De las 17.500 parroquias del país, 800 tienen adoración perpetua y 7.700 ofrecen adoración en alguna modalidad.

Foto: Torreciudad.org
Redacción (16/03/2026 15:12, Gaudium Press) Un estudio reciente sobre los frutos del Eucharistic Revival (Reavivamiento Eucarístico) en Estados Unidos señala que el acceso a la adoración eucarística ha crecido un 60 %. Según Andrew Niewald, presidente de la Adoratio Foundation, con sede en Beloit (Kansas), unas 800 de las 17.500 parroquias del país mantienen adoración perpetua.
Su investigación revela además que 77 parroquias han ampliado o iniciado horas de adoración desde 2025, y que el 44 % del total (unas 7.700) ofrece adoración en alguna modalidad.
“Hay un flujo constante, así que no es posible obtener una cifra exacta”, explica Niewald. “Incluso en parroquias con adoración ininterrumpida, normalmente menos del 8 % de los feligreses participa, lo que demuestra que todas tienen un enorme margen de crecimiento”.
“La mejor conversación con Dios de toda mi vida”.
En la parroquia de Our Lady of Lourdes, en Raleigh (Carolina del Norte), la adoración perpetua cumple 30 años. El padre Tim Meares, vicario parroquial, asegura que “no se pueden cuantificar las muchas gracias y bendiciones que trae consigo. La parroquia ha sido un faro de vida y actividad, y ha habido innumerables milagros”. Treinta y cinco adoradores han participado durante las tres décadas completas, doce de ellos manteniendo su horario original.
“Cuando tienes adoración perpetua, Jesús es un miembro activo de la parroquia, actuando en nosotros a través del Santísimo Sacramento”, afirma la feligresa Candace Barati, que ha ampliado su tiempo de adoración a dos o tres horas semanales y colabora en la coordinación de turnos.
En St. Bonaventure, en Columbus (Nebraska), la adoración perpetua se remonta a 65 años, iniciada el día de San Valentín. Tim Cumberland, capitán de turnos y converso al catolicismo, relata cómo comenzó en 2012: “Tenía 63 años. Le dije a Dios: ‘Aquí estoy, pero no tengo ni idea de qué hacer’. Me senté, y en pocos minutos tuve la mejor conversación con Dios de toda mi vida”. Cumberland acude cada semana de tres a cuatro de la madrugada, llevando las intenciones de un grupo bíblico que dirige en una residencia de ancianos.
Raíces históricas
La adoración perpetua tiene precedentes remotos. Según la obra The History of the Eucharistic Adoration, el rey Luis VII de Francia pidió al obispo de Aviñón que expusiera el Santísimo en la capilla de la Santa Cruz tras su victoria sobre los albigenses, el 14 de septiembre de 1226. La afluencia de adoradores fue tal que el obispo decidió mantener la exposición día y noche, práctica ratificada después por la Santa Sede y que se prolongó ininterrumpidamente hasta la Revolución Francesa en 1792, reanudándose en 1829.
Lisa Anne Kromar, responsable del Apostolate of Eucharistic Adoration, colaborador aprobado del Eucharistic Revival, con presencia en Irlanda, Chicago y Minnesota, subraya que la adoración ininterrumpida es “el estándar de oro”, ya que garantiza que al menos una persona esté rezando ante la presencia real de Cristo.
Ni la pandemia detuvo la oración
Therese Harper, coordinadora de turnos en St. Augustine y adoradora semanal desde hace 20 años, recuerda que la parroquia no suspendió la adoración durante la pandemia de 2020. “La gente quería estar en presencia del Señor porque no había misa, así que no hubo problema para cubrir los turnos. El párroco tuvo que pedir que no vinieran quienes no estuvieran apuntados para no superar el aforo”.
De vuelta en Ohio, Angerer sigue fiel a su cita. A veces toma un libro de la biblioteca parroquial; en sus años de vigilia nocturna, confiesa que a veces se subía al púlpito y predicaba homilías con Jesús y los ángeles como únicos oyentes. “Tengo mi lista de intenciones, que se ha hecho bastante larga, y le entrego mis cargas a Jesús”, dice. También lleva su gratitud: su hija, sus tres nietos y su primer bisnieto, que espera en abril.
“Es tan bonito estar allí, en la quietud y la paz; solo tú y Jesús”, concluye. “Adoro mi hora santa. Hay que vivirla para sentirla”.
Con información de Infocatólica.





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