“No le teman al ‘para siempre’”: León XIV anima a los jóvenes a formar familias cristianas.

Foto: Vatican Media
Redacción (08/11/2026 10:13, Gaudium Press) Tras la misa en Paysandú, en la que el Papa ofreció a la meditación los símbolos del puente, las palmeras y el mate, la agenda del Pontífice regresó a Montevideo, donde hizo una parada no oficial a la Casa de Sacerdotes, tuvo un encuentro con la realidad social en el barrio Casavalle, luego un encuentro con el mundo educativo en la Universidad Católica del Uruguay, para concluir el día de ayer con la Vigilia de Oración con los Jóvenes, en el Estadio Centenario, acompañado de 70.000 personas en el estadio y 30.000 en los alrededores.
En la Vigilia el Papa abordó “el avance de la secularización y de una indiferencia religiosa cada vez más extendida”, proceso que es un no transmitir la fe desde las generaciones anteriores, ocasionando que muchos vivan sin práctica religiosa, haciendo que incluso los practicantes sean minoría.
El Pontífice ofreció entonces la imagen de Belén, “pequeña entre los clanes de Judá” según relata el profeta Miqueas (5,2).
Las apariencias pueden ser humildes, pero es Dios presente
“Quizá Belén pueda enseñarnos algo sobre esta realidad: cuando somos pocos, cuando disminuyen las fuerzas o cuando comprobamos que nuestra presencia social ya no es la misma, existe el riesgo de empezar a juzgar nuestra situación con criterios muy humanos. El Evangelio nos invita a mirar de otro modo. Dios escogió Belén, y esa elección basta para que no identifiquemos pequeñez con insignificancia”.
Otra imagen de la pequeñez dinámica, ofrecida por el Papa, fue la de la eucaristía.
“¡El Señor del universo presente bajo las humildes apariencias del pan y del vino! Esa misma lógica divina se manifiesta ya en su nacimiento. San Lucas nos cuenta que, llegado el momento del parto, «no había lugar para ellos» (2,7). Todo estaba ocupado. Quizá podemos ver en esta frase una imagen de la indiferencia actual. La vida se llena de ocupaciones, afectos, proyectos y distracciones, hasta que la ausencia de Dios deja de sentirse como ausencia”.
Sin embargo, cuando Cristo está presente o viene, es Dios el que llega. Y los creyentes deben renovar siempre esta fe.
“Belén nos hace una pregunta muy sencilla: ¿hay lugar para Él? Lugar en nuestro tiempo, en nuestra lógica, en nuestros hogares; lugar para escucharlo, para recibir su perdón, para dejarnos corregir por su Palabra. Necesitamos custodiar a Cristo en el centro de nuestra vida mediante la oración, la Misa, la Confesión y la lectura meditada del Evangelio. Todos hemos de volver una y otra vez a ser discípulos. Si queremos que otros encuentren a Cristo, necesitamos conocer personalmente el camino hacia Belén”, dijo el Papa.
“Tal vez haya personas que nunca abran una Biblia por iniciativa propia, que lleven años sin pisar una iglesia o que ni siquiera sepan decir si creen en Dios. Pero, viéndolos a ustedes, puede despertarse en ellos el deseo y la búsqueda de Dios, pueden descubrir que vale la pena jugarse la vida”.
Jóvenes, cásense bajo la luz de Cristo
El Papa incentivó a los jóvenes a no temer el conformar familias cristianas.
“Amigos jóvenes, ustedes mismos atrévanse a dar el paso casándose y formando una familia. ¡No le teman al “para siempre”! Matrimonios, abran su casa a la vida, incluso cuando el mundo les diga que un hijo es una carga. Si alguno siente que Cristo lo llama a dejarlo todo para seguirlo en el sacerdocio o en la vida consagrada, no ignore esa voz por miedo a perder otras posibilidades. Cuando ser justo y honrado tenga un precio, páguenlo. Cuando perdonar parezca una derrota, perdonen. Cuando todos les digan que piensen primero en ustedes mismos, no tengan miedo de hacerse los últimos; sean capaces de entregar tiempo, dinero, comodidad y proyectos para servir a los demás. Que quien los mire pueda preguntarse: ‘¿Por qué vive así? ¿De dónde saca esta libertad? ¿Por qué se aman tanto?’”.
En la trama de Belén, invita a los católicos a ser testigos de Cristo:
“San Lucas nos lleva ahora a otra escena: unos pastores que pasan la noche cuidando de sus rebaños. No han seguido a la estrella, no han emprendido ningún viaje ni parecen estar buscando nada. Están sencillamente en medio de su vida, haciendo lo que hacen cada noche. Y es precisamente allí donde Dios sale a su encuentro: «No teman, porque les anuncio una gran alegría, que será para todo el pueblo» (2,10). En este anuncio se inspira el lema de mi visita entre ustedes.¡Les anuncio una gran alegría! Dichas palabras deberían ocupar siempre un lugar central en la vida de la Iglesia. Las buenas noticias necesitan testigos. Y nosotros hemos recibido una que merece ser gritada al mundo: ¡Jesucristo! ¡El Hijo de Dios se ha hecho hombre! ¡Es Dios con nosotros!” Esta alegría está destinada a “todo el pueblo”, a todos los hombres. Y los pastores fueron a Belén.
El Papa convocó a los jóvenes a la santidad.
“Queridos amigos: ¡que este encuentro sea como Belén para que ustedes vuelvan a su vida de otra manera! Que Cristo entre de verdad en lo que hacen, en lo que aman, en lo que eligen, también en aquello que nadie ve. ¡Sean santos! No se conformen con una vida simplemente correcta ni con una fe de costumbre que se contente con lo indispensable. No le den a Dios solamente una parte de ustedes, ¡dense por completo! Santos significa hombres y mujeres que rebosan de la abundancia de vida en Cristo, libres y auténticos, personas cuya vida hace antojable un sí rotundo al amor, a la verdad, a la felicidad. No tengan miedo de aspirar a eso. Cristo no nos llamó a la mediocridad, nos llamó a una vida nueva y plena como la suya”, expresó.
El Papa León invitó a colocar la vida propia bajo bajo la mirada de Nuestra Señora de los Treinta y Tres. “Que Ella, Estrella de la mañana, que nos conduce hacia su Hijo, nos enseñe a reconocerlo y a seguirlo.”





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