Ciudad del Vaticano (Lunes, 09-04-2012, Gaudium Press) «`Cristo mi esperanza’ significa que todo mi deseo de bien encuentra en Él una posibilidad de realización: con Él, puedo esperar que mi vida se torne buena y sea plena, eterna, porque es el propio Dios que se aproximó hasta el punto de entrar en nuestra humanidad», afirmó el Santo Padre en el Mensaje de Pascua proferido después de una Misa solemne del Día de Pascua, celebrada ayer en el atrio de la Basílica vaticana, en la cual el Pontífice confirmó su apelo por la paz y la estabilidad en todo el mundo, principalmente en las zonas donde hay conflictos sangrientos: Oriente Medio, Tierra Santa y en el continente africano.
En la Misa del día de Pascua, el Papa no hace una homilía, sino profiere un Mensaje seguido por los votos pascuales pronunciados en muchas lenguas -este año 65- y por la bendición Urbi et Orbi, una bendición especial que es dada por el Papa solamente en tres ocasiones: Pascua, Navidad y en el momento de su elección.
En el tradicional Mensaje Pascual, realizado de manera muy pastoral, Benedicto XVI se concentró en la figura de María de Magdala, la primera testigo de Jesús Resucitado y sus primeras palabras: «Cristo, mi esperanza, resucitó».
«Todo cristiano – observó el Papa – revive la experiencia de María de Magdala. Es un encuentro que cambia la vida: el encuentro con un Hombre único, que nos hace sentir toda la bondad y la verdad de Dios, que nos libera del mal, no de un modo superficial y pasajero sino nos libera radicalmente, nos cura completamente y nos restituye nuestra dignidad».
El Pontífice dio su saludo pascual en 65 lenguas |
La esperanza, así como para la Magdalena y para los discípulos, también a nosotros ayuda a superar las tinieblas de la tierra y «el silencio de Dios». Con la resurrección «la fe renace más viva y más fuerte que nunca». Nosotros también somos llamados a vivir esa experiencia, afirmó el Santo Padre.
En el tradicional Mensaje Pascual no falta nunca el apelo del Pontífice por la paz. El Papa hizo votos de esperanza para «Oriente Medio, para que todos los componentes étnicos, culturales y religiosos de aquella Región colaboren para el bien común y el respeto de los derechos humanos». Para Siria exhortó a las autoridades internacionales para que «cese el derramamiento de sangre y se adopte, sin demora, el camino del respeto, el diálogo y la reconciliación». Él también hizo un apelo por el pueblo iraquí «para que avancen en el camino de la estabilidad y el desarrollo» y para alentar «el proceso de paz» en Tierra Santa entre israelíes y palestinos.
El Santo Padre rezó por los prófugos «necesitados de asistencia humanitaria» para que «puedan encontrar la acogida y la solidaridad que alivien sus penosos sufrimientos», y deseó «esperanza», «reconciliación» y «paz» para el Continente africano en «enfrentar las dificultades», en «desarrollar las sociedades» y en «retomar la construcción de una sociedad pacífica y que respete la libertad religiosa y de sus ciudadanos», principalmente para el Cuerno de África, Sudán y Sudán del Sur, Mali y Nigeria.
Según la tradición iniciada por Juan Pablo II, Benedicto XVI profirió los votos de feliz Pascua en muchas lenguas. Entre las 65 de este año no faltaron el portugués y el español.
«Os deseo a todos una buena y feliz fiesta de Pascua, con la paz y la alegría, la esperanza y el amor de Jesucristo Resucitado», dijo en español.
«Una Pascua feliz con Cristo Resucitado», dijo en portugués.
El atrio de la Basílica vaticana, como todos los años, fue decorado por la 27ª vez con flores ofrecidas por Holanda, país europeo considerado la patria de las flores. Para la decoración fueron usadas 1500 rosas, 950 ramos floridos, 20 mil tulipanes, 10 mil narcisos, 505 jarrones de jacintos y de otras varias composiciones florales en un total de cerca 42 mil.
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