El Cardenal corrige lo que califica de declaraciones “desconcertantes” de varios obispos alemanes con motivo de las recientes elecciones federales, estatales y municipales.

Foto: Brujulacotidiana.com
Redacción (07/09/2026 14:47, Gaudium Press) El Cardenal Gerhard Müller, antiguo prefecto de la entonces Congregación para la Doctrina de la Fe, publicó un comentario en el portal Kath.net en el que corrige lo que califica de declaraciones “desconcertantes” de varios obispos alemanes con motivo de las recientes elecciones federales, estatales y municipales en Alemania. El texto llega en un contexto de fuerte polarización eclesial: en los últimos días se ha hablado en Alemania de obispos que piden a los fieles no votar por Alternativa para Alemania e incluso de parte de líderes de la AfD llamados a “ahorrarse el impuesto eclesiástico”, mientras el triunfo de la AfD en Sajonia-Anhalt generó reacciones de alarma en sectores de la jerarquía.
El verdadero papel de los obispos, según el Cardenal Müller
El purpurado alemán centra su argumento en recordar cuál es, teológicamente, la misión de un obispo. Los apóstoles y sus sucesores fueron instituidos por Jesús para anunciar el Evangelio, llamar a los pecadores a la conversión y transmitir la vida nueva mediante los sacramentos, no para poner su autoridad espiritual a favor o en contra de un partido político concreto dentro de la legítima contienda democrática. Hacerlo, sostiene Müller, constituiría un abuso de la autoridad espiritual con fines políticos, y advierte que históricamente esa injerencia partidista siempre ha oscurecido la verdadera misión de la Iglesia.
El cardenal distingue con claridad entre esta injerencia ilegítima y la aplicación necesaria de los principios morales a la política —por ejemplo, en defensa de los derechos humanos frente a ideologías anticristianas—, pero subraya que la potestad espiritual del obispo no se extiende al comportamiento electoral de católicos que simplemente difieren políticamente de él. En una elección democrática, afirma, todo católico tiene derecho a votar por el partido que considere mejor capacitado para resolver los problemas del país, siempre que el eventual gobierno no recurra a medios inmorales.
El Cardenal Müller insiste en que el obispo debe ser un buen pastor, preocupado por la salvación eterna de los fieles, dejando a los electores la decisión sobre qué partido gobierna y a los órganos del Estado —como el Tribunal Constitucional— la custodia de la democracia. Su tarea, añade, es más bien exhortar a las partes en contienda a no tratarse como enemigos. Califica como un “grave escándalo” que obispos, sacerdotes o asociaciones católicas aparezcan alineados con agitadores político-ideológicos, pues con ello la Iglesia se presenta como un actor político y traiciona su misión. Cierra su reflexión citando la constitución conciliar Lumen Gentium (n. 8), que recuerda que la Iglesia no fue fundada para buscar la gloria terrena, sino para difundir la humildad y el servicio a los más necesitados.





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