Un análisis de cientos de experiencias marianas muestra que los videntes no han sido únicamente niños pobres o sin estudios, los adultos y personas de distintos ámbitos sociales también aparecen de manera significativa en los registros históricos.
Redacción (05/10/2026 19:20, Gaudium Press) Durante siglos, las apariciones de la Virgen María han despertado devoción, pero también preguntas y escepticismo. Una de las objeciones más frecuentes sostiene que los videntes suelen ser niños, pastores o personas con escasa formación. «¿Por qué no se aparece la Virgen a gente culta y alfabetizada?», plantean algunos críticos.
La impresión puede parecer razonable al recordar algunos de los casos marianos más conocidos. En el siglo XIX, por ejemplo, la Virgen se apareció a los pastores Melania y Maximino en La Salette y posteriormente a Bernadette Soubirous en Lourdes, quien tenía una formación escolar muy limitada. Ya en el siglo XX, los protagonistas de las apariciones de Fátima fueron también tres niños pastores, Lucía dos Santos y sus primos Francisco y Jacinta Marto. Además, en diversas tradiciones locales vinculadas a santuarios marianos aparecen pastores y campesinos como protagonistas de experiencias que dieron origen a posteriores devociones. Sin embargo, cuando se examinan los registros históricos de manera más amplia, la imagen cambia considerablemente.
Santos y personas cultas también afirmaron haber visto a la Virgen
La historia de la espiritualidad católica recoge numerosos casos de personas adultas y con formación que aseguraron haber tenido experiencias sobrenaturales relacionadas con la Virgen. Uno de ellos es san Pedro Nolasco, mercader barcelonés del siglo XIII, quien habría tenido una visión de la Virgen que estuvo relacionada con el origen de la Orden de la Merced. También santa Catalina de Bolonia, perteneciente a una familia vinculada al mundo jurídico, afirmó haber visto a la Virgen con el Niño Jesús en el siglo XV.
A ellos se suman figuras como san Pedro Canisio, san Estanislao de Kostka y san Felipe Neri, pertenecientes a familias nobles del siglo XVI y relacionados en sus biografías espirituales con experiencias de carácter mariano. Otro caso es el de san Pablo de la Cruz, fundador de los pasionistas. Según su tradición biográfica, cuando tenía 16 años tuvo una experiencia con la Virgen que confirmó su vocación religiosa.
Estos ejemplos no significan que toda experiencia visionaria deba considerarse automáticamente sobrenatural. La Iglesia somete las supuestas apariciones a procesos de discernimiento. Pero sí muestran que la afirmación de que las experiencias marianas son exclusivamente propias de niños o personas sin formación no coincide con todo el registro histórico.
Uno de los trabajos citados sobre esta cuestión fue realizado por el sacerdote servita Giuseppe M. Besutti, reconocido estudioso de la mariología y autor de una extensa bibliografía sobre el fenómeno mariano. Desde 1950, Besutti comenzó a publicar sus volúmenes de Bibliografía Mariana, en los que reunió publicaciones procedentes de diferentes idiomas y países. Su última edición apareció en 1989. El periodista italiano Vittorio Messori recoge en su libro Hipótesis sobre María los resultados de una investigación de Besutti sobre las apariciones que estuvieron relacionadas con el origen de unos 190 santuarios marianos italianos, especialmente entre los más antiguos. Los resultados cuestionan la idea de que exista un único perfil del vidente.
Según explica Messori al recoger los datos de Besutti, “los videntes se dividen, casi exactamente, entre hombres y mujeres, que los adultos son más numerosos incluso que los niños o adolescentes, que no existen clases sociales que aparezcan privilegiadas, por lo menos de forma exclusiva”. Y añade una comparación especialmente significativa, “junto a los siervos, están los aristócratas; junto a los campesinos, los burgueses”.
El estudio sí encontró una presencia mayoritaria de personas pobres en términos materiales, pero no estableció una relación exclusiva entre pobreza, falta de educación y experiencias marianas. La investigación de Besutti estaba limitada a Italia y a los santuarios estudiados, por lo que sus conclusiones no pueden trasladarse automáticamente a todas las apariciones registradas en el mundo. Sin embargo, constituye un dato relevante frente a la idea de que los videntes pertenecerían siempre al mismo grupo social.
Un segundo trabajo amplió considerablemente el campo de análisis. Se trata de la investigación realizada por el sociólogo Michael P. Carroll y publicada en 1983 en el Journal for the Scientific Study of Religion. Carroll estudió un centenar de experiencias marianas registradas en Europa a lo largo del segundo milenio y abordó el fenómeno desde una perspectiva sociológica y psicológica. Sus resultados también contradicen la imagen de que los videntes son predominantemente niñas o adolescentes. Según el estudio, el 58 % de los beneficiarios de estas visiones eran hombres, frente al 42 % de mujeres. Además, el 62 % tenía más de 18 años en el momento de la experiencia.
Es decir, en la muestra analizada había una mayoría de adultos.
El estudio también observó diferencias según el contexto religioso. Cuando las experiencias se producían en territorios de misión, donde los católicos constituían una minoría, los videntes eran casi siempre hombres adultos. Carroll tampoco encontró un perfil social uniforme entre quienes afirmaban haber experimentado estas visiones.
¿Entonces por qué los casos más famosos tienen como protagonistas a niños?
La pregunta sigue siendo válida. Que los estudios demuestren que existen numerosos videntes adultos y de diferentes niveles sociales no elimina el hecho de que algunas de las apariciones marianas más conocidas estén vinculadas a niños o jóvenes. Lourdes, Fátima y La Salette han tenido una enorme repercusión precisamente porque sus protagonistas fueron personas de condición humilde y, en varios casos, menores de edad. Pero esos casos no representan necesariamente la totalidad del fenómeno. Los datos recopilados por Besutti y Carroll apuntan a una realidad mucho más diversa: hombres y mujeres, niños y adultos, campesinos y miembros de las clases acomodadas aparecen en los registros históricos.
Por eso, la pregunta ¿por qué no se aparece la Virgen a gente culta y alfabetizada? parte de una generalización que no parece sostenerse cuando se amplía la mirada a las experiencias marianas documentadas durante siglos.
Las estadísticas, por sí solas, tampoco pueden demostrar que una aparición sea sobrenatural. Esa es otra cuestión que requiere un discernimiento histórico, teológico y eclesial. Pero sí pueden ayudar a desmontar una objeción concreta, los videntes de la Virgen no han sido únicamente niños analfabetos ni pertenecen todos a un mismo grupo social.
Con información de Religión en libertad






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