martes, 13 de octubre de 2026
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Más pantallas y más IA, menos mente: Italia también se desploma en las aulas

Los resultados de INVALSI 2026, que reporta la evaluación anual del sistema de educación italiano, coinciden con los últimos de las pruebas PISA.

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Foto: Immo Wegmann / Unplash

Redacción (13/10/2026 14:52, Gaudium Press) No es solo la prueba PISA (Programme for International Student Assesment) estudio estandarizado global que mide habilidades y conocimientos de estudiantes de quince años, la que ha encendido las alarmas: los resultados de la última edición, publicados en septiembre pasado mostraron los promedios más bajos desde que se inició este sistema de medición en el 2026, particularmente la peor caída de la comprensión lectora, y un desplome acumulado en matemáticas.

Ahora el informe INVALSI 2026, que reporta la evaluación anual del sistema de educación italiano, evidencia que en tercer año de secundaria apenas el 57% de los alumnos alcanza un nivel adecuado en italiano, nueve puntos menos que en 2018. En matemáticas, el 55% supera el umbral de suficiencia, seis puntos menos que al inicio de la serie. Y algo que tal vez sea peor. Los resultados de este año no son atípicaos, sino que desde 2018, ninguna región de la bota itálica ha mejorado.

¿Las causas?

En La Nuova Bussola Quotidiana, Daniele Ciacci analiza la situación.

¿La culpa es de los inmigrantes? Es la explicación más repetida, y pesa algo: los alumnos extranjeros de primera generación registran en italiano una brecha de casi 23 puntos, equivalente a unos dos años de escuela. Pero los datos regionales desmienten que sea la causa principal. Lombardía, la región que más estudiantes extranjeros recibe (unos 237.000), supera la media nacional con un 61% de alumnos adecuados. El retroceso afecta a todos los territorios, desde -17 puntos en Bolzano hasta -2 en Basilicata.

Dos caídas, dos fechas, y la reaparición de la ‘omnisciente’ IA

El hundimiento se acentuó entre 2019 y 2021, cuando la pandemia puso a los jóvenes frente a pantallas, y de nuevo después de 2023. Ese año ChatGPT volvió a estar disponible en Italia, tras un bloqueo previo por parte de la agencia italiana que controla la privacidad de los datos personales, Garante, que había determinado que ChatGPT recogía datos personales sin base legal clara, y sin verificar la edad de los usuarios. Pero ya en abril de 2023, nuevamente ChatGPT estaba al aire, y con él, un atajo para que los deberes escolares no costaran tanto esfuerzo. Es cierto, coincidencia de fechas (caída en rendimiento con facilidad de uso de IA) no equivale a causalidad demostrada, advierte Ciacci, pero tampoco parece fruto del azar.

Lo cierto es que los resultados se siguen pareciendo a los de las pruebas PISA.

En esta, los “lectores apresurados”, que responden rápido y mal, pasaron del 6,6% al 11,4% entre 2018 y 2025. Y es la propia OCDE, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, organizadora de las pruebas PISA, la que vincula la caída con la digitalización: más horas frente a la pantalla, menos lectura por placer.

Y el futuro laboral no promete alivio. El artículo cita un documento de otro gigante de la IA, Anthropic, con tres escenarios económicos hacia 2030. El más extremo contempla un crecimiento del PIB del 32,4%, pero también salarios a la baja (más de un 10%) y un desempleo superior al habido en épocas de recesión. Los más golpeados serían los perfiles técnicos de alto nivel, tipos programadores y científicos de datos.

Las conclusiones que extrae Ciacci, algunas son evidentes.
Pensar cuesta y para eso no hay atajos. Una generación que no se ejercita en cuestionarse a sí misma corre el riesgo de perder el sentido crítico, y la manipulación prospera donde reina la comodidad.

Redescubrir lo sabroso del esfuerzo

El aprendizaje, así como necesita esfuerzo, necesita tiempo. Para aprender, hay que pensar con esfuerzo por un periodo de tiempo más bien largo. Pero si el mundo laboral se va acostumbrando a los ritmos flash de la IA, se crea ahí un puente roto, que quien sabe como se va a recomponer: la IA está aumentando la aceleración de todo, y está ofreciendo resultados acelerados. Pero para tener gente capacitada en cualquier área, se requiere paciencia, y sudar.

Afirma Ciacci que los millenials están viendo que la realidad bañada por la IA quiebra algunos de los dogmas que les ofrecieron e interiorizaron: se les dijo-insinuó que las profesiones científicas serían cada vez más apetecibles y que trabajar duro les haría ganar más que sus padres. El segundo ya se desmoronó; el primero podría seguirlo muy pronto.

En cualquier caso, Ciacci opina que hay que hacer una cruzada para redescubrir la fatiga, el esfuerzo, la tenacidad, la perseverancia, lo que implica, más que medidas puntuales, un cambio de modelo cultural:

Las medidas que se debaten —como restringir el uso de dispositivos en el aula o prohibir la IA en las escuelas— son legítimas, pero no pasan de ser remedios paliativos. En el momento en que empezamos —como sociedad relativista e incapaz de valorar la realidad— a ver el esfuerzo no como una oportunidad humana para dejar huella en el mundo, sino como una forma de pseudoesclavitud, condenamos a la siguiente generación a preferir las comodidades que ofrece la IA. Un antídoto contra este mal podría consistir en guiar a los estudiantes para que descubran la satisfacción de un logro alcanzado mediante el trabajo duro: un esfuerzo que enriquece en lugar de ofender.

Valorar el esfuerzo. Algo no fácil en culturas que llevan casi siglos endiosando el placer fácil. Pero bien, la verdad debe ser dicha.

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