El santo de Pietrelcina explicó el sentido del sufrimiento y la confianza en Dios a partir de una sencilla escena familiar.
Redacción (16/09/2026 16:56, Gaudium Press) El Padre Pío recurrió en una ocasión a la imagen de un bordado visto por su parte posterior para explicar una de las realidades más difíciles de comprender durante la vida: el sentido del sufrimiento y los caminos que Dios permite, aunque muchas veces no podamos entenderlos. El santo explicó a Gigliozzi lo que quería transmitir con aquella doble escena, “Aquí abajo, en este mundo, solo vemos el reverso del bordado. Somos como el hijo sentado en ese pequeño taburete”.
La comparación permitía comprender que, durante nuestra existencia, muchas veces solo contemplamos el lado confuso y doloroso de los acontecimientos. Como quien observa únicamente los hilos desordenados de la parte posterior de un bordado, el ser humano no alcanza a descubrir la imagen completa.
El sentido que ahora no podemos ver
La conclusión del Padre Pío fue que, durante la vida, rodeados por el reverso de las cosas, no podemos contemplar el anverso del bordado, que responde a la voluntad de Dios. Sin embargo, la fe lleva a confiar en que ese anverso existe, aunque todavía no podamos verlo. Aquello que hoy puede parecer incomprensible, doloroso o incluso terrible puede adquirir un sentido y una belleza que solo llegaremos a contemplar plenamente en el cielo.
La clave está en confiar en que Dios conoce el conjunto de la obra y que es Él quien la va realizando. De este modo, el sufrimiento no aparece como algo carente de sentido, sino como una realidad que el cristiano puede vivir desde la confianza en Dios, aun cuando no tenga respuestas inmediatas para lo que está atravesando. Al comentar esta enseñanza, Bret Thoman, piloto, casado y padre de dos hijos, además de miembro de la rama franciscana seglar, relaciona esta comprensión del sufrimiento con una de las afirmaciones centrales de la fe cristiana, Dios es amor, como enseña San Juan Evangelista en 1 Juan 4,16.
Para Thoman, esta verdad permite acercarse al misterio del dolor y de la muerte desde una perspectiva diferente. La profundidad del amor de Dios está relacionada precisamente con esas experiencias humanas que más cuesta comprender.
“El Padre Pío comprendió esta realidad”, afirma Thoman. Y añade que el santo no solo entendió el valor potencial y la importancia del sufrimiento, una realidad de la que naturalmente la mayoría de las personas intenta escapar, sino que llegó más lejos. Según explica, el Padre Pío, como otros grandes santos, “lo pidió y lo deseó —el sufrimiento—”, porque había aprendido a ofrecerlo y a vivirlo unido a Dios.
Durante su vida, millones de personas pudieron conocer el modo en que el santo de Pietrelcina asumió personalmente el sufrimiento. Sus propios padecimientos, incluidos los estigmas que llevó durante décadas, fueron parte de ese testimonio.
La enseñanza del Padre Pío no invita a buscar el dolor por sí mismo, sino a confiar en Dios cuando el sufrimiento aparece y no se comprende su razón. Los santos y tantos cristianos que afrontan dificultades desde la fe intentan asumir no solamente aquello que les toca sufrir, sino también la confianza en un plan de Dios que permanece oculto para ellos. El cristiano, desde esta perspectiva, no necesita comprender ahora cada acontecimiento para confiar en que Dios puede sacar un bien de aquello que hoy parece incomprensible. Esa fue una de las grandes lecciones que el Padre Pío quiso transmitir después de aquella cruda tragedia colectiva ocurrida en 1947, aunque el ser humano solo alcance a contemplar el ‘reverso’ de lo que sucede, Dios conoce la obra completa.
La esperanza cristiana consiste precisamente en confiar en que, al final, será posible contemplar aquello que ahora permanece oculto y comprender el sentido de tantos sufrimientos que durante la vida parecieron no tener explicación.
Con información de Religión en Libertad






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