El medio La Abeja recoge un escrito de un seminarista paseando por la Avenida Tacna y haciendo sesudas meditaciones.

Foto: M G / Unplash
Redacción (17/09/2026 10:06, Gaudium Press) El medio La Abeja publica una comunicación que enviada por un seminarista, sobre perplejidades ante cosas que ocurren en la Iglesia. El redactor del medio, que mantuvo una conversación con el seminarista por chat, expresa que lo animó a mantener la fe, el amor por la Iglesia y a confiar en el triunfo del Inmaculado Corazón de María.
A continuación, algunos trechos de lo expresado por el seminarista, quien pidió se le guardase el anonimato:
Zavalita, al salir de las instalaciones del diario La Crónica, observa meditabundo la avenida Tacna bajo el cielo gris de Lima y se pregunta: ¿en qué momento se jodió el Perú? Muchas décadas después, salgo de la librería de las Nazarenas, en esta misma calle capitalina y, con aires taciturnos, también me interrogo: ¿En qué momento se jodió la Iglesia?
Seminarios y conventos dramáticamente vacíos, liturgias supuestamente creativas pero desacralizadas, homilias superficiales y tibias, en definitiva, la identidad cristiana diluida en un océano de relativismo. El Perú jodido, la Iglesia jodida, yo también jodido. ¡Qué jodida que es la vida en el siglo XXI, caray!
Continúo transitando por esta avenida repleta de tiendas de imágenes religiosas, algunas fieles al cristianismo, otras sincretistas y esotéricas. Percibo un olor indefinido, algo así como una mezcla entre agua florida y ruda, las vendedoras me ofrecen apremiantemente sus turrones tradicionales Doña Pepa. Es cierto, estamos cerca al mes morado. [ndr. En referencia al mes en que se conmemora al Señor de los Milagros, octubre]
Jornadas nacionales juveniles con música profana, misas para niños con títeres y muñecos en el templo, el sacerdote reducido al simple papel de animador comunitario, ecología integral, sinodalidad —¡Cojudeces!— pienso.
La misa ya no es el centro y culmen de la vida de la Iglesia, tal como reza la Sacrosanctum Concilium, sino que ahora es solo un medio, un instrumento para celebrar a la comunidad y cultura propias. En el mejor de los casos se le reconoce su finalidad eucarística, es decir como acción de gracias, pero se ha guardado en el baúl de los recuerdos sus otros tres fines: adoración, propiciación y reparación. (…)
Pura locura humana. Prosigo mi caminata reflexiva por esta calle inundada con el olor del palo santo. Que deliciosos y dulces se ven esos picarones. Llego al hermoso convento de Santa Rosa de Lima. ¿Fue una mujer revolucionaria, desencantada con el sistema colonial de la Lima de antaño? Bueno al menos así lo asegura un alto jerarca de la iglesia peruana, o en realidad ¿se destacó por sus virtudes, contemplativas, místicas y caritativas? ¡Sabe Dios, alma mía!
Hoy en día no se tiene ninguna certeza, todo evoluciona, todo se reinterpreta, nada es seguro. Los dogmas son para gente anticuada y fanática, dicen los progres.
Sigo en mi paseo por la avenida Tacna, observo atentamente los hábitos del Señor de los Milagros exhibidos en profusión; de hecho, estamos a puertas de octubre. Una súbita una inspiración ilumina mi apesadumbrado corazón, después de todo la esperanza es lo último que se pierde, total en octubre siempre ocurre milagros, siempre. Solo un milagro nos sacara de esta situación.





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