miércoles, 26 de agosto de 2026
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Sinodalidad, ¿médico que escucha pero no cura? – Siguen repercutiendo palabras de Mons. Mutsaerts

El prelado dio reciente entrevista Ad Vaticanum sobre el asunto.

Mgr Rob Mutsaerts

Mons. Mutsaerts – Foto: Wikipedia

Redacción (26/08/2026 16:52, Gaudium Press) Sigue repercutiendo las expresiones de Mons. Robert Mutsaerts, obispo auxiliar de ‘s-Hertogenbosch, sobre la sinodalidad.

Recapitulando, primero el obispo publicó una carta abierta en su blog personal al Santo Padre, procedimiento que no gustó al obispo titular de esa jurisdicción, Mons. Gerard de Korte, no en cuanto al contenido sino con relación al método, pues para él hubieran sido mejores los ‘canales internos de diálogo’. En todo caso las expresiones son tan importantes que han tenido repercusión en todo el orbe, la siguen teniendo, y además han alimentado las conciencias del pueblo fiel que, en tiempos de sinodalidad, desea también conocer y también opinar.

La repercusión, pues, ha ido tomando bulto, y motivó a su vez una entrevista exclusiva al prelado por Niwa Limbu, publicada en Ad Vaticanum , donde reafirma los puntos principales expuestos en su blog, y los amplía. Tal entrevista también fue reseñada en el conocido blog italiano de Sabino Paciolla, en nota de Giuseppe Russo.

En definitiva, en la entrevista a AdVaticanum el prelado insistió en que al proceso sinodal le sobra diagnóstico y le falta terapia: “las palabras que faltan en el Sínodo son arrepentimiento y conversión”.

Conocido por sus críticas al Sínodo de la Amazonía de 2019, el obispo neerlandés sostiene que el criterio para juzgar la sinodalidad no puede ser interno —cuánto se escuchó, cuánta gente participó, cuántos documentos se redactaron—, sino el que fija el propio Código de Derecho Canónico en su canon final, cuando declara que la salvación de las almas es la ley suprema de la Iglesia. Medido con esa vara, dijo, en la sinodalidad “hay motivos serios para la crítica”.

Caminar, sí, pero ¿hacia dónde?

Para Mons. Mutsaerts, “caminar juntos” solo tiene sentido si se sabe hacia dónde se camina. El destino final, subrayó, no puede ser solo una mayor participación eclesial sino Cristo mismo; no el diálogo como valor en sí, sino la santidad y la incorporación a la vida de la gracia. Cuando los medios —consulta, estructuras, métodos sinodales— empiezan a ocupar más atención que el fin, “algo se ha invertido”.
En la mente del obispo Cristo no fundó un grupo de discusión, sino que convocó apóstoles y les dio autoridad. De ahí que, para él, la escucha eclesial no pueda sustituir eternamente al anuncio: un médico escucha con atención al paciente, pero escuchar no es curar.

El espejo holandés

La entrevista dedica un tramo extenso al caso de su propia diócesis como advertencia para toda Europa. Con más de 3,4 millones de católicos registrados en 2024, Holanda exhibe —según sus palabras— una vida sacramental “catastrófica”: bautizados que desaparecen antes de la Confirmación, matrimonios católicos convertidos en excepción estadística. El Sínodo, aclaró, no originó esa secularización —que es anterior y estructural—, pero tampoco parece haberle encontrado remedio: “la medicina se parece a la enfermedad”, ironizó, advirtiendo del riesgo de que la Iglesia termine ofreciendo al europeo secularizado una versión religiosa de lo que ya tiene.

“Un médico escucha atentamente al paciente, pero escuchar no es la cura. Y la Iglesia posee algo singular entre las instituciones: ha recibido una Revelación que no inventó ni puede reescribir. Por consiguiente, siempre llega un momento en que la escucha da paso a la proclamación del Evangelio. Las palabras que faltan en el Sínodo son arrepentimiento y conversión”, expresó.

Un brote entre las grietas

No todo es lamento en el diagnóstico del obispo. Destacó que los ingresos de adultos a la Iglesia católica en Holanda crecieron casi un 40% en 2024, con más de 500 bautizos y un centenar de recepciones adicionales, en un movimiento que está ocurriendo en varios lugares y que ofrece esperanza.

Pero justamente aprovecha esa circunstancia para apuntar que, lejos de buscar “más comités”, quienes llegan hoy a la fe buscan es a Cristo, la adoración eucarística, la confesión, una liturgia hermosa y una moral exigente. Ahí, dijo, el catolicismo tradicional cuenta con una ventaja evangelizadora precisa: la de ser “inequívocamente distinto” al mundo que lo rodea. Es claro, la sinodalidad es muy parecida a una cierta ‘comititis’ del liberalismo actual, que no tiene como fundador a Dios sino a la ‘soberanía popular’.

“Si alguien de veintitantos años entra en una iglesia porque la cultura contemporánea lo ha dejado espiritualmente vacío, ofrecerle otra charla sobre la inclusión institucional puede llevar a malinterpretar por completo su situación. Quizás anhele metafísica, redención, una vida moral exigente, un sacerdote que realmente crea en lo que dice, la confesión, la Eucaristía. Y, sobre todo, a Cristo. En este sentido, el catolicismo tradicional puede tener una ventaja evangelizadora precisamente porque se muestra abiertamente diferente”, expresó el prelado.

La pregunta que falta

Mons. Mutsaerts cerró con un criterio bíblico como examen de fondo para parroquias, seminarios y estructuras diocesanas: “por sus frutos los conoceréis”. Antes de preguntar si la gente vivió bien el proceso de consulta sinodal, propuso una pregunta más incómoda y más antigua: si la gente está dispuesta a ser santa.

“Aplícalo sin malicia ni prejuicios ideológicos. Sobre todo: ¿están las personas dispuestas a convertirse en santos? Esta pregunta es mucho más importante que preguntar si las personas vivieron el proceso sinodal de forma positiva”, dijo.

Con información de AdVaticanum.

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