miércoles, 04 de noviembre de 2026
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“Me entregué a su voluntad”: sobrevivió dos horas bajo los escombros de una iglesia en Panamá

Amador García quedó atrapado tras el derrumbe de un templo durante el terremoto del 9 de octubre. Su testimonio se une al de otras familias que atribuyen a Dios la vida de sus seres queridos, mientras la Iglesia acompaña a las comunidades afectadas.

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Foto: Vatican News

Redacción (03/11/2026 19:03, Gaudium Press) Dos horas bajo los escombros de una iglesia, respirando con dificultad y sin saber si lograría salir con vida. Así permaneció Amador García después de que el terremoto que sacudió Panamá el pasado 9 de octubre provocara el derrumbe de la torre del templo de San Isidro de Soná, en la provincia de Veraguas. Al recordar aquellos momentos, destacó la serenidad que, según sus palabras, encontró en Dios.

García llevaba más de veinte años al servicio de esta parroquia. El lugar al que había dedicado buena parte de su vida se convirtió repentinamente en una estructura derrumbada que lo dejó sepultado bajo los escombros. “En otro momento quizás hubiera intentado removerme o hacer algo, pero no. En ese momento Dios me dio esa serenidad total. Me entregué a su voluntad”, contó al medio panameño Telemetro. También explicó que apenas podía respirar por la boca y que, cuando comenzaron a rescatarlo, sintió temor al notar que le faltaba el aire. “No es fácil estar dos horas debajo de escombros respirando así”, reconoció.

Su rescate fue posible, en parte, gracias a su propio hermano, quien cruzó una línea de seguridad y se sumó a las labores para encontrarlo. “Estaba como debajo de tres metros de escombro. Fue algo desesperante (…) estaba como sepultado vivo”, relató. Para Amador, haber salido prácticamente ileso fue un milagro, “Muchas personas me han dicho que cualquier otro no hubiese salido casi que ileso de ese lugar”.

“Eso es un milagro de Dios”

La historia de García no fue la única en la que los supervivientes encontraron en la fe una manera de expresar lo ocurrido. En Soná, una madre vivió momentos de angustia cuando su vivienda se desplomó y uno de sus hijos quedó atrapado. Durante varios instantes, el pequeño no respondía a los llamados de la familia, hasta que escucharon una palabra que devolvió la esperanza: “mamá”. El niño fue localizado y rescatado sin lesiones aparentes. “Eso es un milagro de Dios, porque el niño no nos contestaba”, contó su madre a Telemetro.

En El Paraíso Tres, también en el distrito de Soná, otros tres familiares —dos niños de tres y siete años y una tía— quedaron atrapados debajo de una cama tras el derrumbe de su vivienda. Todos fueron encontrados con vida. Raymundo González atribuyó su supervivencia a Jesús Nazareno, “Somos fieles creyentes de la imagen de Jesús Nazareno y creo que eso salvó a mi familia de morir aplastada entre los escombros”.

La alegría de recuperar a sus seres queridos convivía con una dura realidad, la familia, integrada por doce personas, se había quedado sin hogar.

En Los Lajones, distrito de Cañazas, Faustino Sánchez también tuvo que enfrentarse a las consecuencias del terremoto. Su casa de quincha quedó destruida y, durante el sismo, intentó proteger a una de sus hijas, auxiliar a su padre y alertar a sus vecinos.Después de perder su vivienda y sus pertenencias, expresó su confianza en Dios, “Yo pienso que Dios sabe por qué hace las cosas”.

Sin ocultar la difícil situación que atravesaba, resumió el desafío que tenía por delante con una frase: “¿Qué voy a hacer? Tengo que iniciar de cero”. Los testimonios, recogidos por medios como Telemetro, Día a Día y Crítica, muestran que la gratitud de los supervivientes no significa que hayan desaparecido las pérdidas. Muchas familias siguen enfrentándose a la necesidad de reconstruir sus viviendas y recuperar la estabilidad.

Una Iglesia que permanece junto a los damnificados

Mientras las comunidades comienzan a recuperarse, la Iglesia panameña también ha salido al encuentro de los afectados. El 26 de octubre, monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, arzobispo de Panamá y presidente de la Conferencia Episcopal Panameña, encabezó un recorrido por templos afectados en Los Santos, Herrera, Coclé y Veraguas. Junto con monseñor Rafael Valdivieso Miranda, obispo de Chitré, visitó además a familias que habían perdido sus viviendas.

Según informó Vatican News, los prelados escucharon a los damnificados y les transmitieron un mensaje de consuelo y esperanza, compartiendo también la cercanía del papa León XIV con el pueblo panameño. El recorrido continuó el 27 de octubre en Coclé, donde Ulloa visitó la catedral San Juan Bautista de Penonomé y la parroquia San Juan Bautista de Antón, ambas con daños estructurales.

La magnitud de las afectaciones también quedó reflejada en un reportaje de EFE publicado el 16 de octubre. La Archidiócesis de Panamá había contabilizado trece templos dañados, algunos de ellos con importantes consecuencias para el patrimonio religioso e histórico del país. En La Colorada, la capilla de San Sebastián sufrió graves destrozos, mientras que en Llano de Piedra la capilla Santa Rosa de Lima quedó seriamente afectada. Ante la imposibilidad de utilizar algunos templos, los sacerdotes comenzaron a celebrar en casas, portales, campos y espacios públicos. “No son paredes, es comunidad viva”, expresó a EFE el sacerdote Álvaro Sáez, al describir la manera en que los fieles mantienen sus encuentros a pesar de los daños.

La frase resume también el sentido de la reconstrucción: no se trata únicamente de recuperar edificios, sino de proteger los lugares donde las comunidades se reúnen, celebran los sacramentos y comparten su fe.

 

Con información de Religión en Libertad

 

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