El Papa León XIV reflexionó sobre las dos maneras en que Jesús invita a los cristianos a practicar el amor mutuo: la corrección fraterna y el llegar a un acuerdo.

Foto: Vatican Media
Redacción (07/09/2026 11:22, Gaudium Press) En el Ángelus de este domingo 6 de septiembre, en la Plaza de San Pedro, el Papa León XIV ofreció una profunda reflexión sobre los criterios fundamentales de pensamiento y acción presentes en el capítulo 13 de la Carta de San Pablo a los Romanos y en el Evangelio del día. Partiendo de la afirmación paulina «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Rom 13:9), el Pontífice insistió en un punto central: «No debáis a nadie nada, excepto el amor mutuo» (Rom 13:8).
Jesús, recordó el Papa, «nos enseñó a interceder por la remisión de las deudas y a practicarla». Sin embargo, existe «una herencia que nos debemos unos a otros, sin estar obligados a ella: la deuda del amor mutuo». Y añadió: «Toda la atención, el cuidado y el bien que recibimos nos hacen más libres y capaces de asumir responsabilidades».
Libertad en la caridad: corrección fraterna
En el Evangelio, Jesús sugiere a las comunidades cristianas al menos dos maneras concretas de vivir este amor mutuo. La primera es la apertura a la corrección fraterna. El Papa la describió como «un arte delicado y a menudo olvidado, que requiere franqueza y gradualidad».
Hablar entre nosotros con sinceridad —«primero a solas; luego, si es necesario, con dos o tres personas; y finalmente, cuando sea necesario, con toda la comunidad»— significa «afrontar la realidad y transformar los problemas y conflictos en oportunidades de crecimiento». Las quejas y las calumnias, advirtió, «son más fáciles, pero no producen nada y paralizan muchas situaciones». El Evangelio, por el contrario, «nos educa para la libertad, en la caridad».
Unidad en la oración y el perdón
La segunda manera de amar fraternamente consiste en «llegar a un acuerdo». No solo en situaciones de conflicto, sino también para pedir la gracia de Dios. El Papa citó las palabras de Jesús: «Si dos de ustedes se ponen de acuerdo en la tierra para pedir cualquier cosa, mi Padre que está en los cielos se la concederá» (Mt 18,19).
Esta promesa, explicó León XIV, «sugiere que podemos tener deseos, penas y esperanzas comunes y, mediante la oración, crecer en unidad». Sin fe, cada uno podría sentirse solo y desconfiar de los demás, «veiéndolos como extraños y enemigos». Por la gracia, sin embargo, «somos, por el contrario, hermanos y hermanas que podemos estar unidos: encontrándonos, perdonándonos y escuchándonos en el Señor».
Para concluir, el Papa invitó a los fieles a pedirle a María, «quien, tras el anuncio del ángel, se apresuró a ir a ver a su prima Isabel para compartir la alegría y las dificultades del embarazo», que también nos enseñe «la alegre deuda del amor fraterno».





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