miércoles, 11 de marzo de 2026
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¡Esto no te lo esperabas!…

Ambos se aprovechan de una falla de nuestro cerebro, pero, mientras uno busca el entretenimiento, el otro tiende a la manipulación…

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Redacción (11/03/2026 12:15, Gaudium Press) ¡La magia es fascinante! Es difícil encontrar a alguien a quien no le agrade la presentación de un prestidigitador. Nos complace verle hacer levitar a una persona o desaparecer; sacar una paloma de dentro de un pañuelo o esconder un conejo dentro de un sombrero de copa; hacer desaparecer una moneda de sus manos y hacerla aparecer en el bolsillo del espectador; en fin, demostrar una abundancia de efectos desprovistos de causas coherentes.

Cuanto más inexplicable, más dispuestos estamos a pagar para verlo. Y este es el mayor truco de los magos: convertir en dinero la curiosidad ajena. Esto no es una crítica; al contrario, es un elogio, pues solo con mucho arte se logra que otros paguen para ser engañados. Ni siquiera los políticos de antaño lograron imitar tal habilidad y, por eso, optaron por el método contrario: engañar para que les pagaran — no me refiero a los de hoy, que no engañan a nadie… y que, paradójicamente, siguen siendo pagados.

Dicho esto, hoy queremos comunicarle a nuestro estimado lector una buena noticia: tienes una demostración de magia muy cerca de tu casa — mejor dicho, dentro de tu casa; quizás está a tu lado; yo diría incluso que está en tus manos. Exacto, estoy hablando de tu celular…

¡Esto no te lo esperabas, ¿verdad?

De la atracción a la manipulación

La comparación establecida entre un show de magia y nuestro celular no es una broma. El parecido es intenso, aunque no tan evidente. Tanto la magia como el celular juegan con el mismo medio de atracción; la diferencia está en las finalidades que persiguen. Ambos se valen de una falla mental. El motivo por el cual somos persuadidos por un truco de magia que no podemos explicar es la misma razón inexplicable por la que somos arrastrados por el toque de una notificación. Los dos explotan una debilidad de nuestro cerebro. Sin embargo, mientras uno propicia el mero entretenimiento, el otro tiende a la manipulación.
¿Qué significa aprovecharse de una debilidad del cerebro en el caso del celular? Podemos entender este fenómeno mostrando el funcionamiento de las grandes aplicaciones de internet y redes sociales, como Google, Facebook, Twitter, TikTok y compañía ilimitada.

Gran parte de las publicaciones, notificaciones, resultados de búsquedas, noticias, sugerencias de compras, videos, fotos y las miles de otras posibilidades que ofrece la red son impulsadas por algoritmos numéricos. Pues bien, a través de las búsquedas y accesos realizados por ti, esos algoritmos construyen, poco a poco, un «avatar» de tu personalidad, conociendo tus gustos, tus opiniones, tus preferencias culinarias, tus lazos de amistad, así como una serie de características inherentes a tu carácter. Esto significa que, en pocos accesos, esa red te «conoce» casi tanto o tanto como tú mismo te conoces.

A partir de ese «avatar», las respuestas y sugerencias de internet comienzan a adaptarse a tu persona, con el objetivo de mantenerte conectado el mayor tiempo posible. Esta es la razón por la cual, a veces, pasamos horas frente a la pantalla sin siquiera darnos cuenta, pues ella está jugando con nuestras debilidades mentales particulares. Esta adaptación se verifica de tal manera que, generalmente, las páginas resultantes de tus búsquedas son diferentes a las de otros, aunque ambos busquen el mismo objeto.

Catástrofes esperadas

El resultado de esa ecuación matemática realizada por los algoritmos es una atracción casi irresistible ejercida por estas y aquellas aplicaciones, dejándonos abiertos a cualquier influencia — como un niño ante un pase de magia. Eso sería excelente si llevara a la restauración de la sociedad según los principios de la moralidad, la decencia, la fe y la Iglesia. Sin embargo, tengo la leve impresión de que no es así…

Con esto no queremos dar a entender que debemos dejar de usar internet, sino que ella debe dejar de usarnos a nosotros. Pues, si las cosas siguen como están, solo nos queda esperar más catástrofes. Y, dado que es inútil hablar de reforma sin presentar la forma del problema a reformular, se hizo esta digresión, comenzando por el truco del mago y terminando en la manipulación de la humanidad.

En fin — nunca está de más recordarlo —, la formación de las futuras generaciones depende, en gran medida, de la forma en que hoy utilizamos internet.

Por Diego Pistoresi

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