El mendigo búlgaro recorrió durante décadas las calles para recoger limosnas que destinaba a iglesias, monasterios y obras de caridad, mientras él vivía con lo imprescindible.

Redacción (14/10/2026 16:38, Gaudium Press) En distintos colores y con una historia ligada a la devoción mariana, las llamadas medidas de la Virgen del Pilar son mucho más que un recuerdo religioso para quienes las conservan. Estas cintas de seda, que reproducen la altura de la imagen venerada en Zaragoza, en España, expresan la confianza de los fieles en la intercesión de María, especialmente en los momentos de dificultad
¿Por qué miden exactamente 36,5 centímetros?
Las medidas de la Virgen del Pilar son cintas de seda de aproximadamente 36,5 centímetros de largo, la misma altura que tiene la imagen de la Virgen del Pilar que se encuentra en la Catedral-Basílica de Nuestra Señora del Pilar, en Zaragoza. Los fieles suelen conservarlas en sus hogares, llevarlas consigo o regalarlas a familiares y amigos como signo de devoción y confianza en la protección maternal de María. Su significado, sin embargo, no se limita a sus dimensiones ni a su condición de objeto religioso, está relacionado con una tradición que durante siglos buscó hacer presente el consuelo de la Virgen junto a quienes atravesaban una enfermedad. Las cintas se confeccionan en distintos colores, siguiendo la variedad de los mantos de la imagen. Cada una recuerda así una costumbre que nació en torno a la atención espiritual de los enfermos y que, con el paso del tiempo, encontró una forma más sencilla de llegar a un mayor número de personas.
El origen de esta tradición se encuentra en una antigua práctica de la basílica zaragozana, prestar los mantos de la Virgen del Pilar para acompañar a las personas enfermas.
Según explica la Catedral-Basílica, existen registros de esta costumbre desde 1677. Los mantos se facilitaban a quienes los solicitaban para acompañar a sus seres queridos durante la enfermedad, como una expresión de confianza en la intercesión de la Madre de Dios en medio del sufrimiento. La intención de esta práctica era que los enfermos pudieran sentirse acompañados espiritualmente por María, tanto durante el proceso de recuperación como en las circunstancias más difíciles de la vida.
La basílica explica el sentido de esta tradición con estas palabras, “De este modo se asegura la presencia de María en el transcurso de sus enfermedades y hasta el final de las mismas, de modo que si resultan incurables, puedan recibir incluso el maternal abrazo de la Virgen en su lecho de muerte”.
El testimonio refleja la dimensión espiritual de una costumbre en la que el manto se convertía en un signo de cercanía y consuelo para quienes padecían una enfermedad, así como para sus familiares.
Se extendió más allá de Zaragoza
Con el paso de los años, las solicitudes de mantos aumentaron. Entre 1941 y 1983 se confeccionaron varios ejemplares para atender las peticiones de los devotos, que llegaban no solo de Zaragoza y de otras regiones de España, sino también del extranjero. La demanda, sin embargo, llegó a ser tan numerosa que resultaba difícil responder a todas las solicitudes. Ante esta situación, surgieron las llamadas medidas de la Virgen del Pilar, unas cintas que reproducen la altura de la imagen y permiten conservar un signo de esta tradición mariana sin necesidad de trasladar los mantos.
De esta manera, una práctica vinculada originalmente al acompañamiento de los enfermos pudo extenderse a muchos otros fieles. Las cintas comenzaron a formar parte de la devoción personal de quienes deseaban encomendarse a la Virgen, recordar su presencia maternal o compartir con otras personas un signo de fe. Su pequeño tamaño facilita que puedan llevarse consigo o conservarse en casa. Para muchos devotos, representan también una manera de mantener viva una tradición profundamente arraigada en la historia religiosa de Zaragoza.
La Catedral-Basílica del Pilar explica que estas cintas tienen la consideración de sacramentales. Su significado no reside en el material del que están hechas ni en sus dimensiones, sino en la relación de fe y devoción que expresan. En palabras de la propia basílica: “La medida es un sacramental: las que se ofrecen en el Pilar han estado en contacto con el manto de la Virgen y su valor no está en el objeto en sí, sino en lo que representa”.
La explicación añade que, al llevarla, el fiel deposita su confianza en la intercesión de María y se encomienda a ella. Por eso, la cinta constituye un recordatorio visible de la protección maternal de la Virgen, sin que deba entenderse como un objeto con poderes propios ni como una garantía de curación.
En la tradición católica, los sacramentales son signos sagrados que disponen a los fieles a recibir los frutos de la gracia y los ayudan a santificar las distintas circunstancias de la vida. Su sentido está unido a la oración, la fe y la confianza en Dios. La basílica lo resume así: “La medida es el recordatorio y signo visible de esa protección maternal”.
Una devoción que sigue presente
Las medidas de la Virgen del Pilar continúan vinculando a los devotos con una tradición que comenzó hace siglos en Zaragoza. Para algunos, son un recuerdo de una visita a la basílica, para otros, un regalo para una persona enferma, un familiar que atraviesa dificultades o alguien a quien desean encomendar a la protección de María. Disponibles en distintos colores y adquiridas en la propia Catedral-Basílica, estas cintas mantienen vivo el recuerdo de los mantos que antiguamente se prestaban para acompañar a los enfermos.
Su historia permite comprender que, detrás de una cinta de apenas 36,5 centímetros, existe una tradición de fe que ha buscado expresar cercanía y consuelo ante el sufrimiento humano. Más que por su tamaño, las medidas de la Virgen del Pilar tienen importancia para quienes las llevan por aquello que representan, la confianza en la intercesión de María y el deseo de sentirse acompañados por su maternal protección en las distintas circunstancias de la vida.
Con información de Religión en Libertad





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