente parecía un juego terminó convirtiéndose en una puerta hacia un mundo que, según su propio relato, siempre le había producido una particular fascinación. “El mundo prenatural, el mundo demoníaco siempre me había llamado la atención”, recuerda.
Con el paso de los años, esa curiosidad la llevó a experimentar con distintas prácticas. “Esto me llevó a practicar ouija, tarot, reiki, péndulo… no os lo recomiendo en absoluto”, afirma. Nuria asegura que llegó a practicar diferentes formas de esoterismo y magia de manera autodidacta. Paralelamente, llevaba una vida aparentemente normal, trabajaba como diseñadora de moda, salía con amigos y años después se convirtió en madre de un niño. “En mi vida era todo como ‘no pasa nada, todo está bien’”, explica. Su alejamiento de la Iglesia no significó, sin embargo, que dejara de buscar respuestas sobre Dios. Durante años intentó encontrar una explicación espiritual a su existencia, pero quiso hacerlo al margen del catolicismo. Incluso llegó a rechazar la Iglesia después de conocer algunos episodios de su historia. “La Iglesia para mí era algo que no lo quería en mi vida, que siempre esquivaba”, señala. “Descubrí que existió la Inquisición y me pareció tan extraño y tan malvado, que la decepción fue tan grande”.
Años después, Nuria comenzó a practicar Umbanda, una tradición religiosa de origen brasileño que combina elementos de diferentes tradiciones espirituales. Según relata, encontró allí una forma de espiritualidad que consideraba compatible con su manera de entender la vida. “Llevaba unos años buscando a mi manera a Dios y cuatro años practicando la Umbanda”, cuenta.
Para ella, aquella religión ofrecía una experiencia espiritual sin las exigencias que asociaba al catolicismo. “Era una religión que se adaptaba bastante a mis necesidades. Me gustaba porque no había normas, no tenías que dar muchas explicaciones ni tampoco ser muy meritorio en nada, era una religión muy cómoda”, explica.
Durante esa etapa participó en rituales y prácticas vinculadas con los espíritus. Según su testimonio, llegó incluso a realizar actos de hechicería y a considerar aquellas entidades como parte habitual de su vida espiritual. Pero en 2020 comenzó un proceso que cambiaría su manera de comprender la fe.
“Cómo voy a pensar que Él no existe”
Todo comenzó durante una investigación relacionada con su trabajo como diseñadora de moda. Nuria estaba preparando una colección inspirada en el universo y tuvo que estudiar información científica relacionada con las estrellas, los planetas y las dimensiones del universo. La experiencia, lejos de acercarla a la fe, inicialmente produjo en ella una crisis. “Salí del trabajo y empecé a sentir una tristeza muy profunda, unas ganas de negar la existencia de Dios”, relata. Mientras conducía comenzó a cuestionarse cómo podía existir Dios ante la inmensidad del universo y los millones de personas que habitan el mundo. “A partir de ahora creo que voy entendiendo que Dios es imposible que exista”, llegó a decirse.
Fue entonces cuando, según su relato, escuchó por primera vez una voz interior que le formuló una pregunta aparentemente sencilla: “¿Tú amas a tu hijo?”. Nuria respondió que sí. “Hombre, claro, yo amo a mi hijo más que al universo entero”. Entonces, según cuenta, recibió una respuesta que la hizo detener el automóvil y comenzar a llorar, si ella podía amar a su hijo de esa manera, ¿cómo podía pensar que Dios no la amaba a ella? “Si yo era capaz de amar a mi hijo de esa manera, cómo podía pensar que Él, que era Dios, no me amaba a mí por encima de todo ese amor”, recuerda.
A pesar de aquella experiencia, Nuria continuó durante un tiempo con su vida anterior. Seguía vinculada a la Umbanda y participando en sus rituales. Sin embargo, en diciembre de 2020, mientras atravesaba dificultades económicas y familiares, ocurrió lo que considera el segundo momento decisivo.
Era el día de la Virgen de Guadalupe. Antes de llevar a su hijo al colegio, Nuria entró en su habitación y agradeció a Dios por haberle dado aquel niño. “Bendito sea Dios por este hijo que me has dado”, recuerda haber dicho. Al salir de la habitación, asegura que volvió a escuchar una voz que le hizo una pregunta que la desconcertó: “¿Le darías a tu hijo?”. La pregunta la llevó a pensar que Dios podía estar pidiéndole que entregara a su hijo. Sin embargo, su respuesta, según explica, fue inmediata. “Tú nos diste a tu hijo en la cruz y no va a ser más mi hijo que el tuyo, no me gustaría, pero hágase tu voluntad y no la mía”. Poco después ocurrió otro episodio que, para Nuria, reforzó el significado de aquella experiencia.
Al regresar a su casa, asegura que su teléfono comenzó a moverse de manera inexplicable. “Mi móvil se empezó a mover solo, como si cogen y empiezan a manejarlo”, relata. En la pantalla terminó reproduciéndose la película El cielo es real, basada en el relato de un niño que afirma haber tenido una experiencia cercana a la muerte. Nuria decidió verla. Durante la película, asegura haber experimentado una especie de revisión de toda su vida y conciencia de sus acciones. “Tuve como una visión completa de toda mi vida, sentía que delante de mí estaba Dios, que estaba siendo juzgada”, explica.
Según su relato, aquella experiencia cambió completamente la percepción que tenía de su propia vida. “Lo que para mí era una vida estupenda, bajo esta mirada mi vida era un auténtico desastre”. Fue entonces cuando, por tercera vez, asegura haber escuchado aquella voz. “Lo que más me ofende es que te arrodillas delante de otros santos y no lo haces delante de mí, te quiero en mi templo”, dijo Nuria
Después de 30 años volvió a comulgar
Nuria asegura que después de aquella experiencia sintió por primera vez un gran arrepentimiento y una necesidad urgente de confesarse. “Sentí la gracia del arrepentimiento, cosa que yo no había tenido nunca, y una necesidad grandísima de confesarme”. Acudió a misa y describe aquella celebración como una experiencia completamente diferente a todo lo que había vivido anteriormente. “Aquella misa fue como si fuera el día de mi boda, no he visto misa más bonita”. Después de aproximadamente tres décadas, volvió a recibir la Comunión. “Después de unos 30 años comulgué y ahí empezó mi vida de fe”, afirma.
Consciente de que necesitaba reconstruir su relación con la Iglesia desde el principio, decidió acercarse también a la Virgen María. “Como estaba tan perdida, me confié a la Virgen, le pedí al sacerdote que me explicara cómo rezar el Rosario y me consagré”, concluye.
Con información de Religión en Libertad





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