Francia fue envenenada por ideas contrarias a la Iglesia y al orden natural. Nociones de Historia de la Iglesia.
Redacción (27/10/2026 09:46, Gaudium Press) Al dar rienda suelta a las tendencias desordenadas, Francia fue envenenada por ideas contrarias a la Iglesia y al orden natural.
Citemos algunos ejemplos.
Voltaire, por frecuentar a los peores libertinos y escribir versos y sátiras hediondos, fue desterrado de París en dos ocasiones y también encarcelado dos veces en la Bastilla. Escribió el infame poema «La doncella», que es un lodazal arrojado contra Santa Juana de Arco, la monarquía y la Religión. A pesar de ello, fue admitido en la Academia Francesa. Y el Papa Benedicto XIV agradeció gentilmente a Voltaire el envío que le había hecho de su obra anticatólica «Mahoma o el fanatismo». A petición del rey de Prusia, Federico II, visitó aquella nación. Colmado de riquezas, compró el castillo de Ferney, donde pasó a vivir como un rey, servido por vasallos…
Odiaba a Dios y amaba al demonio
Voltaire redactó muchas obras teatrales, cuentos, novelas y cartas, en las que propagaba ideas revolucionarias e incitaba a las pasiones desordenadas. En sus misivas, al referirse a la Iglesia Católica, escribió más de 150 veces: «aplastemos a la infame».
Odiaba a Dios y amaba al demonio. Escribió: «amo apasionadamente a mis hermanos en Belcebú… Estoy cansado de oír decir que doce hombres fueron suficientes para establecer el cristianismo, y deseo demostrar que basta con uno solo para destruirlo».[1]
A pesar de estas abominaciones, era endiosado por personas de la alta sociedad. En un teatro, tras la representación de una de sus obras, fue llevado en hombros, y muchos de los asistentes besaban sus manos, sus ropas e incluso sus caballos…
Dos meses después, tendido en su cama, rugía de dolor. Su vientre parecía abrasado por un fuego interior. Intentó ingerir lo que su cuerpo había expulsado, lanzó un gran grito y murió.[2]
Rousseau negó el pecado original…
En aquella época, ciertos individuos revolucionarios elaboraron una enciclopedia en la que negaban la doctrina católica y defendían una libertad total para pensar, hablar y actuar.
Diderot, uno de sus directores, afirmó que solo existe felicidad en un país donde todo está permitido, incluido el incesto. Y, en un poema, escribió: «Tejiendo con sus manos las entrañas del sacerdote, [los hombres] fabricarán una cuerda para ahorcar al último de los reyes».[3]
Las obras de Rousseau se propagaron rápidamente por toda la sociedad. Las escribió en estado de trance, bajo el efecto de una «iluminación súbita».
Toda su doctrina parte del siguiente principio: el hombre es naturalmente bueno; es la sociedad la que lo corrompe. Tal afirmación niega el pecado original.
San Luis María Grignion de Montfort escribió:
Debemos «conocer primero y bien, por la luz del Espíritu Santo, nuestro fondo de maldad, nuestra incapacidad para todo bien, nuestra debilidad en todas las cosas, nuestra inconstancia en todo momento, nuestra indignidad de toda gracia y nuestra iniquidad en todas partes.
«El pecado de nuestros primeros padres nos ha estropeado por completo, nos ha agriado, hinchado y corrompido, tal como la levadura agria, hincha y corrompe la masa en la que se introduce». Los pecados actuales que cometemos, ya sean mortales o veniales —incluso una vez perdonados—, aumentan en nosotros la concupiscencia, la debilidad, la inconstancia y la corrupción, dejando huellas negativas en nuestra alma.
«Nuestro cuerpo está tan corrompido que el Espíritu Santo (Rm 6, 6; Sal 50, 7) lo llama cuerpo del pecado: concebido en el pecado, nutrido en el pecado y apto solo para el pecado; un cuerpo sujeto a mil y mil males, que se corrompe cada día más y que solo engendra enfermedad, gusanos y corrupción.
«Nuestra alma, unida al cuerpo, se ha vuelto tan carnal que se la denomina carne: “Toda carne había corrompido su camino” (Gn 6, 12)». «Toda nuestra herencia es orgullo y ceguera en el espíritu, endurecimiento en el corazón, debilidad e inconstancia en el alma, concupiscencia, pasiones desenfrenadas y enfermedades en el cuerpo».[4]
… el pensamiento y la propiedad privada
En una polémica a propósito de sus escritos, afirmó que se puso del lado de los instintos frente a la razón.
En el «Discurso sobre el origen de la desigualdad», sostiene que el modelo ideal para la humanidad es el «buen salvaje», que no piensa y vive en un régimen de comunidad de bienes. Afirma: el hombre que piensa es un animal depravado; con la propiedad surgió la desigualdad, fuente de todas las desgracias humanas.
Abogando por el comunismo, en «El contrato social» declara que el Estado es el dueño de todos los bienes.
En sus «Confesiones», dando muestras de una megalomanía delirante, dice que él valía más que los demás hombres. Y narra su vida desordenada: abandonó a los cinco hijos que tuvo con su concubina, vivió durante muchos años en un «ménage à trois», etc.
En cierto momento, abandonó la civilización y se fue a vivir a un bosque, donde murió. Algunos afirman que se pegó un tiro en la cabeza; otros, que se envenenó con hierbas recogidas en el lugar.[5]
Su tumba, situada en el propio bosque, pasó a ser objeto de culto. Incluso la reina María Antonieta la visitó… Y sus cenizas fueron depositadas en el Panteón de París, junto a los restos de Voltaire.
Precursor del tribalismo
Rousseau fue precursor del tribalismo que hoy se extiende por todo el orbe.
El belga Claude Lévi-Strauss (1908-2009) escribió El pensamiento salvaje. Al comentar dicha obra, el Dr. Plinio Corrêa de Oliveira afirma que en ella el autor propugna un «pensamiento que no piensa y que se vuelve únicamente hacia lo concreto. Tal es el precio de la fusión colectivista tribal. Al chamán le corresponde mantener, en un plano místico, esta vida psíquica colectiva mediante cultos totémicos cargados de “mensajes” confusos, pero “ricos” en fuegos fatuos o incluso en fulguraciones provenientes de los misteriosos mundos de la transpsicología o la parapsicología. Es mediante la adquisición de estas “riquezas” como el hombre compensaría la atrofia de la razón.
«De la razón, sí —antaño hipertrofiada por el libre examen, el cartesianismo, etc.; divinizada por la Revolución Francesa; utilizada hasta el abuso más exacerbado en toda escuela de pensamiento comunista—, que ahora, finalmente, se encuentra atrofiada y esclavizada al servicio del totemismo transpsicológico y parapsicológico…»[6]
Conscientes de nuestra propia debilidad, pidamos a Nuestra Señora el don de la fortaleza para luchar contra las malas tendencias e ideas que anegan a la humanidad, así como la certeza de la victoria de la Virgen y de sus hijos fieles sobre el demonio y sus secuaces, tal como Ella prometió en Fátima.
Por Paulo Francisco Martos
Nociones de Historia de la Iglesia
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[1] ROHRBACHER, René-François. Histoire universelle de l’Église Catholique. Liège: J. G. Lardinois. 1847, v. 27, p. 186.
[2] Cf. LENOTRE G. Existences d’artistes. Paris: Bernard Grasset. 1949, p. 100-103.
[3] CLÁ DIAS, João Scognamiglio, EP. Despreocupados… rumo à guilhotina – A autodemolição do Ancien Régime. São Paulo: Edições Brasil de Amanhã. 1993, p. 236..
[4] SÃO LUÍS MARIA GRIGNION DE MONTFORT. Tratado da verdadeira devoção à Santíssima Virgem. Petrópolis: Vozes. 8. ed. 1974, p. 83-84.
[5] Cf. LENÔTRE, G. Vieilles maisons, vieux papiers. Paris: Librairie Perrin. 1910.
[6] CORRÊA DE OLIVEIRA, Plinio. Revolução e Contra-Revolução. 9. ed. em português. São Paulo: Associação Brasileira Arautos do Evangelho.2024, p. 281.





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