miércoles, 21 de octubre de 2026
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Papa en audiencia general: Matrimonio es don recíproco, en “plena fidelidad” e “indisoluble unidad”

El Pontífice realizó su primera audiencia general tras la intervención en el Gemelli.

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Foto: Screenshot Youtube Vatican Media

Redacción (21/10/2026 10:10, Gaudium Press) El Papa ha tenido hoy su primera audiencia general tras la intervención en la que se le extirpó el lóbulo inferior de su pulmón derecho; aprovechó pues el Pontifice para agradecer a quienes rezan por su recuperación: “Lo primero que quiero decirles es ¡gracias! Gracias por el apoyo de sus oraciones. Demos gracias a Dios por su generosidad. Renovemos todos nuestra confianza en la bondad y la misericordia de Dios”. A pesar de aún convalesciente, quiso hacer un recorrido por la Plaza de San Pedro en auto, recibiendo el caluroso saludo de los asistentes.

Después se introdujo en el tema de la audiencia, en la secuencia del análisis de la constitución Gaudium et Spes del vaticano segundo (GS, 47-52).

Después de haber tratado de “la dignidad de la persona y su vocación en el mundo”, la constitución aborda algunos “problemas contemporáneos más urgentes”, particularmente “en el matrimonio y la familia”, relacionando bienestar de la persona con “prosperidad de la comunidad conyugal y familiar”.

“La donación recíproca del hombre y de la mujer, «de modo que ya no son dos, sino una sola carne» (Mt 19,6), motiva la exigencia de la «plena fidelidad» y de la «indisoluble unidad» de los cónyuges; y encuentra una expresión viva en la procreación y en la educación de los hijos (cfr. GS, 48). Reflejo de la Trinidad divina, el amor conyugal y parental, a través del Sacramento del matrimonio, «se rige y enriquece por la virtud redentora de Cristo», para que los cónyuges puedan amarse el uno a la otra «como Él mismo amó a la Iglesia y se entregó por ella» (ibid.)”, expresó el Papa.

El Papa León recapitula los elementos del verdadero amor entre esposos: “El amor conyugal no se limita al atractivo erótico —que también forma parte de él—, sino que abarca toda la voluntad de los esposos, reavivando su afecto y expresándose mediante sentimientos y gestos de ternura (cfr GS, 49). Este amor abarca el bien de toda la persona del hombre y de la mujer, iguales en dignidad; impregna toda la vida de los cónyuges y encuentra expresión en los actos exclusivamente propios del matrimonio (cfr ibid.). La especial intimidad de los esposos significa el amor integral de persona a persona, favorece el don recíproco y enriquece su mutua alegría (cfr ibid.)”.

El amor conyugal manifiesta su fecundidad “en la procreación de los hijos, «el don más excelente del matrimonio» (GS, 50). Transmitiendo y educando la vida humana, que nunca debe ser descartada, los esposos se convierten en «cooperadores del amor de Dios Creador y como sus intérpretes» (ibid.). Llamados a esta responsabilidad humana y cristiana, deben regirse por un juicio recto por lo que se refiere a su propio bien y al de sus hijos, ya nacidos o todavía por venir. Este juicio que, en último término, los esposos deben formar personalmente ante Dios, exige que su conciencia se ajuste a la ley divina, interpretada por el Magisterio de la Iglesia a la luz del Evangelio (cfr ibid.)”.

No hay contradicción entre ley divina, amor conyugal y transmisión obligatoria de la vida

Es imposible que “pueda haber «contradicción verdadera entre las leyes divinas de la transmisión obligatoria de la vida y del fomento del genuino amor conyugal (GS, 51); y a afirmar, en cambio, que «cuando se trata de conjugar el amor conyugal con la responsable transmisión de la vida» se debe mantener en un contexto de verdadero amor «el sentido de la mutua entrega y de la humana procreación» (ibid.). De ello se sigue que «la vida desde su concepción ha de ser salvaguardada con el máximo cuidado», rechazando «el aborto y el infanticidio»; y que «los mismos actos propios de la vida conyugal, ordenados según la genuina dignidad humana, deben ser respetados con gran reverencia» (ibid.)”.

Visto en la perspectiva católica “ la comunidad conyugal y familiar llega así a subrayar la función social de la familia, que define como «escuela del más rico humanismo» y «fundamento de la sociedad» (GS, 52), recordando a todos aquellos que tienen responsabilidades sociales, especialmente en el ámbito político y cultural, el deber de «contribuir eficazmente al progreso del matrimonio y de la familia» (ibid.)”.

Este compromiso, de velar por el matrimonio y la familia, “es más urgente que nunca”. El Pontífice hizo votos para que “la Sagrada Familia de Nazaret nos ilumine en el camino y proteja a las familias de todo el mundo”.

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