El Wall Street Journal hace un análisis que da pie para importantes consideraciones.

Papa recibe a la presidente del Consejo de Ministros de Bosnia-Herzegovina – Foto: Vatican Media
(26/03/2026 13:23, Gaudium Press) En días pasados el ‘principe’ de los diarios americanos enfocados en economía, el Wall Street Journal, estampaba un análisis de Marcus Walker y Elizabeth Bernstein con un título más que sugestivo: The Quiet American: How Pope Leo is Pushing Back Against Donald Trump, que rápidamente traduciríamos como “El americano tranquilo (o impasible): cómo el Papa León está plantando cara a Trump”.
“La guerra ha vuelto a estar de moda”: así iniciaba ese informe del WSJ, citando lo dicho por el Papa a inicios de año a embajadores de todo el mundo, pronunciamiento en el cual el Pontífice no hacía alusiones personales, acerca de quienes estarían queriendo imponer esa moda. Pero para muchos, no había necesidad, en un momento en el que aún estaba en la retina mundial la captura de Maduro, y calientes las intimidaciones sobre Groenlandia, y los ya rumores sobre Irán.
En líneas generales, desde ese momento, el panorama se mantiene: el Pontífice mantiene sus llamados a la paz, y el ambiente bélico mundial se encuentra acentuado por la guerra en Irán, que hoy por hoy ha concitado a más países que la guerra de Irak del 2003.
El mantenimiento de ese tablero, ya permite a algunos afirmar que el mundo se encuentra ante el insólito cuadro de que el primer papa estadounidense en dos mil años de Historia se convierte, paradójicamente, en el contrapeso moral más incómodo para el presidente más poderoso del planeta, alguien que por lo demás ya ha dicho que puede hacer lo que quiera, pues es lo que es.
Esta contraposición evidentemente, como lo pone de presente el WSJ, no es solo de ‘estilo’, sino que los pronunciamientos de aquí y los pronunciamientos y acciones de allá van mostrando a un Papa Prevost defendiendo un orden internacional que el presidente Trump —entre otros— parece decidido a ‘reorganizar’, de manera diferente. Si esto era cierto hace un mes, hoy lo es más con un Trump amenazando seriamente la existencia de la propia Otan.
Pero es claro que el estilo es muy diverso, y esto también cuenta, en un mundo en el que la imagen prima, y los sentimientos también:
El uno, un magnate que se forjó en la lucha por las finanzas, ambiente donde el ‘business is business’ sigue siendo el primer mandamiento; hombre de decisión, acostumbrado ya a las luchas es los rings mediáticos y de sufragio, y que tiene la seguridad de sus victorias, de su tenacidad y firmeza, algo que muchos admiran. El otro, un hombre de clase media que pasó buena parte de su vida en la misión en un país del tercer mundo, haciendo gala de ese lado generoso del pueblo americano. Alguien que no buscó el obispado, mucho menos el cardenalato y muchísimo menos el papado, y que, como lo ha repetido varias veces, confía y busca la presencia de Dios a cada paso.
Entretanto, ambos con rasgos comunes, evidentemente, como por ejemplo cierto positivismo americano, la metodicidad americana, y rasgos de multiculturalidad y de visión universal, algo que se acentúa en uno porque hace rato que convive con los intereses de los EE.UU., que están en todo el orbe, y en el otro por haber sido superior de una comunidad a nivel mundial, y porque su carrera lo llevó a una de las capitales del mundo, que es Roma. Un irreverente diría que ambos son ‘pesos pesados’.
Evidentemente que esta yuxtaposición entre uno y otro es algo a lo que ellos rehuyen, y más si se tiene en consideración que León XIV quiere ser también fiel heredero de la diplomacia vaticana. Pero al final, aunque sean manejados con guante de seda, los hechos van creando el sedimento, como la no aceptación del Vaticano a conformar el Board of Peace para Gaza, o la no aceptación de la invitación a participar de las celebraciones del próximo 4 de julio, en las que se conmemorará el 250º aniversario de América, de las cuales Trump ya dijo que serán “la fiesta de cumpleaños más espectacular que el mundo haya visto jamás”. De estos gestos, y otros similares, lo menos que se puede decir es que la Santa Sede y el Papa quieren mantener una distancia, amable, pero que facilite la autonomía. Distancia que también quiere manifestar que se está hablando no solo de un líder, sino del Papa, que vive en Roma, la Eterna, la Ciudad de los 2700 años. Porque Prevost, el de la misión en los barros de los arrabales en Perú, ahora es Papa.
Ese mismo 4 de julio el Pontífice estará en Lampedusa, junto a migrantes, lo que no dejará de recordarle al gobierno americano su principal punto de conflicto con el episcopado americano, que es justamente ese tema.
Pero sería simplista creer que el Papa se ve como la contraparte de Trump.
Cuatro funcionarios del Vaticano que hablaron bajo condición de anonimato, dijeron que no es esa su mente, pero que sí intervendrá cuando lo considere necesario, como lo hizo el otoño pasado cuando describió la represión a los migrantes en Estados Unidos como “inhumana”, y en sus varias críticas a la retórica bélica.
Claro, para un gobernante de la potencia americana, los comentarios de un hombre ya casi anciano al otro lado del mundo, aunque tenga mucho prestigio, tal vez no merecerían mayor atención.
El problema también es que en ese gobierno saben que millones de católicos americanos votaron por Trump, que muchos de esos votos fueron decisivos en varios estados, y que fueron no pocos los católicos que cambiaron de bando en las últimas elecciones presidenciales. Y esto —cuando ya se empieza a pensar en las elecciones de mitad de mandato en noviembre, donde se juega más de la tercera parte del senado y el pleno de la cámara— también debe estar en el cálculo de los estrategas republicanos.
Y es claro también que aunque católicos hay de las más diversas tendencias, todos miran al hombre vestido de blanco de Roma, sí, los 1.400 millones, unos más, otros menos, pero todos.
El WSJ asegura que el duelo entre el Papa y Trump es algo que hasta ahora comienza. Tal vez la expresión sea un tanto influida por el estilo western, de vaqueros empolvados y pantalones de cuero, que tanto hizo mella allá y en muchas partes. Pero lo cierto es que si hay diferencias, como ya las ha habido, estas no se resolverán fácilmente al calibre de un Colt, sino en un tablero en el que un jugador tiene muchas fichas, pero el otro lleva dos milenios conociendo tácticas, y aunque ha perdido partidas varias veces, con frecuencia ha ganado, y se sigue en el top del ranking.
Por Carlos Castro





Deje su Comentario