martes, 22 de septiembre de 2026
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Curso en Madrid para padres: hay conciencia de “cuidarnos los sacerdotes para responder mejor”

El sacerdote requiere acompañamiento, es una de las conclusiones del encuentro Convivium de febrero. El curso ahora profundiza en el cuidado físico, psíquico y espiritual.

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Foto: Romain Dancre / Unplash

Redacción (22/09/2026 15:52, Gaudium Press) En febrero de 2026, se realizó Convivium, la primer asamblea presbiteral en la historia de la Archidiócesis de Madrid. Varios puntos referentes a la vida sacerdotal quedaron claros en ese encuentro, y como fruto, la semana pasada 70 presbíteros de esa jurisdicción recibieron un curso de acompañamiento.

En Convivium, “había una propuesta continuada de cuidarnos los sacerdotes para responder mejor a lo que estamos haciendo. Cuidarnos en todos los aspectos de la vida”, rememoró el vicario para el Clero, Juan Carlos Merino, en conversación con ACI Prensa.

“La labor del sacerdote está expuesta a muchas tensiones por toda la carga de trabajo. En Convivium se nos hablaba de que los laicos nos veían muy entregados, a veces muy saturados, muy sobrecargados”, añadió.

El curso de la semana anterior, fue preparado por los arciprestes, y por algunos sacerdotes con especial experiencia en estos temas.

La soledad del sacerdote

La Archidiócesis de Madrid tenía en 2024, último dato ofrecido por la Conferencia Episcopal Española, 462 parroquias y 1.340 sacerdotes diocesanos. De ellos, 624 trabajan en la diócesis, más de 500 están jubilados, 127 ejercen su labor fuera de la diócesis y otros 50 son misioneros.

Este clero, a pesar de numeroso, vive “las mismas dificultades que tienen los demás y puede haber un riesgo en cuanto a un estilo de vida en el que esté más solo, porque vivimos solos muchos de nosotros”, describe el vicario.

Además, si bien “va creciendo el número de seminaristas, va decreciendo el de sacerdotes”. Si se ordenan entre 10 y 15 al año, fallecen del orden de 30, a lo que se suma que también aumenta el número de habitantes de la diócesis.

“La tarea no disminuye y hay que organizarse. Hay que saber priorizar tiempos y relaciones, también en el sentido de trabajar para no estar solos”, añade. Por eso, el curso de acompañamiento a sacerdotes “insiste en la conversión relacional, en la que necesitamos fundamentalmente cuidarnos. Y el cuidado es físico, psíquico y espiritual, porque la dimensión unitaria de la vida es esencial”.

Acompañamiento del obispo, de otros sacerdotes, de la comunidad

Hay un tipo de acompañamiento necesario para el sacerdote, que viene de otro presbítero, que no necesariamente sea de su arciprestazgo:

“Pero también hay un acompañamiento de la comunidad cristiana, de los laicos. Eso es muy importante, y se está dando, porque el sacerdote no sólo no es un extraterrestre, sino que no vive en una burbuja y forma parte de la comunidad”, destaca Merino.

El presbítero, por sí mismo, continúa del vicario del Clero, “no se basta en su ministerio sacerdotal. Necesita de una sana relación con su obispo, que es padre y pastor, de una sana relación con sus hermanos sacerdotes y de una sana relación con la gente a la que se le envía”.

“No somos sacerdotes para estar solos”, alerta, antes de subrayar un principio básico al respecto: “Nos necesitamos unos a otros”.

Así, no son pocos los laicos que, sensibilizados con el riesgo de la soledad sacerdotal, colaboran en esta tarea. Algunos forman parte de los grupos de seguimiento organizados por la archidiócesis por franjas de edad o colaborando en los cursos de liderazgo sacerdotal. También cuentan con medio centenar de voluntarios que “acompañan a sacerdotes mayores que ya se han jubilado”.

Con información de nota de Nicolás de Cárdenas en Aciprensa.

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