El Cardenal Walter Brandmüller, es tal vez el mayor historiador de la Iglesia. Con 97 años y su lucidez, ha publicado un extenso texto en el blog Settimo Cielo.
Redacción (09/09/2026 10:29, Gaudium Press) El Cardenal Walter Brandmüller, es tal vez el mayor historiador de la Iglesia. Con 97 años y su lucidez, ha publicado un extenso texto en el blog Settimo Cielo del vaticanista italiano Sandro Magister, en el que cuestiona el uso que se ha dado en los últimos años al término “sinodalidad” y advierte que corre el riesgo de diluir la autoridad que el Orden sagrado (y por tanto el propio Cristo) confiere a los obispos. El título de esta publicación, ya es bastante sugestivo: The “Synodality” Enigma. Cardinal Brandmüller Explains How Not to Fall Into Mephistopheles’s Traps – El Enigma “Sinodalidad”. Cardenal Brandmüller explica como no caer en la trampa de Mefistófeles.
Concepto sin definir
El purpurado parte de una constatación: desde el pontificado de Francisco se habla cada vez más de “sinodalidad”, en contextos y sentidos distintos, pero todavía no existe una definición “clara e inequívoca” del término.
Para ilustrar esa indefinición, Brandmüller recurre a una escena del famoso Fausto de Goethe, obra que además le es cercana por su origen alemán.
En ella, el Mefistófeles también protagonista, disfrazado de profesor, aconseja a un estudiante: “Ante todo, aférrate a las palabras; así entrarás por la puerta segura al templo de la certeza”. Cuando el joven objeta que “a las palabras debe acompañarlas un concepto”, Mefistófeles responde, con ironía: donde faltan los conceptos, siempre llega a tiempo una palabra que los sustituya. Con esta cita, el cardenal sugiere que la sinodalidad corre el riesgo de convertirse precisamente en eso: una palabra que se usa profusamente para llenar el vacío dejado por la ausencia de un concepto teológico preciso, y que por ello se presta a toda clase de manipulaciones retóricas.
Qué es —y qué no es— un sínodo
Frente a esa ambigüedad conceptual, de un término hoy muy difundido y que se usa efectivamente para muchos usos, el Cardenal Brandmüller recuerda la comprensión clásica católica: el sínodo (pues sinodalidad debe venir de ahí) es una reunión de obispos para ejercer conjuntamente su servicio magisterial y pastoral, ya sea en forma de concilio ecuménico —de autoridad magisterial suprema, ‘cum et sub Petro’, bajo la tutela del Papa— o de concilio particular, cuyas decisiones, si quieren ser de alcance universal, forzosamente requieren la confirmación de la Santa Sede. En ambos casos, subraya, los obispos actúan en virtud del poder recibido por la ordenación sacramental.
Por eso cuestiona que se aplique el mismo nombre al Sínodo de los Obispos instituido por Pablo VI en 1965, de carácter meramente consultivo, o a los organismos recientes que incluyen también sacerdotes y laicos: ni unos ni otros, señala, ejercen el ministerio magisterial y pastoral reservado a los obispos por el sacramento del orden. Por rigor conceptual, sugiere buscar un nombre distinto que no induzca a confusión.
No rechaza la consulta a los laicos, pero exige claridad terminológica
El Cardenal alemán precisa que su crítica no equivale en abosluto a un rechazo de la participación laical: admite que “es posible confiar un papel consultivo a laicos competentes”. Lo que reclama es que, allí donde exista esa colaboración, se evite todo uso equívoco de los términos “sínodo” y “sinodalidad”, y se emplee en cambio un lenguaje que refleje con precisión la naturaleza real de esos organismos.
El trasfondo protestante y la huella de Lutero
En sus expresiones tal vez más contundentes y mediáticas, el Cardenal Brandmüller identifica el origen de buena parte de lo que sería el modelo sinodal que muchos quieren implantar: lo que hoy se propone en el ámbito católico —dice— es un tipo de sínodo inspirado en parte en el modelo protestante, cuyos miembros son elegidos democráticamente entre pastores y hombres y mujeres de distintas profesiones y ámbitos culturales, todos con igual voto. Esa idea, recuerda el Cardenal, fue formulada por el propio Lutero en sus escritos polémicos de 1520, cuando negó de manera tajante la institución del sacramento del orden por Jesucristo y sostuvo que el bautismo basta, por sí solo, para hacer de cualquier hombre o mujer sacerdote, obispo o papa. De ahí su conclusión: ese concepto de sinodalidad es “incompatible con la eclesiología católica”.
El cardenal extiende el análisis a las conferencias episcopales, nacidas en el siglo XIX bajo el influjo de los Estados nacionales modernos y no de la estructura jerárquica de la Iglesia, y critica que Francisco les haya atribuido en Evangelii Gaudium una cierta “autoridad doctrinal auténtica” que, a su juicio, no les corresponde. Todo ello, sostiene, es expresión de una progresiva secularización de la comprensión de la Iglesia, frente a la cual propone restaurar el papel original de los sínodos de las Iglesias particulares.
Una Iglesia distinta a la querida por Cristo
El planteamiento de fondo del purpurado —y el que Magister subraya al presentar el texto— es que, bajo la etiqueta de “sinodalidad”, muchos en la Iglesia están impulsando en realidad un modelo distinto: el de una comunidad regida como una democracia moderna, con derecho de voto para todos incluso en materia doctrinal, algo ajeno a la constitución que Cristo dio a su Iglesia. No es casual que Brandmüller haya sido, en 2023, uno de los cinco cardenales que remitieron a Francisco los célebres dubia previos al Sínodo sobre la Sinodalidad, en los que preguntaban precisamente si la sinodalidad podía convertirse en «criterio regulativo supremo del gobierno permanente de la Iglesia» sin desvirtuar la estructura querida por Cristo.
La voz del historiador se suma a otras bastante autorizadas
En los últimos meses, varias autoridades de la Iglesia han cuestionado por distintos flancos la sinodalidad promovida desde el pontificado anterior.
El cardenal Robert Sarah confesó no haber entendido nunca el término, por carecer de fundamento explícito en la Escritura y la Tradición; el obispo neerlandés Robert Mutsaerts advirtió, primero en un escrito sobre “los cuatro riesgos graves de la sinodalidad” y luego en una carta abierta al Papa León XIV, que el concepto carece de definición precisa, amenaza con convertir a los obispos en “delegados de un electorado eclesial” y corre el riesgo de invertir el orden de la escucha eclesial, subordinando el Evangelio a las expectativas del hombre contemporáneo
Por su parte el cardenal Gerhard Müller reclamó recuperar en los consistorios las intervenciones libres frente al método sinodal de “grupos reducidos”; el sacerdote estadounidense Gerald Murray calificó la sinodalidad permanente de “innovación anticatólica” que acerca a la Iglesia a los modelos protestantes de gobierno eclesial; el cardenal Rainer Woelki pidió a Roma definir de una vez qué es realmente la sinodalidad para la Iglesia universal; y el cardenal Angelo Scola alertó del riesgo de que degenere en un «parlamentarismo» político y sociológico ajeno a la comunión eclesial.






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