Ciudad del Vaticano (Miércoles, 11-04-2012, Gaudium Press) «Es el saludo pascual que hace a los discípulos superar cualquier temor». Recordando la experiencia de los discípulos en Emaús y el propio encuentro con Cristo Resucitado, el Santo Padre afirmó, en presencia de 25 mil fieles de todo el mundo el significado de la Pascua y el llamado a todos los fieles a «redescubrir con alegría y entusiasmo las fuentes de la fe» de la «presencia del Resucitado entre nosotros» a través «del redescubrimiento de la Palabra de Dios y de la Eucaristía». A pesar del frío casi de invierno que llegó a Roma desde el lunes pasado, el tradicional encuentro de los miércoles del Papa con los fieles ocurrió en la Plaza San Pedro con normalidad.
«La paz que Jesús trae -explicó el Papa al inicio de la audiencia- es el don de la salvación que Él había prometido durante sus discursos de despedida: ‘Os dejo la paz, os doy mi paz. No es de la manera del mundo que yo la doy. No se perturbe, ni se atemorice vuestro corazón’ (Jn 14, 27). En este día de Resurrección, Él la da en plenitud y ella se torna para la comunidad fuente de alegría, certeza de victoria, seguridad de apoyarse en Dios».
La Resurrección trae también alegría de «ver al Señor» a cuyo descubrimiento son llamados también los «discípulos» de todos los tiempos, los fieles. Paz y alegría entregadas por el Resucitado deben ser llevadas en todo el mundo. «Jesús Resucitado – bservó Benedicto XVI- volvió entre los discípulos para enviarlos. Él completó su obra en el mundo, ahora compete a ellos sembrar en los corazones la fe para que el Padre, conocido y amado, recoja a sus hijos de la dispersión». Así, «con el envío en misión de los discípulos, se inaugura el camino en el mundo del pueblo de la nueva alianza, pueblo que cree en Él y en su obra de salvación, pueblo que testifica la verdad de la resurrección».
Como sus discípulos, «también hoy Cristo Resucitado entra en nuestras casas y en nuestros corazones, a pesar de a veces las puertas estar cerradas. Entra donando alegría y paz, vida y esperanza, dones de los cuales tenemos necesidad para nuestro renacimiento humano y espiritual», resaltó el Papa afirmando que «solo Él puede sacar del lugar aquellas piedras sepulcrales que muchas veces el hombre coloca sobre sus propios sentimientos, sobre sus propias relaciones, sobre sus propios comportamientos; piedras que establecen la muerte: divisiones, enemistades, rencores, envidias, desconfianzas, indiferencias. Solamente Él, el Redivivo, puede dar sentido a la existencia y hacer retomar el camino a quien está cansado y triste, sin confianza y sin esperanza».
El Resucitado trasforma nuestra vida
También hoy, «la experiencia de los discípulos nos invita a reflexionar sobre el sentido de la Pascua para nosotros». La fe en el Resucitado «transforma nuestra vida: la libera del miedo, le da una sólida esperanza, la torna animada por aquello que da pleno sentido a la existencia, el amor de Dios». El Santo Padre recordó que son dos los «lugares privilegiados» del encuentro con Él: «la escucha de la Palabra en comunión con Cristo y el dividir el Pan».
Antes de iniciar la audiencia general, Benedicto XVI bendijo un ícono en mosaico de la «Sagrada Familia de Nazaret» de Padre Rupnik, que pasará en peregrinación en las casas de Milán en vista del próximo Encuentro Mundial de las Familias, del 30 de mayo al 3 de junio próximo.
La atmósfera de esta mañana fría fue enriquecida por la música de las trombas alpinas de la «Alphornbläser» de Baviera y Baden Würtemberg, Alemania y por el canto del Coro Alpino «7 Larici» de Coredo, en Italia. Entre los 25 mil participantes de esta mañana estaban presentes grupos de los países latinoamericanos: de Argentina y dos de las Parroquias Sagrado Corazón de Jesús, de Jardín Bella Vista y Santa Rita, Brasil.
En esta semana el Santo Padre se encuentra en la residencia de verano de Castel Gandolfo y volverá al Vaticano el viernes de tarde. El Papa vino para la audiencia en helicóptero.
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