El famoso exorcista ya hizo denuncia similar en 2016: personas que no eran de su entorno le atribuían libros que no escribió y colaboraciones que nunca existieron. Tras 10 años de su muerte persiste ese problema.
Padre Amorth – Foto: Vatican News
Redacción (10/03/2026 10:22, Gaudium Press) Con motivo del décimo aniversario de la muerte del P. Gabriele Amorth, la Asociación Internacional de Exorcistas, que él mismo fundó, reedita un aviso que el propio sacerdote formuló en vida: desconfiad de quienes exhiban fotografías o vídeos conmigo para acreditarse como mis colaboradores.
El próximo 16 de septiembre se cumplirá una década del fallecimiento de don Gabriele Amorth, fundador de la Asociación Internacional de Exorcistas (A.I.E.) y figura de referencia mundial en la práctica del exorcismo. Con motivo de esta efeméride, la asociación ha difundido un comunicado en el que alerta sobre personas que, aún hoy, se presentan públicamente como colaboradores cercanos del sacerdote paulino valiéndose de fotografías y vídeos tomados con él para acreditar falsamente dicha relación.
Un aviso que el propio P. Amorth formuló en vida
La advertencia no es nueva. La propia A.I.E. recuerda que don Amorth ya se vio obligado a denunciar esta situación en una carta fechada el 13 de mayo de 2016 y publicada en la Carta Circular interna de la asociación (n.º 70, junio de 2016). En ella, el sacerdote describía con precisión los abusos que venía sufriendo: personas que le habían pedido una foto o un vídeo durante una entrevista y que luego los difundían en Internet para presentarse como sus colaboradores; libros publicados bajo su nombre en los que no había contribuido directamente; páginas de Facebook gestionadas sin su conocimiento; declaraciones distorsionadas o arrancadas de contexto que le eran atribuidas; e incluso asociaciones benéficas que decían haber sido fundadas o avaladas por él sin que tuviera constancia alguna de ello.
«Declaro que mis estrechos colaboradores –que son muy pocos y de confianza– no se presentan en público ni se publicitan aprovechándose de mi persona, sino que viven con extrema reserva y discreción», escribía Amorth. E instaba a «desconfiar de cualquiera que se presente como si estuviera autorizado por mí y a desconfiar también de los sitios web que se presentan como gestionados por mí o de las publicaciones que se me atribuyen, pero que nunca he autorizado explícitamente».
La trampa de los «poderes» transmitidos
El comunicado de la A.I.E. incluye también un pasaje del libro La mia battaglia con Dio contro Satana (Mi batalla con Dios contra Satanás), editado por Elisabetta Fezzi y publicado por Ediciones San Pablo, en el que Amorth aludía expresamente al fenómeno de quienes afirmaban haber recibido de él poderes especiales o ser sus hijos espirituales: «Por desgracia, también hay personas que dicen: «Yo he recibido los poderes de don Amorth, estoy en contacto con don Amorth…», y eso no es cierto».
El sacerdote reconocía que algunos habían asistido a sus exorcismos y habían aprendido de su experiencia, pero rechazaba de plano que ello autorizara a nadie a atribuirse una relación privilegiada: «Algunos habrán aprendido algo de lo que yo hacía y luego habrán tenido su propia experiencia personal», precisaba, dejando claro que el aprendizaje vicario no equivale a una transmisión de autoridad.
El prestigio como blanco
La extensa actividad comunicativa de don Amorth facilitó involuntariamente este tipo de acercamientos interesados. Sus libros, entrevistas en televisión y radio, ponencias en congresos y el programa mensual Racconti di un Esorcista en Radio María –posteriormente publicado en formato libro– lo convirtieron en una figura de amplísima notoriedad, accesible y cercana. Esa misma accesibilidad, que él cultivaba conscientemente para llegar al mayor número de fieles posible, fue aprovechada por terceros que se acercaban a él solicitando fotos, vídeos o bendiciones para luego presentar ese material como prueba de una colaboración inexistente.
La asociación llama a la prudencia
A la vista de que estas prácticas persisten diez años después de la muerte del sacerdote, la Asociación Internacional de Exorcistas renueva el llamamiento a la prudencia: no fiarse de quienes exhiban fotografías o vídeos junto a don Amorth como aval de su autoridad, ni de publicaciones o sitios web que no cuenten con el aval explícito de la organización. La A.I.E. subraya que la tutela de la memoria de su fundador forma parte ahora de su responsabilidad institucional, y que el mismo rigor con el que don Amorth ejerció su ministerio debe presidir el uso que se haga de su nombre y su legado.
Carta de Don Gabriele Amorth
Queridos sacerdotes y auxiliares de la Asociación Internacional de Exorcistas:
Cada vez tengo más constancia de que un número creciente de personas –sacerdotes y laicos– se presentan en la prensa y en Internet como si fueran colaboradores cercanos míos. A veces se trata de personas con las que sólo me he reunido para una entrevista y una bendición y que finalmente me han pedido poder hacerse una foto conmigo o grabar un vídeo, para luego publicar dichas fotos y vídeos en Internet, con el fin de acreditarse como mis colaboradores, cuando en realidad no lo son; incluso me han atribuido palabras que nunca he dicho.
A veces se han publicado incluso libros atribuidos a mí, pero en los que nunca he contribuido directamente a escribir y de los que solo he tenido conocimiento una vez publicados. Incluso hay páginas de Facebook que nunca he gestionado y de las que no soy responsable y en las que no se niega claramente mi paternidad.
También se han difundido a menudo declaraciones que se me atribuyen, pero que en realidad nunca he hecho o que se han presentado de forma distorsionada o extrapoladas del contexto general del discurso que he pronunciado. Así perdían su significado.
Incluso las catequesis o los retiros de oración que yo dirigía en algunas casas se han instrumentalizado en ocasiones, por intereses personales, y se han publicado en Internet para dar credibilidad y publicidad al grupo que me había invitado.
También me han llegado noticias de asociaciones benéficas que llevan mi nombre y se presentan como fundadas o aprobadas por mí, de las que yo, sin embargo, no tenía conocimiento alguno.
Declaro que mis estrechos colaboradores –que son muy pocos y de confianza– no se presentan en público ni se publicitan aprovechándose de mi persona, sino que viven con extrema reserva y discreción. Por lo tanto, invito a desconfiar de cualquiera que se presente como si estuviera autorizado por mí y a desconfiar también de los sitios web que se presentan como gestionados por mí o de las publicaciones que se me atribuyen, pero que nunca he autorizado explícitamente ni conocido, salvo después de su realización.
Roma, 13 de mayo de 2016
Don Gabriele Amorth, SSP
Con información de Infocatólica.





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