domingo, 27 de septiembre de 2026
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Papa en Lourdes: Unirse a la pasión de Cristo, por la oración y conversión, y ser misioneros de esperanza

El Papa ofició hoy la eucaristía en la Pradera del Santuario francés.

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Foto: Vatican Media

Redacción (27/09/2026 08:48, Gaudium Press) Ayer, tras salir de París, el Papa arribó directo al Santuario de Lourdes, donde oró el la gruta de la aparición, la gruta de Massabielle, y ofrendó a la Inmaculada una rosa de oro, que es regalo de Papas. El Pontífice también bebió agua del manantial del santuario, realizando así ese acto tradicional de devoción allí, y pidió por el mundo y por Francia.

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Foto: Vatican Media

Hoy, a las 11:00 horas, León XIV ofició la eucaristía en la Pradera del Santuario, acompañado por 150.000 peregrinos, con una nutrida presencia de enfermos en pos de curación. A todos los presentes, en la homilía pidió que “lleven el consuelo de Lourdes a sus vecinos, a sus seres queridos y a todo el pueblo francés”.

La homilía del Pontífice se centró en la penitencia y la conversión:

“Los textos que nos propone la liturgia este domingo se relacionan con un aspecto central del mensaje que la Virgen María vino a confiar a santa Bernardita: una llamada a la conversión, a la vez tierna y apremiante. En el Evangelio, Jesús dirige una mirada de verdad y profunda tristeza hacia los corazones cerrados: «y ustedes […] no se arrepienten» (Mt 21,32). ¿Por qué esta herida en el corazón de Cristo? Porque Dios no quiere la perdición de sus hijos. El profeta Ezequiel nos lo recuerda: «Cuando el justo se aparta de su justicia y comete delitos, morirá a causa de ello» mientras que, si se convierte, «ciertamente, vivirá y no morirá» (cf. Ez 18,26.28). Por esta razón, los llamados a la penitencia resuenan en las Sagradas Escrituras y atraviesan toda la predicación del Evangelio a lo largo de los siglos. Adquieren una gravedad salvífica para manifestar su urgencia y necesidad: es hoy —no mañana— cuando hay que convertirse; ahora es el tiempo favorable, el día de la salvación (cf. 2 Co 6,2). Sí, Dios desea que el hombre viva, que abra los ojos y vuelva a Él. Convertirse significa abandonar los senderos del extravío para seguir el Camino de la Vida, abriendo así nuestro corazón a la única Alegría que nunca se acaba”, dijo.

El Papa recordó que la vida es un camino hacia el cielo, y que esa felicidad eterna, “prometida a todos”, “debería ser el objetivo principal de nuestra búsqueda, de nuestros esfuerzos y de nuestras decisiones. ¿Acaso no le dijo la Virgen María a santa Bernardita: «No te prometo que serás feliz en este mundo, sino en el otro»?”

La sociedad actual se ve “tentada a olvidar el horizonte de la eternidad”. Pero “María viene a recordarnos la grandeza y la trascendencia de nuestra vocación a la vida, a la vida eterna”.

Justamente por este horizonte de eternidad que tiene toda vida humana, y “frente a las corrientes actuales que pretenden redefinir el valor de la vida humana ante la enfermedad, el sufrimiento o la vejez, la Gruta de Massabielle se erige como un santuario de la esperanza cristiana. Aquí no se rechaza ninguna fragilidad. Sus muletas, sus sillas de ruedas, sus lágrimas ocultas no son obstáculos: son el lugar, por excelencia, donde ustedes son respetados plenamente, acogidos y transformados por el amor infinito de Dios. Lourdes es el lugar bendito de una profesión de fe en la belleza y la sacralidad de la vida, porque allí es acogida como un don precioso de Dios, llamado a florecer para la eternidad en el amor del Padre”.

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Foto: Vatican Media

Cristo con su sangre, ya nos abrió las puertas de la vida eterna, “pero a nosotros corresponde acogerla libremente, aferrarnos a ella y no ponerle obstáculos; y el obstáculo para la gracia y la vida eterna, el único obstáculo para este amor, es el pecado, el retraerse en sí mismo, ese rechazo a Dios que nos encierra en nuestras propias tinieblas. Por tanto, está en juego nuestra responsabilidad personal, y es grande”.

El tema de la conversión y la penitencia, fue una vez más recordado por el Papa, usando las palabras de la Virgen en Lourdes: “Encontramos la insistente llamada a la conversión en las palabras que María pronunció aquí mismo: ‘¡Penitencia! ¡Penitencia! ¡Penitencia!’. Ella repite la palabra tres veces; e invita a Bernardita a realizar ciertos gestos. ¿Esto por qué? ¿Acaso somos lentos para comprender? ¿Nos consideramos sin pecado con demasiada facilidad? ¿Acaso no la practicamos suficientemente? La Virgen nos pide que hagamos penitencia, no sólo por nosotros mismos, que la necesitamos, sino también ‘por los pecadores’, por un mundo que va mal”.

Oración y conversión

“El recordatorio de nuestra Madre acerca del deber que tenemos de oración y conversión nos llena de una gran esperanza, pues ella nos indica el medio para cambiar el curso de los acontecimientos, medio que no es otro que el de asociarnos a la Pasión de Cristo”, pasión que se refleja en los enfermos que acuden a Lourdes.

Concluyendo, el Papa invitó a todos a convertirse en “misioneros de la esperanza”, abriendo el corazón a las gracias de Lourdes:

“Ese es el milagro de este lugar: suscitar la alegría de la esperanza en medio de la prueba y el dolor. La Virgen María sana nuestras miradas y transfigura nuestros corazones, dándoles paz. Conviértanse, en sus países, sus diócesis y sus familias, en testigos activos de esta fuerza y esta ternura divinas, que nos permiten continuar el camino y alcanzar la meta. Impulsados por la oración de los enfermos y el amor de nuestra Madre, caminen con confianza hacia el futuro. No teman las tormentas del mundo: la Santa Madre de Dios vela sobre su caminar, protege a la Iglesia con su manto de ternura y, como Estrella radiante de la mañana, guía sus pasos para darlos a luz, en la alegría, a la vida misma de su Hijo Jesús. Amén.”

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