martes, 20 de octubre de 2026
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Arzobispo de Oviedo: En el templo lo sagrado, en la plaza el testimonio, en el atrio debate

Mons. Sanz Montes defendió la presencia de Dios en la vida pública durante el II Foro “Lo que aporta la fe católica a España y a Europa”, celebrado en el Senado.

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Redacción (20/10/2026 10:05, Gaudium Press) «La clandestinidad no, gracias». Con esta fórmula, el arzobispo de Oviedo, Mons. Jesús Sanz Montes, rechazó ayer lunes en el Senado los planteamientos que pretenden confinar la fe al ámbito privado. También reclamó para los católicos un lugar en la plaza pública, convencido de que Dios no es un rival del hombre, sino «el mejor de nuestros cómplices».

El prelado intervino en el II Foro «Lo que aporta la fe católica a España y a Europa», organizado por la Fundación Enraizados en la Sala Europa del Palacio del Senado, bajo la pregunta «Dios: ¿Luz en la vida pública?». Compartieron mesa con él el rector de la Universidad CEU Cardenal Herrera, Higinio Marín; el senador por Melilla del Partido Popular Fernando Gutiérrez, y el director de El Debate, Bieito Rubido.

«Un político lírico sí, uno delirante no»

Sanz Montes tomó la palabra después de Marín y recogió una de sus ideas. Dijo que le había producido «mucha paz» escuchar que no elegimos a los políticos para que nos hagan felices, aunque sí podemos exigirles que no nos condenen a la miseria. Lo resumió con humor: «Un político lírico sí, uno delirante no».

El arzobispo se refirió también a las críticas que reciben las intervenciones públicas de los miembros de la jerarquía eclesiástica. «Hago política siempre que puedo, entendiendo por política ese menester, ese ministerio de dar testimonio en la polis, en la ciudad», declaró. Subrayó su compromiso con la verdad, la convivencia y la honestidad, frente a «la mentira, la insidia y el robo».

Familia, amistad y soledad

El núcleo de su intervención giró en torno a la familia, la amistad y la soledad. Según la información difundida por COPE, el prelado se apoyó en las reflexiones de C. S. Lewis para abordar estas tres realidades. Recordó también las palabras del Génesis «No es bueno que el hombre esté solo» (Gn 2,18) y advirtió de que el aislamiento debilita a las personas y las hace más vulnerables a la manipulación. La visión cristiana del ser humano, explicó, parte de que estamos hechos para vivir en relación con los demás.

En esa línea evocó a San Agustín, que describía a Dios como «un eterno amante, que quiere a un eterno amado y que lo quiere en un eterno amor». Alertó además del daño que causa el debilitamiento de los vínculos familiares, y para ello recurrió a una expresión del jurista Gómez Bengoechea: «una generación de niños huérfanos cuyos padres están vivos».

La amistad, añadió, ayuda a reconocer que no lo sabemos todo ni podemos hacerlo todo por nosotros mismos. «La amistad te recuerda que somos sencillamente incompletos», sostuvo. También la definió como «el encuentro solidario de personas que se dejan acompañar y nunca sustituir». Frente a las ideologías que aspiran a controlarlo todo, defendió que la fe cristiana sostiene una visión del ser humano «orientada al bien común y la libertad». Concluyó: «Dios no es un rival, es el mejor de nuestros cómplices, el que nos permite vivir en libertad hasta la plenitud de una auténtica felicidad».

Del templo a la plaza

Ante quienes proponen restringir la práctica religiosa a la esfera privada, Sanz Montes rechazó el repliegue de los católicos del espacio civil. Lo explicó con la imagen del recorrido del creyente: «La clandestinidad no, gracias: el templo donde celebramos el misterio, la plaza donde lo testimoniamos y el atrio que está en el medio para ir y venir del templo a la plaza y de la plaza al templo».

Al término de la jornada, en declaraciones a la Cadena COPE, insistió en que contar con la dimensión religiosa repercute en la convivencia social. «Tenemos que decir que Él [Dios] no es enemigo, que no es rival, que no es un intruso en nuestras cosas, sino cómplice de lo mejor. Contar con Él significa sabernos hijos de un Padre que nos ve crecer, que nos creó y que nos espera al final de un destino», explicó.

Cerró sus palabras con una reflexión sobre la vocación personal: «Cada uno ha venido a este mundo para decir una palabra que Dios silenció, pero que Él quiere decir con nuestros labios, y para repartir un bien que Él retuvo, pero quiere repartir con nuestras manos. Por eso Dios, aunque no se presente nunca a nuestras elecciones, cuenta y tanto para hacer una sociedad que se pueda vivir en la paz, en la convivencia y en el amor».

Higinio Marín: el Estado no puede ocupar el lugar de Dios

El rector de la CEU Cardenal Herrera abrió el foro con la ponencia «Política y religión en el siglo XXI». Empezó con una advertencia: «No se puede construir el cielo en la tierra». A partir de la experiencia histórica, explicó que los proyectos políticos que prometen una sociedad perfecta pueden acabar convertidos en sistemas opresivos. Recordó las palabras de Cristo «Mi reino no es de este mundo» (Jn 18,36) para defender que la fe pone límites al poder e impide convertir las instituciones en salvadoras.

Partiendo de otra expresión evangélica, sostuvo que «hay que dar al César lo que es del César, pero sólo lo que es del César». Defendió la necesidad de «despolitizar el bien común» y de reconocer la autonomía de las familias, las amistades, las asociaciones y las comunidades, que no nacen del Estado y que las instituciones deben proteger, no sustituir. Afirmó que «la libertad requiere la norma» y que la dignidad humana no puede depender de acuerdos políticos cambiantes. También criticó que el Estado se convierta en fundamento último de la identidad colectiva, y lo resumió así: «El nacionalismo es el software del estatalismo».

Fernando Gutiérrez: convicciones sin complejos

El senador abordó la huella del cristianismo en la sociedad española y la necesidad de reconocerla sin complejos. Como ejemplos de esa herencia citó la labor misionera española y la solidaridad vinculada a esta tradición. A su juicio, ayudar a los demás no es patrimonio de una ideología política, sino fruto de la educación y de los valores transmitidos a lo largo del tiempo.

Gutiérrez señaló que muchos católicos no expresan abiertamente hasta qué punto sus convicciones influyen en su visión de los problemas sociales y políticos. Defenderlas, subrayó, no significa imponerlas, sino participar con honestidad en el debate democrático. Frente a quienes presentan las ideas inspiradas en la fe como marginales o irracionales, reclamó naturalidad y firmeza: «Hay que salir del armario y decir que lo que creemos no es delirante». Alertó también del deterioro del debate público cuando la confrontación emocional desplaza a los argumentos, y contrapuso «la fuerza de la sinrazón y la contundencia de la lógica».

Bieito Rubido: «¡No os avergoncéis!»

El director de El Debate puso el acento en la confianza con la que los católicos afrontan su presencia en la sociedad. Advirtió de que los avances científicos y tecnológicos pueden alimentar la ilusión de que el ser humano no necesita nada más. Sin embargo, experiencias como la pandemia recordaron a muchas personas su vulnerabilidad y las llevaron de nuevo a buscar a Dios. Animó a los creyentes a conocer sus raíces y a compartir sus convicciones sin complejos en una sociedad plural.

Rubido recordó la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid de 2011, cuando, al frente de ABC, decidió dar protagonismo a la visita de Benedicto XVI. A su juicio, el lema «¡No os avergoncéis!» sigue siendo una invitación vigente a no esconder aquello que da sentido a la propia vida. Evocó también a San Agustín y su exhortación «Ama y haz lo que quieras», antes de compartir la certeza que, según dijo, le sostiene en los momentos difíciles: «Mi mayor certeza es creer en Dios».

Con información de Infocatólica

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