sábado, 19 de septiembre de 2026
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De la plegaria a la esperanza: La Orquesta Sinfónica Nacional y el Coro Nacional, en el templo de los Caballeros de la Virgen

Dos grandes referentes de la música colombiana, que rara vez comparten escenario, se unieron bajo un cielo de estrellas doradas, a 30 bellas voces blancas.

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Foto: Jesse Arce

Redacción (19/09/2026 12:53, Gaudium Press) En la soleada tarde del pasado viernes, bajo las majestuosas y policromadas naves de la iglesia Nuestra Señora de Fátima de los Heraldos del Evangelio —más conocidos en Colombia como los Caballeros de la Virgen— se realizó un concierto que será bien recordado en los tiempos venideros.

Un marco de sacro gótico y festivo, y un cielo de azul profundo y estrellas doradas fue el techo, para las interpretaciones de dos de los más altos referentes de la música en Colombia, que rara vez comparten escenario: la Orquesta Sinfónica Nacional y el Coro Nacional de Colombia, que hicieron allí presencia en el Concierto con el evocativo título “Un viaje de la Plegaria a la Esperanza”. A estas dos agrupaciones se juntaron, en las interpretaciones finales, 30 blancas voces de la escolanía Schola Cantorum, erigida canónicamente por el Obispo de Zipaquirá también en esta iglesia.

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Foto: Jesse Arce

El Coro Nacional de Colombia reúne ochenta voces llegadas de todas las regiones del país, secundadas por un equipo artístico que suma asesora vocal y pianista. Lo dirige la maestra Diana Cifuentes, con el maestro Jeisson Segura como director asistente. Formado en el año 2023, con integrantes escogidos en exigentes audiciones públicas, acumula ya una larga trayectoria que desmiente su corta edad.

“Qué bueno cantar en esta iglesia música sacra” expresó el maestro Segura antes de la interpretación. Él se reveló “expectante de la acústica, obviamente también de la magia y del sentir esta música sacra en un lugar tan especial”, por parte de un coro que es bienvenido allí donde llega, “también por la versatilidad de la agrupación”.

Por su parte, y fundada oficialmente en 1936, la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia ostenta altiva sus 90 años de historia, consolidada ya como la máxima institución musical de la nación. Ahora, bajo la dirección artística del maestro Juan Pablo Valencia, se sigue constituyendo en reserva singular del patrimonio cultural.

Así como el Coro Nacional, 80 músicos integran la Orquesta Sinfónica Nacional. Ella conserva la estructura estándar de este tipo de agrupaciones, es decir, cuerdas (violines, viola, cellos, contrabajo), maderas (flautas, oboes, clarinetes, fagotes), metales (cornos, trompetas, trombones y tuba) y la sección de percusión. También, dependiendo del programa, integra piano o arpa.

Sobre los 90 años de historia, el maestro Valencia, a la par de manifestar orgullo, reconoce el compromiso “con todo el legado que han dejado quienes han construido” esa trayectoria. La suya, dice, sigue siendo “la orquesta de todos los colombianos”. Sobre el concierto que se realizaría, el maestro afirmó que “estos encuentros de entrada tienen una mística increíble. Estos son sueños hechos realidades, diría yo ‘milagros’ que podemos construir juntos, milagros que podemos vivir juntos”. Es un “unir todo lo que significa este templo, todo el significado detrás, el caminar de los Caballeros de la Virgen, y también el talento que vienen apoyando con la Schola Cantorum, unir todos esos esfuerzos en un momento como estos. (…) Uno, solo, puede caminar rápido, pero juntos se puede llegar más lejos, de modo que aquí es eso”.

El concierto reunió 13 interpretaciones que a todos supieron a pocas, y estuvo dividido en tres partes, una de Plegaria, otra de Misterio, y la última de Esperanza.

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Foto: Jesse Arce

En la primera parte, se destacó el Gloria in Excelsis Deo de Vivaldi que inauguró la entrada de voces—, seguido del Jesus bleibet meine Freude (Jesús sigue siendo mi alegría) de Bach y el Exultate, jubilate de Mozart, el cual contó con la pulcra interpretación de una soprano solista, Mónica Ramírez.

La segunda parte, con nota de misterio y lamento, incluyó el Dies irae (sobrecogedor y de aromas de justicia) y el Lacrimosa (un llanto materno) de Mozart, y concluyó con una obra contemporánea de Samuel Barber, Adagio para cuerdas, vestido de un arreglo especial para la ocasión.

La tercera parte, la de esperanza, trajoel Panis Angelicum de Franck, el inmortal Ave Maria de Schubert y el Hallelujah del Mesías de Händel, glorioso y triunfal, interpretado dos veces a petición del público. En estas dos últimas melodías, a la Orquesta Sinfónica Nacional y el Coro Nacional ya se había integrado la Schola Cantorum de voces blancas, con sus sotanillas rojas y sobrepelliz blanco.

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Foto: Jesse Arce

En la conclusión, el Diácono don Gabriel Escobar, de los Heraldos del Evangelio, agradeció a todos los participantes, con una especial alusión a Liliana Fuentes, directora de la Asociación Nacional de las Artes, de quien partió la idea original del evento. Ella ya conocía de tiempo atrás el templo de los Heraldos y “soñaba” con un concierto de esta magnitud ahí. Propuesta la idea, fue encontrando calurosa aceptación y de una propuesta se convirtió en realidad. Ella también cree que “estas cosas vienen con inspiración divina, quizás, para poder estar acá, y estamos muy contentos, de estar aquí en un lugar maravilloso”, lugar donde la música y la fe se confunden y el eco de las naves góticas se vuelve, por un instante, mensaje de algo más profundo.

Al final, todos sentían haber vivido una realidad irreal, purificante, que renueva la esperanza.

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Foto: Jesse Arce

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