lunes, 16 de marzo de 2026
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Dos sacerdotes mueren al rescatar a monaguillos que se ahogaban, en Ecuador

Son los padres Alfonso Avilés Pérez y Pedro Anzoátegui, fallecidos tras lanzarse al rescate de dos monaguillos en un retiro de Cuaresma en la localidad costera de Playas.

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El Padre Avilés – Foto: X

Redacción (16/03/2026 09:33, Gaudium Press) Dos sacerdotes fallecieron el viernes 13 de marzo tras salvar a dos monaguillos que se ahogaban en una playa de Ecuador. Se trata de Alfonso Avilés Pérez, miembro de la Sociedad de Jesucristo Sacerdote y párroco de San Alberto Magno en la Diócesis de Daule, y de Pedro Anzoátegui, que sirvió en la Diócesis de San Jacinto.

Ambos presbíteros acudieron al rescate de los jóvenes, que participaban en un retiro de monaguillos por Cuaresma en la localidad costera de Playas, después de que los menores ingresaran al mar. Los dos muchachos pudieron salir con vida, pero los sacerdotes murieron en ese acto de entrega.

Martha de Murillo, que fue secretaria del P. Alfonso durante más de veinte años, explicó que en la Misa celebrada el sábado a las 11:00 en la Parroquia San Alberto Magno, el superior de la comunidad del fallecido, el P. Lope Pascual, relató lo sucedido. Según su testimonio: «El padre Lope, en su homilía, contó cómo había pasado todo: son dos monaguillos que han estado en peligro de ahogarse y los padres han venido a rescatarlos; salieron los monaguillos, gracias a Dios, pero lamentablemente los padres no».

Todos los jóvenes están fuera de peligro

Todos los jóvenes que participaron en el retiro están bien físicamente, fuera de peligro y ya fueron llevados a sus casas. La noticia ha causado una honda conmoción entre los fieles y en distintos ámbitos eclesiales del país.

En la Misa presidida este sábado por el cardenal Luis Cabrera, arzobispo de Guayaquil, el purpurado encomendó a ambos sacerdotes a Dios y, visiblemente emocionado, pidió orar por «nuestros hermanos Alfonso y Pedro, a quienes el Señor, en estas circunstancias, hoy los colma de su gracia y bendición».

Una nota de la parroquia San Alberto Magno señaló que el P. Alfonso Avilés «partió a la Casa del Padre entregándose generosamente por quienes le fueron confiados».

El P. Avilés

El P. Alfonso Avilés Pérez nació en 1966 en Murcia, España. Después de estudiar filosofía y teología, fue ordenado sacerdote en 1990. La parroquia destacó sobre él: «Con más de 30 años de sacerdocio y nueve años de servicio en nuestra parroquia, deja un legado de fe, cercanía y amor por la comunidad».

Antes de llegar a la parroquia San Alberto Magno, ejerció también su ministerio como párroco de Santa Teresita en Entre Ríos, donde acompañó a la comunidad y fortaleció la vida de fe de muchas familias. Asimismo, impulsó iniciativas de catequesis familiar, adoración eucarística y formación de monaguillos, presentadas como pilares fundamentales de su misión evangelizadora. En 2021 recibió un reconocimiento del Municipio de Samborondón por su aporte espiritual y comunitario.

Una frase que repetía constantemente era: «¡Al ataque, que la meta es el cielo!». Esa expresión quedó grabada en la memoria de quienes lo trataron y ahora resuena con especial fuerza tras su muerte.

A la parroquia San Alberto Magno acudieron gran cantidad de fieles. Entre ellos estuvieron la primera dama y esposa del presidente de Ecuador, Lavinia Valbonesi, junto con Annabella Azín, madre del mandatario Daniel Noboa. Ambas rezaron unos minutos en el lugar. Allí estaba prevista para esa tarde, a las 3:00 p. m., la Misa de exequias, tras la cual se procedería al entierro en el Panteón Metropolitano.

Carlos Polo, director de la Oficina de Iberoamérica del Population Research Institute, expresó a ACI Prensa su dolor por la muerte del P. Avilés. Dijo: «Murió el sacerdote más santo que he conocido: Alfonso Avilés. Sus homilías eran espectaculares. Era mi amigo. Nos vimos pocas veces, pero el lazo espiritual que nos unía era muy fuerte».

Polo añadió además: «Aunque pasaran años, cada vez que lo veía, él se adelantaba y me decía que seguía rezando por mi hijo como se lo había pedido la primera vez que hablamos. Murió en su ley, la del amor». También recordó la cita del Evangelio de San Juan 15, 13: «No hay mayor amor que el que da la vida por sus amigos».

El P. Anzoátegui

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Foto: Facebook

Por su parte, el P. Pedro Anzoátegui nació en 1982. Fue ordenado el 20 de noviembre de 2010 en la Catedral de Guayaquil. Sirvió en la parroquia Santa Cruz de Durán, en San Jacinto, acompañando a fieles y monaguillos. También sirvió en Guayaquil.

La muerte de ambos sacerdotes ha sido recibida con profundo dolor, pero también con la conciencia de que perecieron cumpliendo un deber de caridad extrema, entregándose para salvar la vida de los menores confiados a su cuidado en el contexto de un retiro de Cuaresma.

En la Misa celebrada en la parroquia San Alberto Magno por el eterno descanso del P. Avilés, Mons. Cristóbal Kudławiec, obispo de Daule, reconoció la dificultad del momento y afirmó: «Queridos hermanos, creo que me van a entender que no voy a decir muchas palabras porque todos estamos en este impacto, bajo este impacto, y es difícil dirigir las palabras en estos momentos. Pero cuando nuestras palabras humanas no bastan, hay que hacer caso a Dios».

Ante las preguntas que los fieles podían hacerse sobre los proyectos del sacerdote fallecido o sobre las razones de una muerte tan repentina y dolorosa, el obispo recordó que Dios «no se equivoca y su voluntad es santa. Y nosotros, como simplemente humanos, tenemos que afirmarlo siempre, incluso en los momentos cuando se quiebra nuestra alma».

Con información de Aciprensa

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