De joven se enfrentó a la Iglesia y llegó a golpear a san Felipe Benizi. Años después, una curación considerada milagrosa lo convertiría en patrono de quienes padecen cáncer.
Redacción (14/10/2026 16:38, Gaudium Press) La historia de san Peregrino Laziosi tuvo una gran conversión, una enfermedad que amenazó con costarle una pierna y una curación que dio origen a una de las devociones más conocidas entre los enfermos de cáncer. Hoy, su intercesión vuelve a ser recordada por los fieles que encomiendan a Dios la salud del papa León XIV. San Peregrino Laziosi nació en 1260 en Forlì, Italia, en el seno de una familia acomodada. Durante su juventud, se involucró en movimientos contrarios a la autoridad pontificia y mantuvo una actitud de abierta oposición a la Iglesia. Su temperamento impulsivo quedó reflejado en un episodio que cambiaría el rumbo de su vida.
Cuando san Felipe Benizi, superior de la Orden de los Siervos de María, llegó a Forlì para predicar la reconciliación, encontró un ambiente hostil. En medio de las tensiones, el joven Peregrino llegó a propinarle un puñetazo. Sin embargo, la respuesta de san Felipe en lugar de reaccionar con violencia, soportó el ataque con paciencia y espíritu de perdón. Aquel comportamiento impresionó a Peregrino, quien terminó reconociendo su error y pidió disculpas. El encuentro se convirtió en un punto de inflexión. A partir de entonces, el joven comenzó un camino de conversión que lo llevaría a abandonar su antigua actitud y a orientar su vida hacia la oración, la penitencia y el servicio a los demás.
Según la tradición servita, la Virgen María también tuvo un papel decisivo en su vocación. Peregrino recibió una llamada a incorporarse a la Orden de los Siervos de María, a la que ingresó en 1292. Allí comenzó una nueva etapa, caracterizada por una vida de austeridad y entrega espiritual.
Una vida de penitencia y servicio
Con el paso de los años, Peregrino se distinguió por su dedicación a la vida religiosa. Su compromiso con la oración y la penitencia estuvo acompañado por una intensa labor pastoral, especialmente en la atención de quienes acudían a él en busca de orientación. Más adelante regresó a su ciudad natal, donde contribuyó al desarrollo de la comunidad servita, quienes lo conocieron pudieron contemplar la transformación de aquel joven que había reaccionado con violencia ante un predicador y que, después de su conversión, se convirtió en un religioso reconocido por su humildad y entrega.
Sin embargo, su vida tuvo una prueba dolorosa, una grave enfermedad que afectó una de sus piernas, enfermedad que dio origen a su devoción. De acuerdo con los relatos tradicionales de la Orden de los Siervos de María, Peregrino desarrolló una lesión grave en la pierna que se agravó progresivamente. Las fuentes devocionales describen aquella afección como una llaga cancerosa, hasta el punto de que los médicos consideraron necesaria la amputación para evitar que su estado empeorara. Ante la posibilidad de perder la extremidad, el religioso recurrió a la oración. La noche anterior a la intervención, permaneció durante largo tiempo ante una imagen de Cristo crucificado, confiando su sufrimiento a Dios.
Según la tradición, mientras dormía tuvo una visión en la que Jesús descendía de la cruz y tocaba la zona enferma. Al despertar, descubrió que la lesión había desaparecido. Los médicos acudieron para realizar la amputación, pero, según los relatos transmitidos por la tradición servita, comprobaron que la herida había sanado y que la intervención ya no era necesaria. La curación fue considerada milagrosa y se convirtió en el acontecimiento más conocido de su vida. Desde entonces, la devoción a san Peregrino quedó estrechamente vinculada a las personas que padecen cáncer y otras enfermedades graves. Para muchos enfermos y sus familias, su historia representa un motivo de esperanza y una invitación a afrontar el sufrimiento mediante la oración, sin dejar de lado la atención médica.
¿Por qué lo llaman el santo del cáncer?
El sobrenombre de santo del cáncer está relacionado precisamente con el relato de su curación. Con el paso de los siglos, su intercesión comenzó a ser invocada de manera especial por quienes afrontan diagnósticos oncológicos, así como por sus familiares y por los profesionales que los acompañan. La Iglesia reconoció oficialmente su santidad. Peregrino murió en 1345 y su culto se extendió progresivamente dentro y fuera de Italia.
Su devoción continúa viva en parroquias, comunidades religiosas y santuarios de distintos países. En torno a su figura se celebran oraciones por los enfermos, se encomiendan tratamientos médicos y se pide fortaleza para afrontar los momentos difíciles.
La figura de san Peregrino vuelve a cobrar relevancia cuando los fieles buscan santos a cuya intercesión encomendar la salud de personas enfermas. Su historia es recordada especialmente en las oraciones por quienes padecen cáncer y por aquellos que atraviesan tratamientos complejos. Asimismo, algunos católicos también dirigen sus plegarias por el papa León XIV, como expresión de cercanía espiritual ante las preocupaciones relacionadas con su salud. La devoción a san Peregrino se convierte así en una forma de pedir fortaleza, consuelo y esperanza para los enfermos. Más allá del relato extraordinario de su curación, la vida del religioso italiano conserva otro mensaje, una persona puede cambiar muy a fondo cuando reconoce sus errores y se abre al perdón. El joven que golpeó a san Felipe Benizi terminó dedicando su existencia a la oración y al servicio, y su nombre permanece ligado a quienes buscan consuelo en medio del dolor.
Con información de Religión en Libertad






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