El don de la fe y el don de la gracia recibidos en el Bautismo ofrecen la respuesta a la actual crisis de identidad, de soledad y religiosa, que la IA tiende a empeorar.

Padre Sikorsky – Foto: legionariesofchrist.org
Redacción (24/09/2026 15:03, Gaudium Press) El 5 de septiembre se llevó a cabo en el Santuario Nacional de San Juan Pablo II, en Washington DC, un encuentro dedicado a la encíclica Magnifica Humanitas del Papa León XIV.
En dicho evento, el P. Charles Sikorsky, de los Legionarios de Cristo y presidente de la Divine Mercy University, advirtió que la inteligencia artificial puede agravar la crisis de salud mental al profundizar problemas de identidad, soledad y sentido.
El P. Sikorsky explicó que el psiquiatra David Rosmarin, de la Facultad de Medicina de Harvard, identifica tres raíces relacionadas con la actual crisis de salud mental: “Una crisis de identidad, una crisis de conexión y una crisis de significado”.
La identidad humana proviene de Dios
El primer problema es, para el P. Sikorsky, la dificultad de muchas personas para encontrar una respuesta a la pregunta sobre quiénes son. “Hay una crisis de identidad en general en nuestra cultura”, afirmó.
Según explicó, el debilitamiento de las familias, los cambios sociales y la pérdida de referencias pueden contribuir a esta situación. En medio de este panorama, la inteligencia artificial puede convertirse en un elemento más de esa crisis.
“La IA puede realmente alimentar esta crisis de identidad cuando las personas buscan fuera de sí mismas esa estabilidad, esa identidad, quiénes son”, apuntó.
El sacerdote recordó que la identidad humana, desde la perspectiva cristiana, no depende del trabajo, los logros o las capacidades de una persona. “Cada persona es única e irrepetible, creada a imagen y semejanza de Dios y llamada a la comunión con Dios”, recordó.
Por eso, insistió en que una enfermedad o un diagnóstico, si bien “puede afectar el funcionamiento de una persona”, no define a una persona y no la “convierte en su identidad”.
La tecnología no reemplaza las relaciones humanas
El P. Sikorsky también habló de la soledad. Para él, la persona humana está hecha “para las relaciones”.
El sacerdote comparó algunos de los riesgos de la inteligencia artificial con los que ya se han visto con las redes sociales. “Pienso en la IA como una especie de redes sociales con esteroides”, señaló.
La diferencia, explicó, es que ahora una persona puede mantener una “conversación con un robot”.
El P. Sikorsky también se refirió a los chatbots utilizados como una forma de acompañamiento o terapia. Recordó que uno de los elementos más importantes para que una terapia funcione es la relación entre el paciente y el terapeuta.
“Si esa relación es fuerte, las posibilidades de éxito aumentan mucho”, explicó. Por eso consideró que la tecnología no puede reemplazar el vínculo humano.
La IA no lleva a una visión religiosa de la vida
La tercera crisis que mencionó fue la del sentido.
El P. Sikorsky señaló que hoy las personas tienen acceso a una enorme cantidad de información, pero a menudo carecen “de una visión coherente de la sabiduría, el propósito, el sufrimiento y el destino humano”.
La IA puede responder preguntas y proporcionar información, pero hay cuestiones que, según el sacerdote, no puede resolver. “¿Quién soy? ¿Por qué estoy aquí? ¿Adónde voy? ¿Cómo llego allí?”, preguntó.
Y añadió: “La IA puede ayudar en la reflexión, pero no puede asumir responsabilidad moral. No puede ayudarnos a discernir nuestro camino, vivir nuestra vocación, nuestro llamado”. “No puede amar”, afirmó.
Para el P. Sikorsky, estas preguntas llevan directamente a la dimensión religiosa de la vida. “Estamos hechos para amar. Estamos hechos para amar a Dios, recibir y ser amados por Dios, amarlo a Él y amar a los demás”, explicó.
El Bautismo es la forma de identidad más elevada
Al final de su intervención, el P. Sikorsky volvió a los tres problemas que había planteado: identidad, conexión y sentido. La fe, explicó, ofrece una respuesta a cada uno de ellos.
“Tenemos este don de la fe, este don de la gracia que nos da una identidad, nuestra forma más elevada de identidad en nuestro bautismo como hijos de Dios, hermanos y hermanas de Cristo”, afirmó.
También destacó la importancia de las parroquias y comunidades, “para ayudarnos en esa lucha contra la soledad y la conexión”.
Y agregó que la fe responde a las preguntas más importantes de la vida: “Estamos hechos para el Cielo. Ese es nuestro destino último, nuestro regalo último, nuestra misión”.
Con información de Aciprensa.





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