“Diversión”, que puede llegar al cielo, o percibir el mensaje de lo más profundo de los abismos.

Foto: Rubén Ramírez / Unplash
Redacción (07/02/2026 13:07, Gaudium Press) Sí, considero que sigue siendo muy importante profundizar en lo que es la felicidad cristiana, diferenciar lo que es “diversión” cristiana de diversión pagana o revolucionaria, algo que tal vez puede irse elucidando cuando vamos presentando desde ya la alternativa entre ‘diversión del espíritu’ y ‘diversión de la carne’. Y para decirlo todo de una vez, diversión del espíritu -en su componente meramente natural- tiene en su esencia lo que el prof. Plinio Corrêa de Oliveira llamaba de “coger imponderables”, “atrapar imponderables”, entendiendo imponderables como aquello de la realidad que nos habla de otras realidades, pero que termina tocando en Dios.
Por ejemplo: estoy aquí tomando un capuccino y a dos mesas de la mía hay un grupo de tres jóvenes, dos chicos y una dama, de alrededor de 27 años, que en su apariencia expresan un espíritu al estilo indigenista-outsider-alternativo, no tan frecuente en los grupos que se reúnen habitualmente en este café, que es más bien conservador y de personas mayores del barrio. Ellos compraron unos cafés, algún pasaboca, se sentaron, pero no se quedaron mucho tiempo, creo que porque no sintieron afinidad con el ambiente.
La chica, de cierto nivel social, con falda larga de tonos pastel y en tejido artesanal de hilos gruesos, porta una mochila al estilo indígena-wayúu, pero más colorida y no en los pardos tonos marrón y gris tristes clásicos. Uno de los chicos se trajea con los universales e igualitarios jeans, acompañado de camisa de lino blanco a lo monje budista oriental, pero lejos de lucir calva ninguna, su cabello oscuro ensortijado, largo y esponjado forma melena abultada, algo como quien sufrió una fuerte descarga eléctrica, que ocasionó la inflamada permanente. El otro chico no manifiesta un trazo distintivo más especial.
¿Cuál es el imponderable de ese grupo, es decir, cuál es el ‘mensaje’ que transmiten sus exterioridades? No importa que no acertemos por entero, aquí lo importante es el ejercicio ‘divertido’.
Ellos son medio ‘artistas’, es decir, absorbieron y asumieron en buena medida todo lo que cierta publicidad dice hoy que debe ser un artista, con sus notas bohemias de incomprendidos, anti-sistema y anti-establisment, anti-burguesía consumista, ciertamente simpáticos a todo lo que régimen de izquierda pueda restar por ahí. Pero a pesar de sus notas bohemias, estos no tienen la languidez de esos que ya cuentan varios años sumergidos en marihuana u otro tipo de narcóticos, sino que exhiben bastante vivacidad.
La que más marca con su personalidad el grupo es ella, no ellos. A pesar de creer y estar muy orgullosa de no importarse mucho con la sociedad burguesa, su actitud es la de quien está muy atenta a la consideración de los otros comensales, que sí, se muestran muy instalados aún en la sociedad de consumo (es el instinto social en funcionamiento). Ella mira a un lado, mira a otro, habla con propiedad y en tono alto, mientras mantiene su radar encendido al entorno, lo que no le facilita cierta paz y serenidad de espíritu.
Ellos emiten muchos imponderables, pero para intentar resumirlos en una expresión, podríamos decir «indigenismo artístico chic y woke, un tanto incómodo en el lugar equivocado»
Este ejercicio de análisis, aseguro que me ha sido bastante ‘divertido’.
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Estaba por estos días leyendo la novela sobre Bolívar de Gabriel García Márquez, algo que ya me ha ganado (y con razón…) las miradas matadoras de más de un alma piadosa, que con bonhomía se estarán preguntando si no me estaré desviando del camino de la salvación.
Un día tuve la impía osadía de decirle a mi querido y docto jefe, que no conocía mejores relatos periodísticos que los que elaboró el nobel colombiano cuando, después de un periodo de entrenamiento en un diario bogotano, fue enviado como corresponsal a Europa por varios años, viaje del que salieron más que reportajes crónicas que sigo considerando verdaderas obras de arte (después de esa estadía europea García Márquez profundizó en su izquierdismo aún larvado, y se volvió fanático, y como todo fanático, un tanto monotemático y tedioso, en materia periodística me refiero). Mi jefe, santo como tengo la certeza que es, no hizo eco a mis comentarios elogiosos pero tampoco me contradijo, y ciertamente rezó por mí, encomendándome a San Francisco de Sales, patrono de comunicadores y periodistas. Laus Deo.
El libro sobre Bolívar al inicio me atrapó, por su capacidad de coger y relatar “imponderables”, pero no tardé mucho tiempo en abandonarlo, entre otras razones porque ya más o menos tengo interiorizado lo que me interesa del estilo del nobel, y también porque acabé detestando ese trasfondo medio omnipresente en sus obras literarias, de “volemos hacia las estrellas por medio de imponderables bellos, pero al final todo es una porquería”, además de sus referencias progresivamente cada vez más procaces, que terminan siendo vulgares como es vulgar el pecado: ¿qué tiene de especial el pecado o el vicio, si es lo más común entre los hijos de Adán? No los imponderables deben estar al servicio de la belleza, que es sinónimo de estar al servicio de Dios, Belleza Absoluta.
Queriendo justamente escapar de la vulgaridad de este mundo de plástico y sin imponderables, concluyo estas líneas en un sitio que he ido apreciando de manera progresiva, a pesar de cierta música rap-sinfónico ‘suave’ que a veces colocan.
Es el patio interior de una casa colonial a la que le calculo 400 años, ubicada en el barrio histórico de mi ciudad, donde han instalado una cafetería tipo brunch que vende burritos y pasteles de pollo junto a jugos naturales de buenos precios. Casa que en los tiempos en que era de habitación, correspondería a una clase media tendiendo a acomodada. De una sola planta, con tejados clásicos de teja de barro española de dos aguas, cuyos cuatro cantos convergen bajos en el patio; patio de suelo mezcla ajedrezada de tableta de barro cocido con espacios blancos de simples guijarros grises. Tiene en su centro una fuente de piedra, sencilla, pequeña, de solo dos cuencas, que aunque se yergue ahora más seca que el Sahara, sin embargo descansa el espíritu y mueve a imaginarla cuando se nutría del agua que salta, que purifica y descansa.

Foto: Ginabell Andujar / Unplash
Los propietarios tuvieron el buen gusto de, para dividir el corredor interno del patio, colocar una marquesina no de metal sino maderas, que enmarcan no solo cristales trasparentes sino también geométricos vitrales. La marquesina aumenta la sensación de ‘confesionario’ del patio, sin acortar el espacio que sigue amplio por los vidrios transparentes, agregando esa nota luminosa y colorida de los vitrales. De noche el claustro debe ser de penumbra chispeante mágica, pues los tallos de la ceiba que ahí se encuentran está circundados de esas lucecitas de los arbolitos de navidad, y los cuatro decorativos y clásicos faroles con sus postes, tienen bombillas de filamentos largos, de esos que producen matizadas tonalidades de amarillo y naranja,
Si quisiéramos resumir en una expresión el imponderable de ese patio, diríamos algo como “hogar tranquilizante donde se puede leer, orar y soñar, cuando no hay gente o música revolucionaria”.
Pero estos ejercicios no buscan solo la diversión, no. También son ejercicios de lo que el Dr. Plinio llamaba Revolución y Contra Revolución Tendencial, es decir, intentar discernir el mensaje discreto pero real de los ambientes, para que, si nos convienen los favorezcamos, o si no nos prevengamos.
Entretanto, son ejercicios muy divertidos, pues es buscar eso oculto-insinuado de las cosas, mensajes que son de muchos tipos, que con mucha frecuencia son interesantes, que nos amplian la realidad, que va mucho más allá de los intereses egoístas y del estómago, que terminan conectándonos con esas realidades que van hasta el nimbado cielo o llegan hasta lo más profundo de los abismos.
No, divertirse no es solo tomarse una cerveza cual sapo al sol en una playa.
Por Saúl Castiblanco





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