martes, 27 de octubre de 2026
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El portazo en San Pedro: no se apagan los clamores por lo ocurrido con la peregrinación Ad Petri Sedem

Iban a rezar por el Papa pero les ordenaron detenerse ante el obelisco. Se afirma que eso muestra que estos peregrinos son “católicos de segunda”.

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Redacción (27/10/2026 11:44, Gaudium Press) La historia de los peregrinos a los que se les impidió la entrada a la basílica vaticana sigue causando revuelo. Primero resumamos lo ocurrido, según lo cuenta The Catholic Herald.

Organizado por el Coetus Internationalis Summorum Pontificum-CISP (Asamblea Internacional Summorum Pontificum, en alusión al motu proprio de Benedicto XVI que liberalizaba la misa antigua) del que forma parte la Federación Internacional Una Voce-FIUV, que busca promover la liturgia romana tradicional, alrededor de 1.000 fieles caminaron hacia la Basílica de San Pedro, para ahí realizar su peregrinación Ad Petri Sedem, que buscaba orar por el Santo Padre y la Iglesia.

Se trata de un evento de tres días, viernes con un congreso y rezo de vísperas, el sábado, el día central, con la caminata desde la iglesia de los santos Celso y Julián hasta San Pedro. Ellos realizan esta peregrinación desde hace quince años, en la última semana de octubre, y siempre pudieron celebrar la misa según el rito extraordinario hasta el 2022, en San Pedro. En el 2023 y 2024 no se les permitió celebrar ahí, mientras que el año pasado presidió la eucaristía el cardenal Burke, aunque siempre pudieron ingresar a la Basílica en actitud de oración. Este año, en cambio, no solo se les negó la posibilidad de realizar una misa según el rito antiguo, sino que también se les impidió el acceso a la propia Basílica. La misa de conclusión de la peregrinación hubo de realizarse en la basílica de Santa María la Mayor, con la asistencia de aproximadamente 1.500 personas.

Según la FIUV y el padre João Silveira, el obispo Athanasius Schneider había entregado la solicitud de misa en la basílica petrina a León XIV en audiencia privada el pasado 18 de diciembre. La negativa de la Secretaría de Estado no llegó hasta el 7 de agosto, la cual se limitaba a denegar el permiso, sin explicación ni fecha alternativa. Los organizadores esperaban aún poder celebrar algún acto de devoción colectivo en San Pedro, como en 2023 y 2024, cuando también se denegó la misa, y así lo solicitaron.

El 8 de septiembre, el capellán de la peregrinación, padre Claude Barthe, pidió a la Secretaría de Estado poder entrar en procesión el 24 de octubre para rezar por el Papa ante el altar de la Confesión y adorar el Santísimo en el altar de la Cátedra. La respuesta negativa, firmada por el sustituto, el arzobispo Paolo Rudelli, está fechada el 30 de septiembre, pero se envió por correo postal a la nunciatura de París y no llegó a Barthe hasta el 12 de octubre. Los organizadores no lo hicieron público porque seguían intentando obtener el permiso. Cuando fracasaron esos intentos, se informó a los peregrinos el viernes por la tarde.

El CISP obtuvo autorización para celebrar una misa rezada pontifical en Santa María la Mayor el sábado a las tres de la tarde. La FIUV lo calificó de “privilegio”, pues normalmente no se concede a grupos de peregrinos, y elogió el trato del cardenal arcipreste de la basílica mariana, los sacristanes, el personal de seguridad y los sacerdotes de los confesionarios. En la plaza de San Pedro, la policía italiana guio a los peregrinos hasta el obelisco, donde se les indicó que no avanzaran más. A pesar de la acogida en Santa María la Mayor, el obispo Schneider no dejó de apuntar en su homilía que estos fieles se sienten “católicos de segunda”, algo confirmado por numerosos peregrinos.

Desde alguna fuente se quiso plantear que la misa en la basílica vaticana se negó por un congreso sobre san Francisco previsto a las 15:30 en el mismo altar, algo rebatible si se considera que la Secretaría de Estado no dio motivo alguno, la petición se presentó en diciembre y el congreso mencionado no se anunció hasta finales de septiembre. Todo indica que en este enrevesado guion no hubo intervención del Santo Padre, sino que el asunto se manejó a nivel de Secretaría de Estado.

Evidentemente la repercusión de estos hechos, y la molestia, no se limitaron a los peregrinos acogidos en Santa María la Mayor, sino que ha tocado la sensibilidad de todos los apreciadores de la liturgia tradicional en el mundo entero. Informativos en distintas lenguas siguen indagando en los pormenores de lo ocurrido y diversos analistas siguen manifestando sus opiniones, también sobre las repercusiones.

No a estos, pero sí un cantante amante de los Beatles

Uno de estos opinadores es Stefano Chiappalone, quien en La Nuova Bussola Quotidiana publica el artículo Tradizionalisti fuori da San Pietro, un assist ai lefebvriani (Tradicionalistas fuera de San Pedro, una asistencia a los lefebvrianos).

Destaca Chiappalone la fidelidad a la Iglesia romana de estos fieles, que, “aunque sufriendo”, “permanecen unidos”, pero no deja de apuntar que lo ocurrido “terminará por alimentar a quienes prefieren el limbo de la irregularidad canónica”, en alusión a los seguidores de Mons. Lefebvre. Lo ocurrido el pasado 24 de octubre, con la “prohibición de acceso”, “no hará más que llevar agua al molino de quienes consideran preferible permanecer en una situación de irregularidad canónica, tal como ocurre con la Fraternidad San Pío X”.

Al margen de explicaciones como la del congreso de San Francisco que realizaría en el mismo horario, La Nuova Bussola Quotidiana se hace eco de lo ya expresado en el informativo AdVaticanum, en el sentido de que la negativa de celebrar misa en San Pedro en este año se debería a un “supuesto sentimiento de ‘exultación’ por el regreso a San Pedro el año anterior, percepción que no fue bien recibida” dentro de los muros de la Santa Sede.

La sensación de “católicos de segunda” se halla también presente en la nota de Chiappalone, quien añade que la “curiosa prohibición de acceso” resulta más llamativa si se considera “la gran variedad de grupos de peregrinos que accedieron a la Basílica durante el año jubilar —un periodo mucho más exigente, repleto de eventos y, por consiguiente, marcado por importantes desafíos logísticos—. Grupos de todo ‘color’ eclesial, incluidos los colores del ‘pride’ en septiembre de 2025”. Recuerda el articulista de la NBQ la más reciente presentación en el altar de la cátedra de Pedro del cantautor Gianni Morandi, algo “nada de malo en otra sede”, pero si de acuerdo al derecho canónico, “solo se permite en un lugar sagrado aquello que sirva para el ejercicio o la promoción del culto, la piedad o la religión” (cn. 1210), no se entiende cómo sí cantos al estilo “C’era un ragazzo che come me amava i Beatles e i Rolling Stones…”, y no una liturgia reconocida por la Iglesia Católica, tienen ahí cabida.

Prohibiciones y actitudes como las aquí resumidas, en el pensamiento de Chiappalone, dan impulso a quienes afirman que no “conviene seguir sujetos a la jerarquía”. “Por el contrario, al volver a abrir el tesoro de la liturgia antigua, Juan Pablo II y Benedicto XVI pretendían mostrar a estos grupos que es posible —e incluso necesario— vivir en unión con el sucesor de Pedro; aunque ello conlleve sufrimiento, no se debe uno separar del Cuerpo y de la Cabeza visible de la Iglesia. Este mensaje resulta mucho más difícil de transmitir cuando, para estos fieles, las puertas se cierran de nuevo —precisamente a la sombra de Pedro”.

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