Declaración oficial apoya regulaciones que prohíben el ministerio sacerdotal a clérigos no registrados ante el Estado comunista
Redacción (12/02/2026 16:12, Gaudium Press) En un movimiento que consolida el control del régimen comunista chino sobre la vida católica, la Conferencia de Obispos Católicos de la Iglesia Católica en China (BCCCC) publicó el pasado 4 de febrero una declaración oficial en la que expresa su apoyo explícito al Reglamento gubernamental sobre Asuntos Religiosos, instrumento que efectivamente prohíbe el ejercicio del ministerio pastoral a sacerdotes no registrados ante las autoridades estatales.
El documento episcopal, difundido en el sitio web oficial de la BCCCC, subordina la libertad religiosa a los llamados «intereses nacionales y públicos» del Partido Comunista Chino, con el silencio del Vaticano.
Artículo 40: piedra angular del control estatal
El punto central de la declaración episcopal es el Artículo 40 del Reglamento sobre Asuntos Religiosos, considerado la piedra angular de la política religiosa del Partido Comunista. Este artículo establece que las actividades religiosas colectivas deben celebrarse únicamente en lugares oficialmente registrados y ser presididas por personal religioso autorizado que cumpla con los requisitos establecidos por el Estado.
La Conferencia Episcopal profundizó en este punto, enfatizando que el culto colectivo debe celebrarse exclusivamente en lugares registrados y ser dirigido por clérigos certificados e inscritos en el registro estatal. “Ninguna otra persona puede presidir actividades religiosas”, afirma categóricamente el documento, dejando clara la exclusión del clero clandestino fiel a Roma.
Según la declaración, las actividades religiosas constituyen una expresión del derecho de los ciudadanos a la libertad de creencias religiosas, pero deben ejercerse “de conformidad con la ley” y alinearse con los intereses estatales.
Gestión comunista de los lugares de culto
La declaración también aborda la gobernanza interna de los lugares religiosos. Cada lugar de culto aprobado debe establecer órganos de gestión mediante lo que las autoridades describen como “consulta democrática” y operar bajo sistemas administrativos controlados por el Estado. Estas estructuras, según los obispos, son necesarias para la seguridad pública, la prevención de incendios y el control de epidemias, entrelazando así la gestión religiosa con las preocupaciones estatales sobre la estabilidad social.
El Artículo 41 del mismo reglamento prohíbe expresamente que organizaciones, instituciones o lugares no religiosos organicen actividades religiosas o acepten donaciones de carácter religioso. Incluso los arreglos temporales permanecen bajo estricta supervisión gubernamental.
Sistema dual y persecución
Este respaldo público de la jerarquía oficial se produce en el contexto del tradicional sistema dual del catolicismo en China: una estructura eclesiástica reconocida y controlada por el Estado, y una Iglesia clandestina que se mantiene fiel a Roma pero se niega a registrarse ante las autoridades comunistas.
Desde que Xi Jinping asumió la presidencia en 2013, el Partido Comunista ha intensificado su supervisión de todas las comunidades religiosas mediante la política conocida como «sinización» de la religión, que busca alinear las creencias, prácticas e instituciones religiosas con los valores socialistas y la identidad nacional china definida por el Partido.
El clero católico clandestino ha sido blanco frecuente de multas, cierres de lugares de culto, detenciones y otras formas de presión. Open Doors, organización de defensa cristiana con sede en Estados Unidos, actualmente clasifica a China en el puesto 17 de 50 países donde los cristianos enfrentan las formas más severas de persecución.
Si bien la Constitución china garantiza formalmente la libertad de religión, las organizaciones internacionales de derechos humanos clasifican sistemáticamente al país entre los entornos más restrictivos del mundo para la práctica religiosa.
Con información de InfoCatólica






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