jueves, 26 de febrero de 2026
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Alvaro Ferraro, el empresario de éxito que abandona todo para entrar al seminario de Alcalá de Henares

Su historia es algo a la manera del joven rico del Evangelio, pero con final diferente. De hecho, fue este evangelio el estopín de todo.

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Redacción (26/02/2026 10:02, Gaudium Press) Diversos medios españoles ya han contado la interesante historia de Álvaro Ferraro de la Puerta, un exitoso empresario sevillano, que dejó atrás no solo un futuro prometedor sino ya un presente de éxito, para entrar al seminario en Alcalá de Henares.

“Sí, es cierto. En unos días comienzo en el seminario”, dijo a finales del año pasado en su cuenta X. También invitaba “¡A vivir y a ser santos!”, una convocación no tan común en un medio donde prima con frecuencia el deseo del mero lucro.

Siendo un caso muy especial, no es de ninguna manera el único, y de tanto en tanto Dios se sirve de estas personas para recordar la futilidad de este mundo que encanta y pasa. Recientemente Gaudium Press noticiaba el caso de Pablo García Navarro, un influencer español que cogió los mismos senderos: también manifestó entonces su deseo de la búsqueda de la santidad.

Pero de hecho el caso de Ferraro de la Puerta es bien especial.

Como noticia El Español, este aún joven sevillano ya tenía renombre y trayectoria en el mundo empresarial, pues a los 30 años había levantado cuatro compañías, una dedicada a la venta de accesorios para perrox, y una startup que conectaba marcas con influencers.

En conversación con El Español, Ferraro muestra que su decisión no fue fruto de un rápido impulso: “No se toma la decisión de un día para otro, es algo muy meditado, rezado… Es ese proceso que se llama discernimiento. A mí cuando me hablaba alguien del sentido de la llamada, ni me lo creía. Pero es algo que cuando llega te das cuenta y que es muy intenso y que si crees y confías en Dios haces por escuchar”, explica.

Aunque deja la puerta abierta para que los conocimientos adquiridos sirvan más adelante en su ministerio, Ferraro tiene claro que “ahora mismo me toca un periodo de desprenderme de todo lo que tengo”.

Hasta ahora va en el propedéutico, el inicio del camino, pero tiene claro los retos por delante y que continúa en una fase de discernimiento:

“Un seminario conlleva disciplina y obediencia, pero que para la formación es muy importante olvidarte de todo lo que tenías. Yo por mis circunstancias personales no puedo solicitar una excedencia. No, porque al final este camino no es definitivo. Pero como yo digo en el seminario, esto es un noviazgo. Tengo la suerte de que voy a tener un noviazgo de al menos siete años”,

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“Me servirá para conocer la Iglesia de cerca, para ver si me gusta o no me gusta y durante este noviazgo tendré que ver si quiero dar el paso de ordenarme como sacerdote. Yo me he mantenido como socio de algunas de mis empresas, otras las he vendido, pero ya no trabajo en ellas, ya veremos que pasa a futuro si las acabo vendiendo, cediendo o lo que Dios quiera”, explica Ferraro.

En Lourdes

El recuerda claramente el momento en que se sintió convocado por Dios. Fue en Lourdes, en una peregrinación con la Hospitalidad de Madrid, cuando le pidieron que ayudara como monaguillo en una misa internacional, donde había 6.000 feligreses.

En medio de la celebración, empezó a sentir una conexión profunda entre cosas que le habían pasado recientemente y las lecturas de la misa. “Empecé a conectar cosas que me habían ido pasando durante meses y que no entendía”, cuenta. El momento coincidió con la proclamación del Evangelio del Joven Rico, un pasaje que en ese momento le parecía una revelación.

Y sí, para él lo más complicado fue renunciar a lo que lo hacía sentir “rico” de su vida anterior, como amigos, familia, momentos de ocio y un entorno social bastante agradable.

“No se trata de martirizarse”, sino de dejar atrás una vida feliz para asumir la nueva que Dios le pide, dice. Pero también asegura que decirle “no” a Dios era muy difícil para él, y que la fuerza para seguir adelante le llegó a través de figuras clave de su fe. Se encomendó a San José, por ser el padre terrenal de Jesús y modelo de entrega silenciosa, a la Virgen, y a su abuela, a la que considera santa.

Ahora, resta rezar por él, por su perseverancia.

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