miércoles, 26 de febrero de 2025
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Antoine de Saint-Exupéry: pasión por el gregoriano, quiso ser benedictino…

Antoine de Saint-Exupéry, autor de El principito, dedicó su vida a la búsqueda espiritual. En La belleza invisible, Enzo Romeo explora cómo la aviación y su obra reflejan su anhelo por entender lo invisible y trascender lo cotidiano.

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Foto: Penguin Aula

Redacción (25/02/2025 09:34, Gaudium Press) Antoine Jean Baptiste Marie Roger de Saint-Exupéry, el autor de El Principito, nació en una familia aristocrática, el 29 de junio de 1900 en Lyon. Él tenía dos sueños en su vida: soñó con ser piloto y escritor.

El niño Antonie, de pelo rubio y alborotado, era el epicentro de la diversión y ocurrencias. Su imaginación desbordante, facilitaba que los vuelos fueran uno de sus temas favoritos. Cuando le llamaban para darse un baño, contestaba de manera recurrente: “No puedo”, decía con cara seria de niño, “estoy en mi aeroplano”

Saint-Exupéry uno de los escritores más leídos de todo el mundo, dejó un legado marcado por la simplicidad de sus relatos y enseñanzas que se reputan profundas.

En su biografía titulada “La belleza invisible”, Enzo Romeo señala que la historia de Saint-Exupéry no es solo la de un escritor y aviador, sino la de un hombre en búsqueda espiritual, queriendo entender lo invisible, lo que no se ve con los ojos pero que solo puede percibirse con el corazón, algo reflejado en su frase “Lo esencial es invisible a los ojos”.

Según Romeo, Saint-Exupéry fue un “buscador de Dios”, un soñador que encontró en la aviación una forma de acercarse a algo más grande. “La decisión de ser piloto, de estar 6.500 horas dentro de un avión, fue en el fondo un reflejo de su búsqueda, de este empeño por volar y mirar al mundo desde una dimensión desde la cual comprender todo, no quedarse en la superficialidad de lo cotidiano, ir hasta una dimensión más alta”.

Consuelo Suncín una mujer salvadoreña que inspiró la creación de la rosa en El Principito, tras la invasión nazi, tuvo que huir de Francia, y en su melancólica despedida, Antoine le prometió que, si volvían a encontrarse, peregrinarían juntos hasta Lourdes para dar gracias al Cielo. Esta promesa se cumplió años más tarde, cuando ambos se reunieron como acto de fe.

Entre el desierto y la espiritualidad

Enzo, a través de un meticuloso estudio de las cartas personales, la obra y las escasas entrevistas de Saint-Exupéry, intenta mostrar lo que él considera la faceta más profunda del autor multifacético. A partir de sus investigaciones, descubre detalles fascinantes, como su pasión por el canto gregoriano. Saint-Exupéry afirmó también, que al final de su carrera de aviador y escritor, se retiraría a un monasterio benedictino, en Solesmes, uno de los más reconocidos del mundo.

El autor profundiza en algunos de los elementos más recurrentes en la obra de Saint-Exupéry, como es el desierto, que aparece como un escenario metafórico con marcado tinte autobiográfico. En 1935, su avión se estrelló en el desierto del Sahara, donde pasó varios días sin agua hasta ser rescatado por un beduino. Según Romeo, el desierto, para Saint-Exupéry, representaba el Cielo: un espacio en el que un hombre en vida buscaba la trascendencia.

Con información de Religión En Libertad.

 

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