Martina Kluzer murió en 2007 a causa de un cáncer agresivo. Durante su enfermedad, habló de Jesús y de la Virgen María y ayudó a sus padres a reencontrarse con la fe.
Redacción (28/10/2026 17:13, Gaudium Press) Martina Kluzer tenía apenas siete años cuando murió, el 7 de junio de 2007, tras luchar contra un cáncer agresivo. Sin embargo, durante los últimos años de su vida, la niña protagonizó una historia que transformó a su familia y que hoy vuelve a despertar interés en Italia, a partir del libro Martina, il Cuore e la Rosa, escrito por su madre, Giovanna Pupillo Kluzer, junto al periodista Riccardo Caniato.
Nacida el 8 de noviembre de 1999 en Trezzano sul Naviglio, cerca de Milán, Italia. Martina creció en un hogar donde la religión no ocupaba un lugar central. Sus padres, Giovanna y Claudio, se definían como creyentes poco practicantes y no solían asistir a misa. Todo cambió en 2005, cuando comenzaron los dolores que, después de meses de estudios médicos, llevaron al diagnóstico de un rabdomiosarcoma alveolar metastásico.
En medio de la angustia familiar, la niña sorprendió a sus padres con su manera de afrontar la enfermedad. “No estés triste, mamá, yo soy fuerte”, le repetía a Giovanna, mientras comenzaba a hablar con naturalidad sobre Jesús, la Virgen María y la vida después de la muerte.
“En el cielo tengo a la Virgencita que me espera”
En marzo de 2006, una conocida de la familia le regaló a Martina una estampa de María Rosa Mística, venerada en el santuario de Montichiari, cerca de Brescia. La pequeña pidió insistentemente que la llevaran al lugar y, desde entonces, sus padres comenzaron a acompañarla al santuario siempre que su salud se lo permitía. Según el relato de su madre, Martina empezó a contar que veía a la Virgen y que había tenido experiencias en las que conversaba con ella. En una ocasión, le dijo, “Mamá, he soñado con la Virgen. Me ha preguntado si quería irme con ella”. Ante la preocupación de Giovanna, la niña explicó que había puesto una condición, quería que sus padres, su hermana y sus abuelos también estuvieran con ella.
En otra conversación, pronunció unas palabras que su madre conservaría para siempre, “Aquí en la tierra te tengo a ti, que eres la mamá más buena del mundo, y en el cielo tengo a la Virgencita que me espera. Cuando vaya al Paraíso, ella será mi mamá”.
Sus padres también relataron que, durante algunas misas, Martina aseguraba ver a Jesús junto al sacerdote mientras llevaba el Santísimo Sacramento. “¿Ha pasado Jesús? ¿Habéis sentido su perfume?”, preguntó en una ocasión, según recuerda su madre. Estas experiencias forman parte del testimonio de la familia, que las interpreta desde su fe cristiana.
A medida que avanzaba la enfermedad, Martina comenzó a ofrecer sus sufrimientos por otras personas. Pese al dolor, las complicaciones físicas y las largas estancias en el hospital, mantenía su preocupación por los demás, incluidos los niños enfermos. En febrero de 2007, cuando su estado de salud ya era delicado, consiguió autorización médica para viajar con sus padres a Lourdes. Allí rezó por otros niños hospitalizados, sus compañeros de colegio, sus profesores y las personas que le habían pedido oraciones.
Al regresar, quiso compartir agua de Lourdes con otros pacientes del hospital y les pidió que rezaran un avemaría. Para su madre, aquel gesto reflejaba la preocupación constante de Martina por quienes atravesaban situaciones difíciles. En sus últimos meses, la niña quedó paralizada y tuvo que permanecer en cama. El 24 de mayo de 2007, apenas dos semanas antes de morir, recibió la Primera Comunión y la Confirmación. Martina falleció el 7 de junio, con siete años y medio. Antes de su muerte, pidió a sus padres que no vivieran su partida únicamente desde la tristeza, sino también desde la esperanza cristiana.
El testimonio
La historia de Martina fue recuperada en el libro Martina, il Cuore e la Rosa, en el que su madre comparte los recuerdos de la enfermedad y las experiencias espirituales que, según relata, marcaron a su hija y a toda la familia.
El periodista Riccardo Caniato, coautor de la obra, resumió el impacto de aquella experiencia con una frase, “El primer milagro de Martina fue reunir a su familia alrededor de Cristo”. Casi dos décadas después de su muerte, Giovanna y Claudio continúan compartiendo el testimonio de su hija. Según la madre, reciben mensajes de personas que encuentran consuelo en su historia, especialmente familias que atraviesan enfermedades graves o han perdido a un hijo.
La transformación de los Kluzer no eliminó el dolor de la pérdida, pero cambió su manera de vivir la fe. Aquella niña a la que intentaban proteger terminó convirtiéndose, según sus padres, en quien los acercó nuevamente a la Iglesia. Entre los mensajes que Giovanna conserva de su hija, hay uno que resume lo que Martina quería transmitir a los demás, “Mamá, tienes que decirles a todos que Jesús y la Virgen los quieren”. Una petición que su madre sigue procurando cumplir al compartir su historia.
Con información de Religión en Libertad






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