Un reportaje de La Nouvelle Tribune destapa sin tapujos el choque de visiones entre el Palacio del Elíseo y la Santa Sede de cara al viaje del Papa León XIV.

Foto: Flickr / Faces of the World
Redacción (15/09/2026 11:54, Gaudium Press) Un reportaje de La Nouvelle Tribune destapa sin tapujos el choque de visiones entre el Palacio del Elíseo y la Santa Sede de cara al viaje del Papa León XIV a Francia (del 25 al 28 de septiembre). Mientras Emmanuel Macron quería convertir la visita del Papa Prevost en una platea de auto-propaganda y pompa republicana, Roma ha aplicado un “no” diplomático, y luego otro, dejando al presidente francés con las cámaras los spotlights empeñados.
El escenario de Macron vs. El freno de mano de Roma
El presidente Macron quería una Visita de Estado por todo lo alto, con desfile militar, fanfarrias en la calle, protocolo formal de Jefe de Estado y la máxima pompa que se le puede otorgar a una visita de ese estilo.
Sin embargo, los oficiales del Papa han dicho No: Roma rechazó el estatus de visita de Estado y exigió eliminar el recibimiento militar habitual, las fanfarrias y las parades ceremoniales, exigiendo discreción y foco pastoral.
Macron quería entregarle al Santo Padre la Gran Cruz de la Legión de Honor, máxima distinción del Estado francés, en un acto lleno de luces y medallas. Pero una vez más el Vaticano dijo NO, rechazando directamente la condecoración, y declinando este honor secular.
Ni una comida juntos
En su visión de visita de Estado, Macron quería compartir mesa con el Papa, fuese en un almuerzo o cena oficial, solemne o informal, para lucir la gastronomía gala y sobre todo abrir la ocasión para las fotos cara a cara.
Pero en una insistencia que ya se nota incómoda, los oficiales del Papa dijeron No, en un rechazo que, hay que decirlo, quiebra ciertos usos diplomáticos tradicionales entre mandatarios, y así, no habrá ningún banquete ni comida oficial entre ambos.
El portazo en Notre-Dame: Nada de “tour privado”
Pero tal vez el rechazo más significativo, se dio en torno a la recientemente abierta y aún en reconstrucción, catedral de Notre Dame
Macron quería un momento a solas con el Papa dentro de la catedral de Notre-Dame para actuar como algo así de guía turístico de lujo, mostrándole personalmente las obras de restauración tras el incendio de 2019 y de alguna manera identificándose con la reconstrucción, a la que sigue insistiendo en añadir vitrales ‘contemporáneos’. Es claro que también sería la ocasión de luces, cámara y acción, en beneficio no tanto del Papa, sino del presidente francés.
Pero una vez más el Papa, vía sus emisarios, dijo No: La Santa Sede dejó fuera del itinerario cualquier visita guiada por el presidente. El Papa León XIV irá a Notre-Dame estrictamente a presidir las Vísperas con el clero y los consagrados. Liturgia pura, nada de foto de protocolo con Macron de Cicerone.
En 2024, el Papa Francisco le hizo un plantón directo a Macron al no acudir a la reinauguración de Notre-Dame, en un hecho histórico al que sí asistieron desde Donald Trump, Zelensky hasta el Príncipe Guillermo.
Ahora, León XIV acepta ir a Francia, pero impone una especie de “cerco de hierro”: va como Viaje Apostólico, pastoral, espiritual, para los fieles (con paradas en París, Saint-Denis, Lourdes y Metz), no para la gloria mediática del actual ejecutivo francés. No deja de ser irónico, que el poder temporal le haga tantas reverencias, fallidas, (interesadas), al poder espiritual.





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