El obispo de Berlín, Mons. Heiner Koch, habla a los demás obispos alemanes de la triste situación del catolicismo en Alemania. Las causas de ese declive, para él, nada tienen que ver con la falta de fe de la jerarquía ni con el camino sinodal. ¿Su solución? Dar testimonio desde la duda y la incertidumbre.

Mons. Koch – Foto: Wikipedia
Redacción (30/09/2026 05:16, Gaudium Press) Los obispos alemanes tienen sesión plenaria de la Conferencia Episcopal estos días y Mons. Heiner Koch, obispo de Berlín) ha predicado una interesante homilía para sus hermanos en el episcopado.
El obispo berlinés empezaba admirándose de la gran participación en los actos del Papa en Francia, que sería impensable en Alemania: «ochocientos mil compañeros celebrantes solo en la celebración eucarística de París. La última vez que celebramos liturgias tan grandes y magníficas en Alemania fue en la Jornada Mundial de la Juventud en 2005, y con la ayuda de jóvenes cristianos de todo el mundo». El prelado se preguntó «si el Santo Padre viniera algún día a Berlín, cuántas personas celebrarían la Eucaristía con él».
La valoración de la situación es dura, pero real: «la mayoría de la gente aquí en Alemania nunca ha experimentado contacto personal con la fe y la Iglesia Católica». Por tanto, para el obispo ya no hay que hablar en Alemania «de nueva evangelización, sino de primera evangelización».
En ese contexto, se pregunta cómo «podemos conectar con las personas que nos rodean de tal manera que la chispa del Espíritu de Dios también salte hacia ellos a través de nuestras vidas y nuestra fe». El obispo encuentra tres razones principales que explican el «alejamiento de tantas personas de la fe cristiana y de nuestra Iglesia» en Alemania:
Mons. Koch señala en primer lugar que no hay «experiencia y transmisión de la fe cristiana» en las familias. «Como familia, a menudo no han participado en la vida de la iglesia durante generaciones, que no conocen ni comparten». El dato es demoledor: «solo se bautiza al 35 por ciento de los niños en Berlín, incluso en familias católicas donde al menos uno de los padres es católico».
En segundo lugar, «Dios no aparece en la vida cotidiana de muchas personas. En cambio, en todas partes se encuentran con el ‘poder del hombre’, incluido el poder de destruir y hacer la guerra». Es decir, experimentan al hombre como la «fuerza motriz obvia de este mundo» y ya no encuentran sitio en el mundo para Dios.
En tercer lugar, los alemanes se sienten alejados de la fe por la existencia del sufrimiento, «especialmente la miseria que no causa el hombre», haciéndose las mismas preguntas que Job. Sin embargo, a diferencia de Job, los hombres de hoy dejan de creer en Dios.
Ante esta situación, la única propuesta de Mons. Koch es dar testimonio desde la duda y la incertidumbre: «quizá este sea el testimonio de fe que nosotros, como cristianos, podemos y podemos dar al mundo hoy: permanecemos junto a Dios y creemos que estamos seguros con Él, aunque nuestras dudas e incertidumbres permanezcan, así como nuestra incapacidad para entender a Dios y poder explicarlo a nuestros semejantes. Ciertamente esto no es un testimonio triunfante de fe, pero quizá sea aún más creíble en nuestros días».
Es inevitable notar una clara ausencia de autocrítica en las afirmaciones del obispo. Al describir la desoladora situación de la fe en Alemania, solo se mencionan factores que nada tienen que ver con las acciones y omisiones de la jerarquía: las familias que no transmiten la fe, la autosuficiencia del hombre moderno o la dificultad de creer cuando hay sufrimiento.
El hecho de que los mismos obispos germanos a menudo duden públicamente de la fe y la moral católicas o directamente las rechacen no parece tener nada que ver con la pérdida de fieles. El descuido de lo propiamente cristiano, sustituido por la obsesión episcopal con todos los temas de moda en el mundo agnóstico, desde las cuestiones LGBT al cambio climático, pasando por la inmigración, la democracia, la inclusividad o el feminismo, tampoco se considera ni por un momento. Ni por supuesto, el camino sinodal a ninguna parte.
Mons. Heiner Koch es un partidario moderado del camino sinodal germano. Es «moderado» en el sentido de que, por ejemplo, considera que las mujeres podrían ser sacerdotisas en el futuro, pero también cree que esto lo debe hacer conjuntamente la Iglesia y no Alemania por su cuenta. Lo mismo piensa sobre la aprobación de las relaciones del mismo sexo y otros temas tratados por el camino sinodal.
Con información de Infocatólica.





Deje su Comentario