Ante 700.000 personas, el Papa invitó a saciar la sed de vida en el Corazón de Cristo, como lo hicieron muchos santos en Francia.
Foto: Vatican Media
Redacción (26/09/2026 11:03, Gaudium Press) 700.000 personas, superando las previsiones iniciales de 600.000, acompañaron hoy al Papa en la misa realizada en la Place de la Concorde y la Avenida de los Campos Elíseos, en las horas de la tarde. Después de la eucaristía, el Arzobispo de París agradeció al Pontífice su paso por la capital francesa, tras lo cuál el Papa se dirigió al aeropuerto de París-Orly, para dirigirse a Lourdes.
En su homilía en la Plaza de la Concordia, el Pontífice recordó que “aquí en la tierra nada logra satisfacernos plenamente. Cuando creemos que por fin hemos terminado nuestro trabajo y que nuestros esfuerzos han sido recompensados, muy a menudo resurge el vacío interior, aún más profundo. Entonces, para llenarlo, es posible que busquemos nuevos placeres, que queramos poseer cosas nuevas, que hagamos todo lo posible por ‘divertirnos’ para no sentir ese malestar interior”.
“Todos anhelamos la felicidad, el amor y la plenitud”, dijo León XIV, pero “¿en qué fuente buscamos saciar nuestra sed?”: “¿Nos conformamos con los bienes materiales, con las satisfacciones inmediatas, con esos pequeños ídolos tan numerosos que prometen la luna y las estrellas, pero dejan vacío nuestro corazón?”
El amor de Cristo colma el vacío interior
En cambio, “por el bautismo, hemos recibido el agua viva de la que habla el Evangelio, pero ¿realmente hemos encontrado a Cristo personalmente? El ser humano es, en esencia, un ser de deseo y sólo Dios puede llenar ese vacío interior. Sí, hermanos y hermanas: Jesucristo, el Buen Pastor, nos conduce, como el pastor guía a sus ovejas, hacia la fuente de la felicidad y la paz. Él conoce a cada uno y cada una de nosotros por nuestro nombre. Ninguno de nuestros secretos, de nuestras intenciones, de nuestras debilidades se le escapa. Él escruta las profundidades de nuestro corazón. Él dio su vida por nosotros y sigue entregándola a través de los sacramentos. Lleva sobre sus hombros a las ovejas cansadas o heridas, y trae de regreso con delicadeza a las que se han descarriado. Jesús revela el amor incondicional de Dios por nosotros. Para Él, ninguno de nosotros es un número en una identificación, ni un número de serie, sino una persona, una persona única e insustituible”, puntualizó el Pontífice.

Foto: Vatican Media
Francia es heredera “de una larga y hermosa historia de santidad”, dijo el Papa, ciertamente teniendo en vista el espectáculo del día anterior en el Stade de France. Teniendo en vista esa tradición, “sacien también ustedes su sed en esta fuente, que es el Corazón de Jesús traspasado”, enfatizó.
“«Beba el que cree en mí; […] ‘de sus entrañas manarán ríos de agua viva’» (Jn 7,37.38). Al saciarnos de la fuente que es el Corazón de Cristo, nos convertimos nosotros mismos, como escribió Orígenes, en pozos, manantiales y ríos para los demás (cf. Homilía 12, 1, 2-3). En efecto, el creyente que bebe de ella se convierte también en fuente de vida gracias a su vínculo existencial con Cristo y transmite esa misma vida a su prójimo”, dijo.
El Pontífice recordó el ejemplo de santos como San Martín de Tours y San Francisco de Sales y San Vicente de Paúl, personas que “se han saciado de esta agua viva a lo largo de los siglos”.
Al final el Papa invitó a dirigir “nuestra mirada hacia la Madre de Dios, Fuente de Salvación, aquella que guía nuestras vidas hacia su Hijo, autor de toda gracia. Con su “sí” libre y confiado, ella se convirtió en el humilde receptáculo querido por Dios, en el que el amor del Padre se encarnó para entregarse al mundo”.



Deje su Comentario