viernes, 16 de octubre de 2026
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¿Necesitará quimioterapia León XIV? Una oncóloga explica los posibles escenarios

En entrevista con el Corriere della Sera, la especialista Silvia Novello explica por qué la extirpación exitosa del tumor pulmonar aún no permite determinar si el Pontífice está curado. Los análisis moleculares y el estudio de los ganglios linfáticos serán decisivos para determinar si son necesarios nuevos tratamientos.

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Foto: Vatican News

Redacción (16/10/2026 10:25, Gaudium Press) La intervención quirúrgica a la que fue sometido el Papa León XIV el martes 13 de octubre transcurrió sin complicaciones y permitió la extirpación del tejido canceroso identificado en su pulmón derecho. La noticia trajo alivio a los católicos que siguen con preocupación el estado de salud del Pontífice, pero dejó una pregunta fundamental aún sin respuesta: ¿será suficiente la operación para tratar definitivamente la enfermedad, o deberá el Papa afrontar nuevas etapas de tratamiento, incluida la posibilidad de recibir quimioterapia?

Esta cuestión fue abordada el jueves 15 de octubre por el diario italiano Corriere della Sera, en entrevista realizada por la periodista Vera Martinella a la oncóloga Silvia Novello, una de las principales especialistas italianas en cáncer de pulmón. Novello —profesora en la Universidad de Turín, responsable del área de oncología torácica del Hospital San Luigi de Orbassano y coordinadora de las directrices de la Asociación Italiana de Oncología Médica para tumores pulmonares— explicó que el diagnóstico conocido hasta ahora representa solo una parte de la información necesaria para comprender el alcance real de la enfermedad.

El Vaticano confirmó que a León XIV, de 71 años, se le diagnosticó un adenocarcinoma pulmonar, la forma más frecuente de cáncer de pulmón. La cirugía consistió en la extirpación del lóbulo inferior del pulmón derecho, un procedimiento conocido como lobectomía. Según la información divulgada este jueves, “los resultados se encuentran dentro de la normalidad. La radiografía de tórax reveló una buena recuperación del pulmón operado. El Papa realizó sus actividades diarias de forma autónoma. La sesión de fisioterapia incluyó ejercicios motores completos”.

No es suficiente solo identificar el tipo de cáncer

Sin embargo, la buena evolución posoperatoria no debe confundirse con una evaluación definitiva del pronóstico oncológico. La extirpación completa de la lesión visible representa una etapa importante del tratamiento, pero no elimina automáticamente la posibilidad de que existan células tumorales microscópicas o factores biológicos capaces de favorecer una futura recurrencia de la enfermedad.

Es precisamente esta distinción la que la profesora Novello busca aclarar. Según la especialista, actualmente no basta con identificar el tipo de cáncer. Es necesario conocer sus características moleculares, la etapa en la que fue diagnosticado y la posible afectación de los ganglios linfáticos. Solo la combinación de esta información permite determinar si el paciente requiere tratamientos adicionales y qué medicamentos ofrecen las mejores perspectivas.

Entre los elementos considerados decisivos se encuentran las alteraciones genéticas identificadas por las siglas EGFR, ALK, KRAS y ROS1, además de la expresión de una proteína denominada PD-L1. Aunque estos términos resulten poco familiares para el público general, tienen una gran importancia en la oncología moderna, ya que ayudan a identificar características específicas de las células cancerosas y, en consecuencia, a seleccionar los tratamientos más adecuados para combatirlas.

Los análisis se realizan a partir del tejido extraído durante la cirugía, mediante técnicas capaces de detectar alteraciones moleculares. Una de ellas es la secuenciación genética de nueva generación, conocida por las siglas NGS, que permite analizar simultáneamente diversos genes asociados al desarrollo del tumor. Por su parte, la evaluación de la proteína PD-L1 puede ayudar a determinar qué tipos de inmunoterapia serían los más apropiados.

Los análisis más profundos, habitualmente en una semana

Según Novello, los resultados de estos análisis suelen estar disponibles en aproximadamente una semana hábil, aunque el plazo puede variar dependiendo del laboratorio y de los procedimientos empleados. La especialista destaca que existe un tiempo técnico necesario para realizar los análisis, lo que significa que la ausencia de respuestas inmediatas no debe interpretarse como una señal de agravamiento de la enfermedad.

El dato principal que aún se desconoce es la etapa del cáncer. El escenario más favorable sería la confirmación de que el tumor se encontraba en la etapa I, una fase en la que la enfermedad está localizada y puede, en determinadas circunstancias, tratarse únicamente mediante cirugía. En este supuesto, Leão XIV podría no necesitar quimioterapia ni otras terapias complementarias, manteniéndose bajo seguimiento médico periódico.

Este seguimiento, sin embargo, no implica abandonar la vigilancia oncológica. La especialista explica que, incluso en los casos más favorables, los pacientes suelen someterse a consultas y pruebas de imagen durante al menos cinco años tras la intervención. El objetivo es identificar de forma precoz cualquier posible señal de reaparición de la enfermedad, una precaución habitual en el tratamiento de tumores malignos.

Si las pruebas revelan que el cáncer se encontraba en una etapa más avanzada, como el estadio II, el escenario podría ser distinto. Aunque la lesión haya sido extirpada por completo, los médicos podrían recomendar tratamientos adicionales para reducir el riesgo de recurrencia y aumentar las probabilidades de curación. La decisión dependerá de las características del tumor y del estado general del paciente.

De qué dependería la quimioterapia

En este contexto, la quimioterapia sigue desempeñando un papel importante. A pesar de los avances médicos y del desarrollo de fármacos más específicos, continúa siendo una de las opciones empleadas en el tratamiento complementario de ciertos adenocarcinomas pulmonares. Dependiendo del caso, puede combinarse con inmunoterapia o con medicamentos dirigidos a alteraciones moleculares identificadas en las células cancerosas.

La inmunoterapia tiene como objetivo estimular o restaurar la capacidad del sistema inmunitario para reconocer y combatir las células tumorales. Por su parte, las llamadas terapias dirigidas actúan sobre mecanismos específicos relacionados con el crecimiento del cáncer. Estos avances han ampliado considerablemente las posibilidades terapéuticas para determinados grupos de pacientes, permitiendo enfoques que no estaban disponibles hace pocos años.

No se descarta la radioterapia

La radioterapia también puede considerarse en situaciones particulares, especialmente cuando existen factores de riesgo relacionados con la extensión de la enfermedad. Novello explica que estas decisiones no las toma un médico de forma aislada, sino equipos multidisciplinarios integrados por cirujanos, oncólogos, radioterapeutas, anatomopatólogos y otros especialistas.

Uno de los aspectos más importantes de esta evaluación es el análisis de los ganglios linfáticos extirpados durante la operación. Si no presentan células cancerosas, este hecho constituirá un elemento favorable, indicando la ausencia de afectación en los ganglios linfáticos examinados. Si existe afectación ganglionar, esta información podría modificar la estadificación e influir directamente en la elección de los tratamientos posteriores.

Metástasis: aún ni confirmarse ni descartarse – Pero hay elementos alentadores

Por lo tanto, la posibilidad de metástasis no puede confirmarse ni descartarse basándose exclusivamente en la información divulgada hasta el momento sobre el Papa. Del mismo modo, no es posible establecer una estimación individual fiable del riesgo de recurrencia sin conocer el estadio definitivo y las características biológicas del tumor.

No obstante, la profesora Novello señala elementos alentadores en la situación de León XIV. El Pontífice tiene 71 años, gozaba de un buen estado de salud general y ha demostrado una rápida capacidad de recuperación tras la intervención. Estos factores son relevantes, ya que la condición física del paciente influye tanto en la recuperación quirúrgica como en su capacidad para tolerar posibles tratamientos complementarios.

Asimismo, existe una diferencia importante entre la necesidad de nuevas terapias y la existencia de un pronóstico desfavorable. La recomendación de quimioterapia, inmunoterapia o terapias dirigidas no implica necesariamente que la cirugía haya fracasado o que el cáncer se haya diseminado. En muchos casos, estas intervenciones se indican precisamente con el fin de aumentar las probabilidades de curación y reducir el riesgo de que la enfermedad reaparezca.

Esta distinción merece especial atención en el caso del Papa, cuya salud es seguida por millones de personas en todo el mundo. La palabra «cáncer» suscita, naturalmente, preocupación; por su parte, la posibilidad de recurrir a la quimioterapia suele generar temores relacionados con los efectos adversos del tratamiento. Sin embargo, la medicina cuenta hoy en día con diversas estrategias terapéuticas, cuya elección depende de información clínica que aún no ha sido divulgada.

La entrevista publicada por el Corriere della Sera ayuda, por tanto, a comprender por qué resultaría prematuro afirmar tanto que León XIV está definitivamente curado como que necesitará quimioterapia. La cirugía exitosa representa una noticia positiva, pero el verdadero alcance de sus resultados solo podrá evaluarse cuando estén disponibles los exámenes anatomopatológicos y moleculares.

Por el momento, la información más importante es que el Pontífice presenta una recuperación posoperatoria favorable y que existen diferentes posibilidades de tratamiento, algunas de las cuales podrían incluso no llegar a ser necesarias. El diagnóstico de adenocarcinoma pulmonar es serio, pero no permite, por sí solo, determinar el futuro clínico de un paciente.

En los próximos días, los resultados de los exámenes deberían ofrecer elementos más concretos para comprender la situación de Leão XIV. Hasta entonces, la prudencia aconseja distinguir cuidadosamente lo que los médicos ya saben de aquello que aún deben descubrir. El éxito de la operación permite albergar esperanzas, pero la responsabilidad en el manejo de la información exige reconocer que el pronóstico definitivo sigue siendo una incógnita.

Por Rafael Ribeiro

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